La crisis de fe es el mayor desafío para la Iglesia de hoy, dijo el papa

Audiencia a los participantes en la plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 27 enero 2012 (ZENIT.org).- Benedicto XVI recibió este viernes por la mañana en audiencia, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, a los participantes en la sesión plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En su discurso, ha afrontado algunas cuestiones relativas al diálogo ecuménico y los métodos empleados.

Benedicto XVI, en su discurso a los participantes, dió las gracias al cardenal William Levada, presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por sus palabras de saludo y subrayó los importantes empeños de este dicasterio en los últimos años.

Le ha agradecido también su colaboración en la preparación del Año de la Fe, como “momento propicio para volver a proponer a todos el don de la fe en Cristo resucitado, la luminosa enseñanza del Concilio Vaticano II y la valiosa síntesis doctrinal ofrecida por el Catecismo de la Iglesia Católica”.

El papa ha subrayado que “en amplias zonas de la tierra la fe corre el peligro de apagarse como una llama que ya no encuentra alimento. Estamos ante una profunda crisis de fe, una pérdida del sentido religioso que es el mayor desafío para la Iglesia de hoy”.

Por ello, añadió, “la renovación de la fe debe ser la prioridad en el empeño de la Iglesia entera en nuestros días”.

Expresó el deseo de que el Año de la Fe “pueda contribuir, con la colaboración cordial de todos los integrantes del Pueblo de Dios, a hacer a Dios nuevamente presente en este mundo y a abrir a los hombres el acceso a la fe, al confiarse a aquél Dios que nos ha amado hasta el final, en Jesucristo crucificado y resucitado”.

Benedicto XVI subrayó también que “el tema de la unidad de los cristianos está estrechamente ligado con esta tarea” y se ha detenido en algunos aspectos doctrinales sobre el camino ecuménico de la Iglesia, que ha sido objeto de estudio en esta sesión plenaria.

Ha recordado que, en la lógica del Concilio Vaticano II, “la búsqueda sincera de la plena unidad de todos los cristianos es un dinamismo animado de la Palabra de Dios, de la Verdad divina que nos habla en esta Palabra”.

El problema crucial, según el papa, es “la cuestión de la estructura de la revelación, la relación entre la Sagrada Escritura, la Tradición viva en la Santa Iglesia y el Ministerio de los sucesores de los Apóstoles como testigos de la verdadera fe”.

Y, aquí, señaló el pontífice, es importante el discernimiento entre la Tradición con mayúscula y las tradiciones. Sin entrar en detalles, hizo una observación: “Un importante paso en tal discernimiento se ha dado en la preparación y en la aplicación de las medidas para los grupos de fieles provenientes del Anglicanismo, que desean entrar en la plena comunión de la Iglesia, en la unidad de la común y esencial Tradición divina, conservando las propias tradiciones espirituales, litúrgicas y pastorales que son conformes con la fe católica”.

Benedicto XVI apuntó en su discurso otras cuestiones como los métodos adoptados en los diversos diálogos ecuménicos que “deben reflejar la prioridad de la fe”, y la problemática moral “que es un nuevo desafío para el camino ecuménico”. En este sentido, recordó que, en los diálogos, no se pueden ignorar “las grandes cuestiones morales sobre la vida humana, la familia, la sexualidad, la bioética, la libertad, la justicia y la paz”.

Y finalizó su discurso deseando una estrecha y fraterna colaboración entre esta Congregación y el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos “a fin de promover eficazmente el restablecimiento de la plena unidad entre todos los cristianos”.