«L´Osservatore Romano» y la última moda de la diversión: la silla eléctrica

«L´Osservatore Romano»: cae la frontera entre lo real y lo virtual

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CIUDAD DEL VATICANO, 18 julio (ZENIT.org).- «L´Osservatore Romano» dedica en sus páginas de hoy un artículo a analizar la última moda de la diversión en Italia: «el juego de la silla eléctrica».



Según explica la edición italiana del diario oficioso del Vaticano, una sala de juegos está experimentando una afluencia inesperada desde el día en que estrenó esta «desconcertante y macabra frontera de la diversión»: «como condenado a muerte, sentado en una silla de madera, idéntica a la que se usa para las ejecuciones capitales en los Estados Unidos, basta meter unas monedas para experimentar el escalofrío de la silla eléctrica».

Virtualmente real
«Familias enteras hacen cola --informa el artículo--. Centenares de niños, adolescentes y adultos llenan la sala para ver "quién aguanta más", para ver quién llega hasta el final. Se gana si uno logra "dejarse matar", de lo contrario, si te detienes antes, eres un "gallina"».

El aparato tiene todos los elementos necesarios para provocar fuertes emociones: electrodos colocados en las muñecas, cinturones, barrotes, música de fondo que va aumentando progresivamente de volumen, luces que se encienden cuando el «condenado» «muere». Obviamente todo es virtual, sin riesgo para la salud, afirman los dueños de la sala de juegos, todo consiste en un intenso hormigueo en las manos y una fuerte dosis de emoción al sentir en el cuerpo las improvisas vibraciones que aumentan rápidamente de intensidad.

«Todo virtual, ciertamente --reconoce «L´Osservatore Romano»--, menos una realidad humana que provoca perplejidad y preocupación. Más allá del obvio desconcierto por el placer macabro que da sentido a la idea, la noticia causa una cierta turbación por dos motivos».

¿Quién se acuerda de los condenados «reales»?
«Ante todo, por el hecho de que se convierte en juego (juego experimentado directamente en primera persona) una realidad tan trágica como la pena de muerte. Quien se hace el valiente ante los amigos por el "valor" demostrado, quien se siente satisfecho por la descarga de adrenalina, quien se divierte con esta imitación de la silla eléctrica, ¿se da cuenta del drama de quienes esperan que el verdugo acabe verdaderamente con su existencia terrena?».

«Quienes vienen --responden los organizadores del juego-- no saben nada de la pena de muerte y no se plantean tantas preguntas». «Si esto es así --añade el diario vaticano--, no deja de ser triste. ¿Por qué no saben nada? ¿Por qué no quieren saber? Y, si saben, ¿por qué no se dan cuenta del problema?».

Esta cultura de la superficialidad, transmitida particularmente a niños y jóvenes, es para «L´Osservatore Romano» el gran problema que plantea el juego.

La lógica del videojuego
El segundo motivo de preocupación es, según el diario, la «lógica del viedeojuego que se esconde detrás de esta experiencia. «¿Se acaba la partida? No pasa nada, tengo otra vida. Ante el letrero "game over", se puede meter otra moneda y comenzar desde el inicio. Y todo repetido de manera obsesiva y con esa verosimilitud que los progresos de la electrónica han hecho impresionante. Ahora bien, si la frontera entre la vida y la muerte se anula de una manera tan convincente y apasionante por el juego, ¿no puede suceder que en los espíritus más débiles provoque una confusión sumamente peligrosa entre la ficción y la realidad?».

«¿Acaso no es lo que sucede cada vez más en los numerosos episodios de las crónicas de los que son protagonistas niños y muchachos que para superar el aburrimiento se inventan el "juego" del crimen? --pregunta «L´Osservatore Romano»--. ¿Acaso no es esto lo que sucede en ciertas carreras delirantes nocturnas en coches lanzados a velocidad alocada y conducidos como si fueran un videojuego? Sólo que, en estos casos, si el juego termina en tragedia, la carrera acaba mal, y no hay otra moneda para volver a empezar la partida...».

El artículo termina con una última pregunta: ¿Queremos dar a entender esto a los muchachos, o vamos a seguir tranquilamente haciendo la cola con nuestros hijos para "jugar a la silla eléctrica"?».