La crisis actual no debe incidir en la lucha contra el hambre, pide el Papa

Exige, en un mensaje a la FAO, mantener el compromiso contra deuda externa

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ROMA, 5 noviembre 2001 (ZENIT.org).- La lucha de la comunidad internacional contra el hambre y el compromiso para acabar con las secuelas de las deuda externa de los países más pobres no debe claudicar tras los atentados del 11 de septiembre, exige Juan Pablo II.



En estos momentos, «el desarrollo es el nuevo nombre de la paz», asegura el pontífice en un mensaje enviado a la XXXI Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que se está celebrando del 2 al 13 de noviembre en la capital italiana, donde tiene su sede central.

Junto a la Conferencia debería haber tenido lugar del 5 al 9 de noviembre la «Cumbre mundial de la Alimentación» con la participación de jefes de Estado. Tras los ataques contra las Torres Gemelas y el Pentágono, se decidió aplazar este encuentro al 10 de junio de 2002.

El problema, la «gestión equitativa»
Por este motivo, en su Mensaje a la dirección de la FAO y a las 183 representaciones de sus Estados miembros, el pontífice considera que es vital que, «a pesar de la difícil situación internacional, el mundo pueda tener noticia de que el próximo año se dé un progreso real en el campo absolutamente vital de la alimentación».

«No es posible que millones de persones estén subalimentadas o hambrientas en el mundo --grita la misiva pontificia--. La tierra es capaz de procurarles lo necesario y, por tanto, la causa de la falta de alimentación hay que buscarla en otra parte».

«Ha faltado una gestión equitativa de los bienes de la creación con una evidente desigualdad en la repartición de los recursos», denuncia.

Derecho de las naciones
El Papa afirma que el derecho a la alimentación no es propio sólo de los hombres y mujeres, sino también de las naciones. Por este motivo, «cuando las personas no pueden afrontar sus necesidades fundamentales a causa de la guerra, la pobreza, del mal gobierno, de una mala gestión, o a causa de catástrofes naturales, los demás tienen el deber moral de intervenir para correr en su auxilio».

Deuda externa
En particular, en esta batalla contra el hambre, el obispo de Roma alienta «la decisión tomada por las naciones más ricas de consagrar una parte de su Producto Interior Bruto (PIB) al desarrollo de los países más pobres y de hacer todos los esfuerzos posibles para reducir el peso de su deuda externa».

«Hay que perseverar en los esfuerzos, incluso cuando necesidades urgentes, a nivel nacional o internacional, parecerían llevar a la renuncia», asegura.

«El nuevo nombre de la paz»
Por último, el pontífice constata que «tras los terribles acontecimientos del 11 de septiembre, han surgido amplios debates sobre la justicia y la urgencia de corregir las injusticias»

«Muchas injusticias en el mundo transforman la tierra en un desierto --añade--: la más impresionante de estas injusticias es el hambre que sufren millones de personas, con las inevitables repercusiones sobre el problema de la paz entre las naciones».

Por eso, el pontífice lanza una pregunta: «¿Acaso no declaró el Papa Pablo VI en 1967 que el desarrollo es el nuevo nombre de la paz?».

«Desde entonces --responde--, estas palabras se han revelado cada vez más verdaderas. El desarrollo comporta numerosos aspectos, pero el primero de todos es la decisión de asegurar a todo hombre, a toda mujer, y a todo niño el acceso a la alimentación que necesita».

De ello depende, no sólo «"la seguridad alimentaria", sino también "la paz mundial", en un momento en el que estos valores corren graves peligros», concluye.