La creatividad ética en el cine

Habla el crítico Juan José Muñoz

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MADRID, 23 de octubre de 2005 (ZENIT.org).- ¿Por qué emociona tanto el final de la película «Casablanca»? Porqué une ética y estética.



Así lo sostiene el crítico Juan José Muñoz (Segovia, 1967), profesor de Antropología del Cine y Ética de la Imagen en el Centro Universitario Villanueva. Muñoz explica en esta entrevista a Zenit que la ética y el cine no están reñidos, es más, «también en nuestros días se ruedan películas que, además de entretenernos, aportan luz ética a los problemas de nuestra sociedad».

Muñoz es profesor de Crítica de Cine y Televisión en la Universidad San Pablo-CEU de Madrid y acaba de publicar «De Casablanca a solas. La creatividad ética en cine y televisión», editado por EUNSA.

--La ética y la estética no están reñidas, defiende en su libro. ¿Nos puede dar ejemplos cinematográficos de ello?

--Muñoz: Los dos que figuran en el título (Casablanca y Solas). Además, son las películas que abren y cierran el libro respectivamente. Estos dos ejemplos, junto a muchos otros, indican que directores y guionistas logran un hermoso final cuando buscan aportar algo positivo al espectador.

También pretendo mostrar cómo la ética no es un asunto de épocas pasadas; también en nuestros días se ruedan películas que, además de entretenernos, aportan luz ética a los problemas de nuestra sociedad.

--La ética es una experiencia y un arte, afirma usted. ¿En qué sentido?

--Muñoz: En el sentido de que las ideas éticas que posee una persona dependen, en gran parte, de sus experiencias vitales. En el libro, citando a filósofos personalistas, hablo de tres tipos de experiencias: encuentro, dominio y fusión. De los tres, el encuentro es el más creativo. Las personas se encuentran, pero las cosas se dominan o fusionan.

Pero en nuestra sociedad predominan, por desgracia, las experiencias de dominio y de fusión. Deseamos por una parte, tener todo bajo control, poseer y buscar soluciones meramente técnicas a problemas humanos; y por otra, buscamos sensaciones nuevas, experiencias cada vez más embriagantes, pero que no desembocan en auténticos encuentros.

Nos comunicamos mucho (móvil, Internet, etc.) y tenemos mucho contacto físico con los otros (las relaciones sexuales son cada vez más prematuras), pero nos cuesta establecer vínculos valiosos y estables con los demás, y eso es lo que busca el encuentro.

Por todo ello las relaciones humanas corren el peligro de acabar sometidas a la técnica y volverse cada vez más inestables. Baste con señalar el problema ético de la experimentación con embriones y el aumento de divorcios, o la admisión, por una parte de la sociedad, de las uniones de hecho (tanto heterosexuales como homosexuales).

Si no se valora el auténtico encuentro en la vida personal, se admitirán como igualmente válidos el dominio y la fusión. Por otra parte, tomando como referencia estos tres tipos de experiencia se puede valorar el calado ético de una película. Es decir, un filme que ensalce el dominio y la fusión por encima del encuentro, se puede tachar de inverosímil o manipulador (aunque sea una obra de gran calidad estética): es el caso de películas como «Mar adentro» o «Los puentes de Madison».

La primera considera que lo más importante es tener un dominio absoluto sobre nuestra vida, y no los encuentros con los demás, que nos pueden ayudar a sobrellevar una situación dolorosa; y la segunda, que tiene más valor una relación pasional y fugaz, que toda una vida de entrega a la familia.

La ética, además, es un arte porque cada individuo debe crear las respuestas más valiosas para cada situación concreta. Pero hay conductas que, en lugar de ser creativas, son destructivas para la dignidad de la persona. Además, en el arte, como en la propia vida, siempre se debe buscar la belleza, y ésta siempre hace referencia a la verdad y al bien.

--En su libro aborda el descubrimiento de valores, el conflicto entre ética pública y privada y la violencia de género en el cine, entre otros. ¿Por qué ha escogido estos temas y no otros?

--Muñoz: Porque me parecen temas de rabiosa actualidad, y además suelen figurar en los programas de la asignatura de Ética y Deontología de la Imagen de muchas universidades.

Por otra parte, creo que engloban los temas fundamentales que hoy se debaten en la profesión audiovisual. Baste con citar películas como «Te doy mis ojos», «Los Miserables», «Primary Colors», «La Isla» o «El Método».

--Siempre se habla de «creatividad estética». Usted formula una propuesta nueva, la «creatividad ética». ¿En qué consiste?

--Muñoz: En parte he respondido antes, cuando dije que la ética es un arte porque cada individuo debe crear las respuestas más valiosas en sus decisiones diarias. Muchas veces debemos tomar una decisión, como la que hace Rick (Humphrey Bogart) en «Casablanca»: advierte que debe subordinar su pasión amorosa a un valor superior. Y decide renunciar a Ilsa (Ingrid Bergman) para que ella vuelva con su marido, que es a quien pertenece, y al que debe apoyar en su lucha contra el nazismo.

Este mítico final nos emociona tanto porque conjuga, de modo magistral, la ética con la estética. Tanto el público, como los expertos en guión de cine, admiten que cualquiera de los finales alternativos que se barajaron (la muerte del marido para dejar vía libre a los amantes, o la muerte de Rick) nos hubiera defraudado. Esos finales alternativos no respetaban un principio básico de la narrativa audiovisual: que el desenlace de una película, en la medida de lo posible, sea resultado de las decisiones de los personajes.

De todos modos, la propuesta de una creatividad ética no es totalmente original. Algunos filósofos personalistas (entre ellos López Quintás) ya hablan de ella. Mi pequeña aportación se reduce a inspirarme en ellos para elaborar de una «Ética de la Imagen».