"La casa de Jesús es la gente"

Francisco inicia así las catequesis semanales

Roma, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 2545 hits

En su primera audiencia general, el papa Francisco no cambió sus actitudes ya conocidas y apreciadas. Entró en un carro descubierto, el cual se detiene cada ciertos metros para que el santo padre salude y bese a los niños, a los enfermos. También saluda a la gente como si la conociera, con otros levanta las cejas y sonríe, mientras a algunos les levanta el dedo pulgar como un “ok”, “de acuerdo”, “estoy contigo” (o tú conmigo).

Los cerca de veinte mil fieles y peregrinos que asistieron a la “Catequesis de los miércoles”, aplaudieron fuerte cuando Francisco aseguró la continuidad de las mismas, encargo que él siente recibir de las manos del papa emérito Benedicto XVI.

Si bien las catequesis por el Año de la Fe proseguirán desde la siguiente semana, esta vez se ha querido detener en el acontecimiento más grande del cristianismo, como es la Semana Santa.

Jesús vino a la gente

El tema de hoy estuvo centrado en descubrir cómo vivir la Semana Santa y, dentro de este misterio, lo que significa para el cristiano “seguir a Jesús en su camino del Calvario hacia la Cruz y la Resurrección”, como bien lo recordó.

Con el fin de no hacer la cosa muy difícil ni inalcanzable, Francisco hizo ver cómo, en su misión terrenal, “Jesús habló a todos, sin distinción, a los grandes y a los humildes, al joven rico y a la pobre viuda, a los poderosos y a los débiles”. Porque según explicó, “(Él) trajo la misericordia y el perdón de Dios; curó, consoló, comprendió; dio esperanza; llevó a todos la presencia de Dios que se interesa de cada hombre y mujer, como hace un buen padre y una buena madre con cada uno de sus hijos”.

Y este Dios de amor, “no esperó a que fuéramos a Él, sino que es Él que se mueve hacia nosotros, sin cálculos, sin medidas (..) Él da siempre el primer paso, Él se mueve hacia nosotros”.

Murió por la gente

De este modo, el santo padre recordó que Jesús “vivió las realidades cotidianas de la gente más común: se conmovió delante de la multitud que parecía un rebaño sin pastor; lloró ante el sufrimiento de Marta y María por la muerte de su hermano Lázaro; llamó a un publicano como su discípulo; sufrió también la traición de un amigo”.

Es así que a través de esta vivencia en medio de su pueblo, “Dios nos ha dado la certeza de que Él está con nosotros, en medio de nosotros”.

Recordando el pasaje de Mateo en que Jesús reitera que no tiene donde reclinar la cabeza, el hoy Catequista universal recuerda que eso fue dicho “porque su casa es la gente, somos nosotros, su misión es abrir a todos las puertas de Dios, ser la presencia amorosa de Dios”.

“En la Semana Santa nosotros vivimos el culmen de este camino, de este plan de amor que recorre a través de toda la historia de la relación entre Dios y la humanidad. Jesús entra en Jerusalén para cumplir el paso final, en el que resume toda su existencia: se entrega totalmente, no se queda con nada para sí mismo, ni siquiera con su vida”, recalcó.

Esto lo explicó así porque Cristo, en la Última Cena, “con sus amigos, comparte el pan y distribuye el cáliz "para nosotros". El Hijo de Dios se ofrece a nosotros, ofrece en nuestras manos su Cuerpo y su Sangre para estar siempre con nosotros, para habitar entre nosotros”.

Destacó cómo, ya en el Huerto de los Olivos, al igual que en el juicio ante Pilato, se verá que Cristo no opone resistencia, sino que se da, “es el Siervo sufriente ya anunciado por Isaías, que se despoja de sí mismo hasta la muerte (cf. Is 53,12) (..) Jesús no vive este amor que lleva al sacrificio de manera pasiva o como un destino fatal (sino que) se entrega plenamente a la confianza del Padre. Jesús se entregó voluntariamente a la muerte para corresponder al amor de Dios Padre, en perfecta unión con su voluntad, para demostrar su amor por nosotros”.

Ante esto, queda claro para Francisco que “en la cruz, Jesús "me amó y se entregó a sí mismo por mí" (Gal. 2,20). Cada uno de nosotros puede decir: me amó y se entregó a sí mismo por mí. Cada uno puede decir este “por mí””. 

Seguir a Jesús

“¿Qué significa todo esto para nosotros?”, preguntó durante la catequesis semanal, para luego responder que todo lo vivido por Jesús en su pasión “significa que éste es también mi camino, el tuyo, nuestro camino”.

Porque no es cuestión de vivir la Semana Santa solo con la conmoción del corazón, sino que vivir la Semana Santa siguiendo a Jesús quiere decir “aprender a salir de nosotros mismos, para salir al encuentro de los demás, para ir hasta las periferias de la existencia”.

Un cristiano, para el papa debe ser el primero en moverse “hacia nuestros hermanos y hermanas, especialmente los que están más alejados, los olvidados, los que están más necesitados de comprensión, de consuelo y de ayuda. ¡Hay tanta necesidad de llevar la presencia viva de Jesús misericordioso y lleno de amor!”, exhortó.

Vivir la Semana Santa, continuó, “es entrar cada vez más en la lógica de Dios, en la lógica de la Cruz, que no es en primer lugar la del dolor y la muerte, sino la del amor y la de la entrega de sí mismo que da vida”

Y según hizo ver a los participantes, vivir esta semana grande del Cristianismo “es entrar en la lógica del Evangelio. Seguir, acompañar a Cristo". Porque permanecer con Él "requiere un "salir", salir...”.

Ir más allá

Volviendo a conceptos ya vertidos por Francisco, y que se están convirtiendo en claras líneas programáticas de su pontificado, insistió que se debe “salir de sí mismos”. Esto significa en el mundo actual en que se vive, salir de un modo de vivir la fe “cansino y rutinario”. Es salir de aquella tentación “de ensimismarse en los propios esquemas que terminan por cerrar el horizonte de la acción creadora de Dios”.

Porque fue el mismo Dios –recordó--, quien “salió de sí mismo para venir en medio de nosotros, colocó su tienda entre nosotros para traer su misericordia que salva y da esperanza”.

Es por ello que, si el cristiano quiere seguir y permanecer con Dios, “no debe contentar(se) con permanecer en el recinto de las noventa y nueve ovejas, debemos "salir”, buscar con Él a la oveja perdida, a la más lejana”. Es como un “salir de nosotros, como Jesús, como Dios salió de sí mismo en Jesús, y Jesús salió de sí mismo para todos nosotros”.

A fin de no dejar espacio a la excusas, ennumeró los motivos por los que el cristiano “no sale”...

Hay quienes dicen –según el papa--, que “no tienen tiempo”, o hay “muchas cosas que hacer”, e incluso que “es difícil”. Otros se excusan por sus “pocas fuerzas”, “su pecado”…

Sin embargo, el santo padre casi amonestó a quienes se conforman “con algunas oraciones, con una misa dominical distraída e inconstante, con algún gesto de caridad; pero no tenemos esta valentía de "salir" para llevar a Cristo”.

Y en referencia al apóstol Pedro, comparó que a veces el cristiano actuá como él cuando Jesús hablaba de la pasión, muerte y resurrección, “de darse a sí mismo, de amor a los demás”. Porque fue en aquella ocasión que, al igual que el cristiano que “no sale”, el apóstol lo lleva aparte y lo reprende. Y esto sucede porque como dijo el papa, “lo que Jesús dice altera sus planes, le parece inaceptable, pone en dificultad las seguridades que él se había construido, su idea del Mesías”.

Dios es amor

Ante la necesidad de presentarle al mundo el amor de Dios, Francisco recordó que “Dios ¡es el Padre misericordioso! (que) piensa como el padre que espera el regreso de su hijo y va a su encuentro, lo ve venir cuando todavía está muy lejos...”, haciendo alusión a la parábola del Hijo Pródigo.

Recordó también cómo, en la parábola del Buen Samaritano, Dios piensa como este samaritano “que no pasa cerca del desventurado compadeciéndose o mirando hacia otra parte, sino socorriéndolo sin pedir nada a cambio; sin preguntar si era judío, si era pagano, si era samaritano, si era rico, si era pobre: no pide nada. No pide estas cosas, no pide nada. Va en su ayuda: así es Dios. Dios piensa como el pastor que da su vida para defender y salvar a las ovejas”.

Antes de finalizar, invocó a ver la Semana Santa como un “tiempo de gracia que el Señor nos da para abrir las puertas de nuestro corazón, de nuestra vida, de nuestras parroquias --¡qué pena tantas parroquias cerradas!--, de los movimientos, de las asociaciones, y "salir" al encuentro de los demás, acercarnos nosotros para llevar la luz y la alegría de nuestra fe ¡Salir siempre!”

E invitó a tener siempre la certeza de que todo esto debe hacerse “con amor y con la ternura de Dios, con respeto y paciencia, sabiendo que ponemos nuestras manos, nuestros pies, nuestro corazón, pero que es Dios quien los guía y hace fecundas todas nuestras acciones”.

Saludo en español

Ante la presencia de peregrinos en lengua española, el santo padre dirigió las siguientes palabras:

“Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México y los demás países latinoamericanos. Invito a todos a vivir estos días siguiendo al Señor con fortaleza y siendo capaces de irradiar su amor a cuantos encontremos en el camino de la vida. Que Dios los bendiga y les conceda vivir el Triduo Pascual con fe y devoción”.

La Catequesis completa del papa aquí