La comunión con Pedro, garantía de libertad para la Iglesia, según el Papa

Frente a los poderes del mundo

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 30 de junio de 2010 (ZENIT.org).- La comunión con Pedro y sus sucesores “es garantía de libertad para los pastores de la Iglesia y para las propias comunidades confiadas a ellos”, afirmó el Papa Benedicto XVI.

El Pontífice presidió ayer la Misa solemne con motivo de la fiesta de san Pedro y san Pablo, Patronos de Roma, en la que, como es tradición desde siglos, impuso el palio a los arzobispos metropolitanos nombrados por él durante el pasado año.

La comunión con el Papa, expicó éste, es garantía de libertad para la Iglesia en dos sentidos: el histórico y el espiritual.

En el plano histórico, afirmó, “la unión con la Sede Apostólica asegura a las Iglesias particulares y a las Conferencias Episcopales la libertad respecto a poderes locales, nacionales o supranacionales, que pueden en ciertos casos obstaculizar la misión de la Iglesia”.

Esto es muy importante “en el caso de Iglesias marcadas por persecuciones, o también sometidas a injerencias políticas o a otras duras pruebas”.

Sin embargo, subrayó el Papa, las persecuciones, “a pesar de los sufrimientos que provocan, no constituyen el peligro más grave para la Iglesia”.

“El mayor daño, de hecho, lo padece ésta de lo que contamina la fe y la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, erosionando la integridad del Cuerpo místico, debilitando su capacidad de profecía y de testimonio, empañando la belleza de su rostro”.

Por ello, afirmó el Papa, el segundo significado del palio es más profundo: que “el ministerio petrino es garantía de libertad en el sentido de la plena adhesión a la verdad, a la auténtica tradición, para que el Pueblo de Dios sea preservado de errores referidos a la fe y a la moral”.

Es el caso de comunidades “que sufren la influencia de doctrinas engañosas, o de tendencias ideológicas y prácticas contrarias al Evangelio”.

Estos “peligros espirituales”, señaló, pueden ser “algunos problemas de divisiones, de incoherencias, de infidelidades al Evangelio que amenazan seriamente a la Iglesia”, pero también los peligros de los “últimos tiempos”, las “actitudes negativas que pertenecen al mundo y que pueden contagiar a la comunidad cristiana: egoísmo, vanidad, orgullo, apego al dinero, etc.”.

Yugo suave

Este signo del palio, explicó el Papa, es “prenda de libertad, de forma análoga al 'yugo' de Jesús, que Él invita a tomar, cada uno sobre sus hombros”.

“Como el mandamiento de Cristo – aún exigente – es "dulce y ligero" y, en lugar de pesar sobre quien lo lleva, lo levanta, así el vínculo con la Sede Apostólica – aún comprometido – sostiene al Pastor y a la porción de Iglesia confiada a sus cuidados, haciéndoles más libres y más fuertes”.

En referencia al rito de la imposición del palio, Benedicto XVI explicó que “el hecho de que, cada año, los nuevos metropolitanos vengan a Roma a recibir el Palio de manos del Papa va incluido en su significado propio, como gesto de comunión”.

“Hay por tanto una garantía de libertad asegurada por Dios a la Iglesia, libertad tanto de los lazos materiales que buscan impedir o coartar su misión, como de los males espirituales y morales, que pueden erosionar la autenticidad y la credibilidad”.

Ecumenismo

El Papa se dirigió también a la Delegación Fraterna del Patriarcado de Constantinopla presente en la celebración, recordando la promesa de Cristo de que “las potencias del infierno no prevalecerán sobre su Iglesia”.

“Estas palabras pueden tener también un significativo valor ecuménico, desde el momento en que, como señalaba hace poco, uno de los efectos típicos de la acción del Maligno es precisamente la división dentro de la Comunidad eclesial”, afirmó.

Pero, subrayó, “la palabra de Cristo es clara: no prevalecerán. La unidad de la Iglesia está arraigada en su unión con Cristo, y su causa de la plena unidad de los cristianos – que siempre hay que buscar y renovar, de generación en generación – está también sostenida por su oración y por su promesa”.

Concluyó reconociendo “los progresos en las relaciones ecuménicas entre católicos y ortodoxos”, y invitando a éstos a “renovar el compromiso de corresponder generosamente a la gracia de Dios, que nos lleva a la comunión plena”.