La Archidiócesis de Boston se prepara para la adoración eucarística mundial

El cardenal Sean O'Malley habla sobre el redescubrimiento de Cristo en el Santísimo Sacramento

Roma, (Zenit.org) Junno Arocho Esteves | 883 hits

El domingo, las catedrales y diócesis de todo el mundo se unirán a la vez con el santo padre desde Roma para una adoración eucarística mundial. Las diócesis de todo el mundo se sincronizarán con la adoración del Santísimo Sacramento dirigida por el papa Francisco desde la plaza de San Pedro a las 17:00 hora local, por primera vez en la historia de la Iglesia católica.

Durante una rueda de prensa para detallar el evento, monseñor Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, subrayó la respuesta global de la Iglesia católica en todo el mundo. "Ha habido una increíble respuesta a esta iniciativa, además de las catedrales y la participación de las conferencias episcopales, las parroquias, las asociaciones de laicos y congregaciones religiosas, especialmente las de clausura", dijo.

La Archidiócesis de Boston en Massachusetts, bajo la dirección del cardenal Sean O'Malley, se han estado preparando para este acontecimiento histórico, con la movilización de las parroquias de Boston para unirse al santo padre en adoración al Santísimo Sacramento. ZENIT ha tenido la oportunidad de hablar con el cardenal O'Malley sobre la importancia de este evento del Año de la Fe para todos los católicos.

¿La arquidiócesis de Boston participará de esta adoración ecuarística? ¿Cómo ha preparado la arquidiócesis a los fieles para este evento?

--Cardenal O’Malley: La Archidiócesis de Boston va a participar en esa adoración eucarística mundial de este año de varias maneras diferentes. En la catedral de la Santa Cruz, he invitado a las familias de toda la Archidiócesis a unirse conmigo para la misa de la mañana de las 11:30 en la solemnidad del Corpus Christi. De manera particular, los matrimonios que celebran sus aniversarios de boda 25 y 50 serán presentados en la misa, y renovarán sus votos. Al finalizar la misa y después de la comunión, rezaremos juntos ante el Señor Eucaristía en el altar y uniremos nuestras oraciones con las del papa Francisco y los católicos de todo el mundo en acción de gracias por el don del Santísimo Sacramento.

Además de la celebración de la eucaristía en la catedral en la mañana, hemos invitado a los fieles a participar en la Hora Santa en toda la arquidiócesis, en particular, en el Santuario Eucarístico en el centro de la ciudad, el Santuario de San Clemente. Allí, el obispo Arthur Kennedy, obispo auxiliar de Boston y vicario episcopal para la Nueva Evangelización, guiará a los fieles en una Hora Santa en unión con el santo padre y sus intenciones.

Esta es la primera vez en la historia de la Iglesia que las catedrales y diócesis del mundo se unirán con Roma durante la adoración eucarística. ¿Por qué es este evento tan importante para los católicos hoy en día?

--Cardenal O’Malley: Es importante para los católicos de hoy saber que pertenecen a una Iglesia universal, la Iglesia existe en todos los continentes de la tierra. Venimos de todas formas y lugares, habando distintos idiomas y experimentando diferencias culturales, pero a pesar de nuestra diversidad, somos uno en nuestra fe y en nuestra esperanza en Jesucristo, que es la salvación del mundo. La eucaristía es la presencia real de Cristo, el Cordero de Dios, que permanece en medio de nosotros para alimentarnos y fortalecernos en nuestra fe. En una época en la que estamos tan conectados entre nosotros a través de la tecnología y las redes sociales, también es muy importante recordar que la oración y sobre todo la Eucaristía es el verdadero vínculo de conexión no sólo para el Señor, sino también entre nosotros. Esto nos ayuda a vernos los unos a los otros como hermanos y hermanas.

Hay muchos católicos que se han alejado y también muchos que dudan de la presencia real de Jesús en la eucaristía. ¿Cree usted que este evento del Año de la Fe puede ayudar a traerles de vuelta y redescubrir su fe?

--Cardenal O’Malley: Los eventos organizados en conjunción con el Año de la Fe deben orientarse hacia nuestro descubrimiento personal de la persona de Cristo en nuestras vidas y una invitación a la conversión más profunda y la fe en él. Para aquellos cuya fe es débil y tibia, la práctica de la adoración eucarística ayuda a reavivar el asombro eucarístico y profundo aprecio por el don del Señor para nosotros en el Santísimo Sacramento. Él siempre está aquí para nosotros, que nos espera, esperando para darnos valor y fortalecer nuestra fe.

Eminencia, ¿cómo le ha ayudado en su vida la adoración eucarística?

--Cardenal O’Malley: He encontrado gran fuerza y ayuda a través de una hora santa diaria. Al final del día, cuando el trabajo está hecho, voy a la capilla de mi residencia y paso tiempo con el Señor en adoración. Hay momentos en que estoy preocupado por los problemas de dirigir una gran archidiócesis, y ¡a veces no es fácil mantener mis ojos abiertos durante el largo día de trabajo! Pero al final, sé que el Señor está allí conmigo, Él no me abandona. Él quiere ayudarme con mis decisiones y me da fuerza para seguir adelante y ser fiel a Él y a las necesidades de la Iglesia. Al final, yo diría que lo más importante de mi tiempo en la adoración eucarística es que estoy pasando tiempo con el Señor, y Él conmigo. Como en toda buena amistad o relación, hay que pasar tiempo juntos, conocerse más el uno al otro. Este es el propósito de la adoración eucarística - pasar tiempo con Dios y llegar a conocerlo como un verdadero amigo.

Tenemos muchos lectores alrededor del mundo que estarán siguiendo este importante evento. ¿Qué palabra de aliento puede darles para participar e invitar a otros a esta adoración eucarística mundial?

--Cardenal O’Malley: Sólo les diría esto: no tengan miedo de invitar a otros a unirse a ustedes. ¿Qué es lo peor que ellos pueden decir? ¿No? Si seguimos el ejemplo de nuestro santo padre, el papa Francisco y hacemos lo que ha estado pidiendo que hagamos, no tendremos miedo de ir a las periferias, y dar la bienvenida a la gente con las puertas de la Iglesia abiertas, donde el corazón de Dios nos espera en el Sagrario y en nuestros altares en la eucaristía.

Traducido del inglés por Rocío Lancho García