La corrupción del amor roba la esperanza a los jóvenes, denuncia el Papa

En el Ángelus de la solemnidad de la Inmaculada Concepción

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 9 diciembre 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha denunciado que la corrupción del amor que se transmite a los jóvenes y a los niños les está robando la esperanza.

En su intervención con motivo de la oración del Ángelus, este sábado, solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, el Papa dirigió un pensamiento especial a «los jóvenes de hoy, que han crecido en un ambiente saturado de mensajes que proponen falsos modelos de felicidad».

Hablando desde la ventana de su estudio, reconoció que «estos chicos y chicas corren el riesgo de perder la esperanza, pues con frecuencia parecen huérfanos del verdadero amor, que llena de significado y de alegría la vida».

La esperanza es el tema centra de Spe salvi, la segunda encíclica publicada por Benedicto XVI el 30 de noviembre.

Dirigiéndose a los miles de peregrinos constató que «muchas experiencias nos muestran lamentablemente que los adolescentes, los jóvenes y hasta los niños son fáciles víctimas de la corrupción del amor, engañados por adultos sin escrúpulos que, mintiéndose a sí mismos y mintiéndoles a ellos, los atraen a los callejones sin salida del consumismo».

«Incluso las realidades más sagradas --aseguró--, como el cuerpo humano, templo del Dios del amor y de la vida, se vuelven de este modo en objetos de consumo».

«Y esto cada vez más pronto, ya desde la preadolescencia», siguió lamentando.

«¡Qué tristeza cuando los chicos y chicas pierden la maravilla, el encanto de los sentimientos más bellos, el valor del respeto del cuerpo, manifestaciones de la persona y de su insondable misterio!», reconoció.

Por este motivo, el obispo de Roma presentó a María Inmaculada como «resplandeciente belleza, transparente al amor de Dios».

En ese contexto, invitó a los fieles a peregrinar espiritualmente a Lourdes, donde este sábado comenzó el año jubilar con motivo del 150 aniversario de las apariciones de María en la gruta de Massabielle.

«María Inmaculada, "estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino"», concluyó.