“La causa más profunda de la crisis reside en una imagen falseada del hombre”

Dijo el presidente de los obispos europeos al abrir la Asamblea Plenaria

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BRUSELAS, jueves, 19 noviembre 2009 (ZENIT.org).- Este miércoles en Bruselas, monseñor Adrianus van Luyn, obispo de Rotterdan y presidente de la Comisión de los Episcopados de la Comunidad Europea (COMECE), en el discurso de apertura de la Asamblea Plenaria de otoño, que durará hasta el 20 de noviembre, trazó las líneas principales del diálogo de este organismo con las instituciones de la Unión Europea, y aseguró que “la causa más profunda de la crisis económica reside en una imagen falseada del hombre”.

El presidente de la COMECE inició su discurso recordando acontecimientos de los últimos meses como la elección del Parlamento Europeo, del 4 al 7 de junio pasado, y el cierre de la ratificación del Tratado de Lisboa.

Se refirió también a que hoy jueves, los jefes de Estado y de gobierno se reunirían para proveer por primera vez los dos puestos creados por el Tratado de Lisboa: el puesto de presidente del Consejo Europeo y el de “Alto representante para la política exterior”, que será también vicepresidente de la Comisión Europea. Para nosotros “será interesante saber quien ocupará en el futuro estos puestos clave”, afirmó.

En la segunda parte de su discurso, monseñor Van Luyn abordó “Los mayores desafíos en un futuro próximo”. Afirmó que  “es un diálogo abierto y regular el que mantiene la UE con las Iglesias y Comunidades religiosas sobre la base de su aportación particular”. Señaló que “este diálogo de hecho, y la confianza entre instituciones europeas e Iglesias ha aumentado con los años” y reconoció que “el mérito es también del trabajo de la COMECE”.

Lograda la elaboración de los instrumentos, añadió monseñor Van Luyn, “se trata de saber cómo y con qué objetivos deseamos conducir el diálogo”. Por lo que indicó que habrá que mantener con las instituciones un “diálogo sobre el diálogo”.

Más allá de ello, indicó, “debemos igualmente plantearnos la cuestión de saber ‘sobre qué materias queremos entrar en diálogo con la Unión Europea”. No se trata, dijo, de la “preocupación sobre nosotros mismos o nuestras prerrogativas” sino del intento de “hacer fructificar en el proceso político la Buena Noticia de Jesucristo, que es válida de modo igual para todos los hombres”. Para hacerlo, la COMECE, añadió, debe “fundarse en la Doctrina Social de la Iglesia, en todo su alcance y en los dos pilares que son la dignidad humana y el bien común”.

Refiriéndose a la próxima cumbre sobre el clima de Copenhague indicó que “tras el encuentro de la APEC el fin de semana pasado, está ya claro que no habrá acuerdo en Copenhague sobre el protocolo que sustituya a Kyoto”. Sugirió que “debería sin embargo ser posible un acuerdo político sobre objetivos precisos”. “Estos podrían podrían conducir a la adopción de un nuevo procolo el año próximo, en Bonn o en México”.

“Los climatólogos lamentan –aseguró- que los objetivos de los países industrializados para la reducción de los gases de efecto invernadero no sean lo suficientemente ambiciosos para limitar a 2ºC el máximo de recalentamiento del planeta de aquí a fin de siglo”.

Monseñor Van Luyn recordó que, en el marco del diálogo con las instituciones de la UE, el Secretariado de la COMECE se ha implicado a varios niveles para que quienes deciden en la UE vigilen especialmente el bien de las generaciones futuras y de los habitantes de los países en vías de desarrollo.

El presidente de la COMECE se refirió al Tratado de no proliferación de armas nucleares que será renegociado en mayo próximo. “Habiéndose dado el surgimiento de nuevas potencias nucleares como India, Pakistán y Corea del Norte y del inquietante interrogante sobre el hecho de saber si y cuándo Irán se unirá a este Club, estas negociaciones revisten una importancia mayor”, afirmó.

En otro punto de sus discurso, monseñor Van Luyn abordó los estímulos para una Economía social de mercado duradera. En este sentido afirmó que “la causa más profunda de la crisis económica reside en una imagen falseada del hombre. El concepto de un hombre como homo oeconomicus enteramente fijado en la optimización de los beneficios y la promoción de los derechos individuales, en los últimos decenios, ha guiado la política europea de múltiples maneras. En este momento de crisis es sin embargo notorio que la aspiración a un producto interior bruto siempre más elevado y al crecimiento de los ingresos por habitante no equivale a una mayor satisfacción del hombre y al mismo tiempo atenta contra los fundamentos naturales de la vida”.

Por ello, añadió, hay que alegrarse de la serie de iniciativas significativas que ponen en cuestión los instrumentos de medida de la eficacia económica y del progreso social actualmente en vigor. “En la ‘síntesis humanista’ recomendada por el Papa Benedicto XVI –afirma--, el progreso deberá ser definido de modo diferente. Para hacerlo, el recurso a la tradición cristiana puede igualmente contribuir a la reflexión. Así, en la concepción cristiana, cada hombre es concebido por Dios y la protección de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, es el valor más elevado. Además las relaciones que teje cada ser humano no son de importancia secundaria, sino que forman parte de las condiciones esenciales, como la familia, de una vida humana plena”.

Recordó que con la adopción del Tratado de Lisboa, la Unión Europea se ha comprometido a crear en Europa una Economía social de mercado duradera. En los próximos meses, las instituciones europeas van a deliberar sobre una nueva estrategia decenal para el desarrollo económico y social, que deberá reemplazar la estrategia de Lisboa. Está previsto que el Consejo Europeo de Madrid en marzo de 2010 adopte una decisión en este sentido.

Mientras tanto, dijo, se ha propuesto que el secretariado de la COMECE organice un Diálogo con representantes del Parlamento y de la Comisión sobre la concepción del hombre y de la sociedad sobre la que se basará esta nueva estrategia. Y concluyó expresando el deseo de que las conferencias episcopales en los estados miembros busquen igualmente tales contactos con vistas a la cumbre de Madrid.

Por Nieves San Martín