La construcción de la mezquita de Nazaret, una provocación

Un franciscano de Tierra Santa califica de «irresponsable» al Gobierno israelí

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JERUSALEN, 6 septiembre (ZENIT.org).- «Presionar sobre el Gobierno de Israel para que se detenga "la irresponsable decisión" de dar vía libre a las obras de construcción de la mezquita frente a la basílica de la Anunciación en Nazaret, poniendo al célebre santuario en un estado de asedio». Este es el llamamiento lanzado a los católicos de todo el mundo por la Delegación de Tierra Santa en Italia, al día siguiente de la realización de la peritación del terreno donde será construido el edificio religioso.

Según informa la agencia «Fides», el inicio de las obras tuvo lugar el 4 de septiembre con el consenso del Gobierno israelí. Se trata de una obra querida por los musulmanes extremistas que tiene visos de representar algo más que una provocación contra la comunidad cristiana y los peregrinos que llegan a la basílica de la Anunciación.

El pasado 14 de agosto, el ministro israelí, Sholomo Ben Ami, de visita en Roma, había tranquilizado al Vaticano sobre el respeto de los lugares santos cristianos en Israel y en Jerusalén. Una promesa que parece sin embargo caída en el olvido, dado que en los sondeos sobre el terreno de Nazaret estaban presentes miembros del Gobierno israelí.

El mismo Arafat se había movilizado varias veces para oponerse a la construcción de la mezquita. Y en el mitin de Rimini, organizado por Comunión y Liberación tras las Jornadas Mundiales de la Juventud, su enviado, Bassam Abu Saharif había denunciado el empecinamiento de algunos ambientes israelíes, decididos a realizar el proyecto, criticado incluso por autoridades musulmanas de los países cercanos.

El Gobierno israelí había apoyado la idea de construir la mezquita. Es más, la decisión de avalar la construcción de la mezquita es fruto, según el padre David Jaeger, franciscano israelí, consultor jurídico de la Custodia de Tierra Santa y profesor de derecho canónico en el Pontificio Ateneo «Antonianum» de Roma, de la «propaganda del Gobierno israelí. Una propaganda mentirosa que alimenta el fundamentalismo musulmán». De hecho los extremistas, indica el padre Jaeger, «con prédicas y comunicados hablan abiertamente de esta construcción como el «primer paso» hacia la desaparición total de los monumentos y de los fieles cristianos en la zona de Nazaret y en toda Tierra Santa».

Mientras tanto, el Gobierno israelí dice una cosa y hace otra. «En efecto --añade el padre Jaeger-- la propaganda israelí habla de conflicto entre cristianos y musulmanes locales y del papel del Gobierno como mediador, de su decisión como un arreglo».

En realidad es una torcida justificación, indica el franciscano, ya que el terreno donde se debería construir la mezquita es municipal y los intentos de los islámicos de declararlo «terreno dedicado al culto islámico» han sido rechazados por el poder judicial. Sentencias que, sin embargo, el Ejecutivo ha ignorado y, es más, explica el padre Jaeger, «autónomamente ha decidido satisfacer las clamorosas e infundadas reivindicaciones de los extremistas». Por ello, hace un llamamiento a hacer presión sobre el Gobierno de Jerusalén para que reconsidere su decisión.