Kirguistán: la minoría cristiana ofrece ayuda a la población uzbeka

Tras los sangrientos encuentros de los últimos días

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BISKEK, jueves 17 de junio de 2010 (ZENIT.org).- Tras el estallido de violencia en Kirguistán entre kirghizi y la minoría uzbeka, que en los últimos días ha provocado al menos 170 muertos y 275.000 refugiados, la comunidad cristiana local está trabajando para llevar ayuda a los necesitados.

“La situación actual parece estar más tranquila”, explicó este miércoles a la agencia Fides el administraador apostólico del Kirguistán, monseñor Nikolaus Messmer.

“En la plaza central de la capital, con motivo del día del luto nacional proclamado para la jornada de hoy, se han reunido los ciudadanos para recordar a los muertos de los últimos incidentes”, continuó el obispo jesuita.

“Naturalmente en todo el país está muy presente la impresión de los últimos trágicos eventos y se temen nuevos episodios de violencia”, añadió.

Según el prelado, “no es fácil tener informaciones precisas sobre la situación en las regiones mayormente afectadas, las ciudades de Osch y Jalalabad”.

De hecho, tampoco se sabe con precisión el número de muertos y heridos entre la población uzbeca, añadió.

“Entre ellos, existe aún un gran miedo de ulteriores represiones, al punto que prefieren cuidar de sus heridos en casa en vez de llevarlos a los hospitales de la ciudad, y enterrar a sus muertos a escondidas”, señaló.

A pesar de que la Iglesia católica cuenta con apenas 5.000 fieles de los casi cinco millones de habitantes del país, muchas personas han pedido ayuda a las estructuras católicas.

Tras los saqueos de los negocios de la ciudad, destacó monseñor Messmer, el Gobierno ha pedido ayuda humanitaria también a las diversas confesiones cristianas presentes en Kirguistán.

“Nuestros fieles han respondido generosamente a la petición de solidaridad –aseguró monseñor Messmer- y hemos podido llevar los primeros alimentos de urgencia para las poblaciones afectadas”.

El transporte de la ayuda a las ciudades afectadas, que distan entre 600 y 800 kilómetros de la capital, se realiza por vía aérea, teniendo que atravesar zonas de montaña de alta cota”.

Sobre las posibles soluciones a esta crisis humanitaria, el obispo afirmó que “de momento se han iniciado debates, pero es necesario ver si los resultados podrán realizarse a corto plazo; lo más probable es que debamos esperar el desarrollo de los próximos meses”.