La adecuada acogida de los inmigrantes necesita de la colaboración entre Iglesias locales

Subraya el secretario del Pontificio Consejo para los Emigrantes e Itinerantes

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ABIDJAN, jueves, 10 mayo 2007 (ZENIT.org).- Buena coordinación «entre la Iglesia de llegada y la de partida» es expresión de caridad cristiana y contribuye al respeto del inmigrante, advierte el secretario del Pontificio Consejo para los Emigrantes e Itinerantes.



El arzobispo Agostino Marchetto se encargó, el martes, de trazar las «luces y sombras» en la gestión del fenómeno migratorio, en el marco de un Coloquio organizado –en Abidján (Costa de Marfil)- por la Conferencia Episcopal Regional para África Occidental Francófona (CERAO).

Abordó el tema vinculado a la miseria y al subdesarrollo de pueblos y países en el contexto de la globalización, remitiéndose especialmente a la Instrucción que publicó su dicasterio en 2004, «Erga migrantes caritas Christi» («La caridad de Cristo hacia los emigrantes»).

Tal documento aborda una visión global del fenómeno migratorio, subrayando de él sobre todo los aspectos religiosos y socioculturales, alentando también el compromiso por un orden mundial ético, económico y político más justo.

El prelado recordó, en la ciudad marfileña –recoge «Radio Vaticana»-, que en las últimas dos décadas ha disminuido a la mitad la proporción de personas que viven con menos de un dólar diario, pero todavía hay más de mil millones de personas en pobreza extrema.

Así que «queda mucho que hacer para distribuir de manera más equitativa los beneficios de la mundialización y para afrontar de manera más adecuada los desafíos de emigración, interna e internacional, voluntaria o forzosa, que se han convertido en un fenómeno estructural», advirtió.

Pasando a la perspectiva pastoral de la cuestión, monseñor Marchetto señaló que para la Iglesia «la persona con sus derechos y sus deberes debe ser respetada, aunque se encuentre en una situación irregular».

«Y aquí entra en juego la caridad cristiana por los demás», indicó.

Exhortó, por lo tanto, a una «buena coordinación entre la Iglesia de llegada y la de partida», porque siempre hablamos de «Iglesia Madre» «que no puede abandonar a sus propios hijos que parten»; hacia estos «debe seguir mostrando su solicitud activa y su caridad pastoral».

En este contexto el prelado apuntó la necesidad del «intercambio regular de información entre Iglesias, los encuentros bilaterales de obispos y las visitas periódicas y recíprocas de los responsables de las Iglesias para mantener vivos los lazos de la memoria y del conocimiento del patrimonio cultural y religioso de los inmigrantes».