La causa de beatificación del «Papa de la sonrisa», Juan Pablo I, ya hacia Roma

Concluye este viernes, en Belluno, la fase diocesana del proceso

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BELLUNO, viernes, 10 noviembre 2006 (ZENIT.org).- En la Basílica Catedral del Belluno (Italia) se clausurará en la tarde de este viernes la fase diocesana de la causa de beatificación y canonización del Siervo de Dios Albino Luciani (Juan Pablo I).



Hace menos de tres años de su apertura -el domingo 23 de noviembre de 2003, solemnidad de Cristo Rey, en el mismo lugar- con la primera sesión del tribunal, entonces presidido por el obispo Vincenzo Savio –murió el 31 de marzo de 2004-.

Albino Luciani nació el 17 de octubre de 1912 en tal diócesis. Fue elegido obispo de Roma el 26 de agosto de 1978. Escogió el nombre de Juan Pablo I. Falleció el 28 de septiembre, a los 33 días de pontificado. Es conocido entre los católicos como «el Papa de la sonrisa».

Como todos los actos de la vida de la Iglesia –explica la diócesis de Belluno-Feltre-, también este acontecimiento del proceso de beatificación se enmarcará en un evento litúrgico: la fiesta del patrono San Marín de Tours, el primero entre los santos venerados en la ciudad de Belluno y en la diócesis. De esta forma, la solemne sesión de clausura se situará durante la celebración de las primeras Vísperas de la fiesta.

La última sesión del tribunal, igual que la primera, será presidida por el obispo diocesano, actualmente monseñor Giuseppe Andrich. Está prevista, entre otras, la intervención del postulador de la causa, el padre Enrico Dal Covolo, y del vicepostulador, monseñor Giorgio Lise. Se resumirá la historia del proceso y se leerán sus fases.

Entonces todos los pliegos que contienen las actas de las audiencias de los testigos –se ha oído en total a 190-, los documentos inéditos reunidos y cuanto ha sido examinado por el tribunal en estos casi tres años de trabajo estarán a la vista de los presentes.

Y es que, en acto público, deberán ser cerrados y sellados con el sello episcopal antes de ser enviados a la Congregación vaticana para las Causas de los Santos, dicasterio al que se confía a partir de ese momento el examen de la causa.

El dicasterio considerará, entre otros extremos, la biografía documentada que se le entregue, con vistas a decretar la heroicidad de las virtudes del Siervo de Dios Albino Luiciani, otro paso hacia su beatificación.

Es distintivo del Papa Luciani que «es la figura del buen pastor que da la vida, sin guardarse nada, por el rebaño que le ha sido confiado», sintetizó el postulador de la causa en el diario «Avvenire».

Las páginas de la edición del pasado 28 de octubre recogieron la opinión personal del padre Dal Covolo sobre Albino Luciani: «Veo encarnada en él la célebre máxima de San Agustín: “Es un deber del amor apacentar la grey de Cristo”».

Para la beatificación del Siervo de Dios se necesita la constatación de un milagro atribuido a su intercesión, y ya «hay un caso de curación» que podría tener tales características, mencionó el postulador. La valoración del milagro tendría lugar sólo después de que el dicasterio para las Causas de los Santos proclame las virtudes heroicas de Albino Luciani.

El hecho al que se refiere el postulado aconteció en Apulia (Puglia en italiano), región del sur de Italia: parece que un hombre sanó de un tumor, sin explicación científica posible, tras haber rogado a Dios esta gracia por intercesión del fallecido pontífice.

Petición de la beatificación... en manos de todos

Tras la clausura de la fase diocesana, a la salida de la Catedral de Belluno, se distribuirán a los numerosos asistentes previstos estampas con la oración que el obispo local ha compuesto para obtener la beatificación de Albino Luciani.

Las estampas tienen una pequeña reliquia procedente de las vestiduras del Papa Luciani.

Esta es la oración para rogar por su beatificación:

Oh Señor,
«Estate siempre cerca de mí. Ten tu mano sobre mi cabeza,
pero haz que también yo tenga mi cabeza bajo tu mano.
Tómame como soy, con mis defectos, con mis pecados,
pero haz que me transforme como tú deseas y como también yo deseo».

Con estas palabras tu siervo Albino Luciani, Papa Juan Pablo I, te oraba.
Su deseo de santidad fue escuchado: se convirtió en discípulo tuyo generoso y fiel y le quisiste Pastor y Vicario tuyo para la Iglesia universal.
Tuvo la gracia de ser un comunicador ejemplar para donarnos, en sencillez y alegría, lo verdadero, lo bello y lo bueno.
Haz que yo aspire a lo que tú deseas también en las gracias particulares que te pido: ...
A ejemplo del siervo de Dios, haz que me comunique intensamente contigo y con el prójimo para recoger y donar, con humildad y sencillez, la luz y el amor que irradian de ti.
Amén.

+ Giuseppe Andrich
Obispo de Belluno-Feltre