La caravana de la paz «invade» la República Democrática del Congo

Doscientas mil personas acogieron a la delegación de los 300 europeos

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BUTEMBO, 1 mar 2001 (ZENIT.org).- La República Democrática del Congo ha acogido con una fiesta impresionante capaz de hacer olvidar que el país está en guerra la sorpresa que han dado los voluntarios occidentales venidos a predicar la paz. Y es que los voluntarios han dado un «alegre problema» a los organizadores, en lugar de 300 han venido 700.



Ha comenzado así el Simposio internacional por la paz, en Butembo (Kivu Norte), una de las zonas donde la guerra es más feroz, por iniciativa de las asociaciones del país, las Iglesias católica y protestantes y organizaciones internacionales. La gran mayoría de los voluntarios son italianos, españoles, franceses, alemanes y belgas. Sus edades oscilan entre los 18 y los 70 años y sus profesiones son tan dispares como la edad. Casi todos proceden de organizaciones católicas no gubernamentales.

La caravana fue acogida en Butembo, dos días por una multitud de al menos 200.000 personas llegadas desde Goma, Bukavu y otros lugares. Toda la ciudad esperaba a los bordes de la carretera principal la llegada de la caravana. «Me he sentido con un cierto malestar. ¿Lograremos responder a todas estas expectativas?» se preguntaba uno de los participantes.

El acontecimiento quiere ser una respuesta cristiana paralela a las negociaciones de paz que han comenzado en estos entre las partes en lucha en el conflicto que afecta a la región africana de los Grandes Lagos, tras la muerte del presidente Laurent Kabila.

En el simposio se ha hecho presente Jean-Pierre Bemba, líder del Frente de Liberación del Congo, la guerrilla apoyada por el Ejército ugandés que, desde hace un mes, controla también la zona de Butembo. Frente a él, tanto representantes de la sociedad civil como religiosos han denunciado la actual situación de inseguridad para la población. Bemba respondió que es necesario comprender la necesidad de la guerra para «devolver dignidad» a los congoleños. El público acogió sus palabras con frialdad y algún silbido.

El obispo de Butembo, monseñor Paluku Sikuli, no empleó medias tintas para denunciar que el drama del pueblo congoleño tiene lugar «en un territorio rico que atrae la codicia internacional y de los señores de la guerra» y habló de «organizaciones internacionales fariseas».

«Hay que hacer la guerra a la guerra con la no violencia --recalcó-- haciendo presión sobre las autoridades internacionales para que se garantice la integridad territorial del Congo, los derechos humanos de la población y sus libertades».

También hubo un gran aplauso para el padre Albino Bizzotto --que habló en representación de los invitados europeos-- cuando pidió perdón por las culpas de la colonización y, hoy, por la acción de grupos de poder económicos y políticos.

«Perdonadnos a nosotros y a nuestros compatriotas porque muchas de las armas que han matado y mutilado a muchas personas han sido fabricadas en Italia, Francia e Inglaterra», dijo.