La batalla contra el racismo: la más dura a favor de los derechos humanos

El cardenal Roger Etchegaray en una mesa redonda de la ONU

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CIUDAD DEL VATICANO, 6 agosto 2001 (ZENIT.org).- El racismo: una plaga antigua «más actual que nunca disfrazada bajo diferentes máscaras». Esta es la opinión que dejó caer el cardenal Roger Etchegaray, al ser invitado a participar en una mesa redonda organizada por las Naciones Unidas sobre el argumento.



En el encuentro de «personas eminentes», organizado el pasado 3 de agosto en Ginebra, el presidente del Comité vaticano para el gran Jubileo del año 2000 y ex presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz participó por invitación de la Alta Comisionada ONU para los Derechos Humanos, Mary Robinson.

La «mesa redonda» buscaba preparar la Conferencia mundial contra la discriminación racial programada del 31 de agosto al 7 de septiembre en Durban (Sudáfrica).

«Nunca sabremos aplastar suficientemente este mal que no cesa de renacer de sus cenizas, pues aunque su nombre sea desacreditado, la realidad racista sigue siendo más viva que nunca bajo diferentes máscaras», afirmó el cardenal que está a punto de cumplir los 79 años. El texto de su intervención fue publicado este lunes por la Sala de Prensa de la Santa Sede.

Etchegaray forma parte de un grupo de eminentes figuras internacionales contra el racismo, creado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en preparación de la Conferencia mundial.

El presidente del Grupo es el ex presidente sudafricano Nelson Mandela. Otros miembros del mismo, algunos de ellos también participaron en la mesa redonda, son Oscar Arias, ex presidente de Costa Rica; Patricio Aylwin Azócar, ex presidente de Chile; Soheib Bencheikh El Hocine, Gran Mufti de Marsella; Jimmy Carter, ex presidente de Estados Unidos, Mijaíl Gorbachov, ex presidente de Rusia.

Al hacer una anatomía del racismo hoy, el cardenal Etchegaray se refirió sobre todo a aquellos casos en los que «una nación tiende a convertirse en medida suprema de sus ciudadanos, identificándose con una etnia».

En este sentido, citó la palabras de Juan Pablo II, cuando el 15 de enero de 1994 afirmaba: «la historia demuestra que cuando los Estados no son iguales, también las personas dejan de serlo. De este modo, la solidaridad natural entre los pueblos se aniquila, el sentido de las proporciones se pervierte, el principio de la unidad del género humano se viola».

El combate contra el racismo, según el cardenal vasco-francés, es una «guerra que desgasta», «sin duda, el más duro de los combates por los derechos humanos».

Pues esta guerra, aclaró, «tiene por objeto la igualdad perfecta de todos los hombres y esto es una especie de desafío del espíritu contra la naturaleza, pues los hombres son más sensibles a la diferencia que a la igualdad».

«El Evangelio da a cada uno su oportunidad para salir del racismo --concluyó el cardenal--. La Iglesia es bien consciente de sus debilidades históricas o actuales de algunos de sus mismos miembros: pero toda discriminación racial está en las antípodas de su fe cristiana».

Las sesiones preparatorias de la Conferencia mundial del racismo parecen estancarse en torno a dos temas específicos: las indemnizaciones económicas exigidas por algunas naciones africanas, víctimas en el pasado del vergonzoso comercio de esclavos, y la propuesta presentada por algunos países árabes de equiparar el sionismo al racismo.

En declaraciones a «Radio Vaticano», el 6 de agosto pasado, el cardenal Etchegaray pidió que las conclusiones de la Conferencia no queden detenidas por cuestiones específicas «por más serias que sean y que no se olvide ninguna de las formas de racismo que hoy se esconden por doquier en el mundo y que quizá son ejercidas sin darse cuenta».