'La crisis pide una respuesta concreta a la necesidad de esperanza del mundo'

Intervenciones en el Tercer Forum católico-ortodoxo en Lisboa

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ROMA, jueves 7 junio 2012 (ZENIT.org).- Por invitación del patriarca de Lisboa, el cardenal José da Cruz Policarpo, está teniendo lugar en Lisboa, Portugal, del 5 al 8 de junio, el Tercer Forum católico-ortodoxo. El tema "La crisis económica y la pobreza. Desafíos para la Europa de hoy" es el hilo conductor del encuentro. El foro es promovido por el Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y las Iglesias Ortodoxas de Europa.

El tema del encuentro esta siendo afrontado desde tres perspectivas: la búsqueda de las causas en el origen de la actual crisis económica; la búsqueda de respuestas comunes y propias de las Iglesias y, por último, el papel que las Iglesias están llamadas a desempeñar en este particular momento de la vida del continente europeo.

En el curso del forum, el cardenal Policarpo declaró: “Hemos tomado consciencia de que a pesar de las dificultades, somos cristianos en un tiempo en el que el Espíritu del Evangelio debe poderse expresar y debe manifestarse en una visión cristiana de la persona humana en el discernimiento de los problemas que Europa está afrontando a nivel económico, social y sobre todo cultural”.

“Se puede –añadió el cardenal- y se debe trabajar juntos. Somos cristianos que aceptan ser coherentes con su visión cultural. La visión cultural es fundamental para decidir las grandes orientaciones de las sociedades europeas que tras un periodo de bienestar, están hoy viviendo un momento de gran fragilidad y debilidad”.

Por su parte, el presidente del CCEE y arzobispo de Esztergom-Budapest, dijo en su intervención en el foro: “En un tiempo difícil como el nuestro, el poder tener una voz común ante la sociedad europea es una urgencia y una responsabilidad que queremos asumir con plena consciencia. La sociedad misma es quien pide a las Iglesias esta unidad”.

“Estamos juntos en un continente –añadió- que, aunque plural en su historia y en sus culturas, tiene, por un lado raíces cristianas comunes a todos los países, y por otro, muchísimos desafíos culturales y sociales que comprometen necesariamente a todos los cristianos y exigen una toma de posición unida”. La unidad, subrayó, “vendrá de Dios y solo en Él puede fundarse y llegar a la plenitud. Por tanto, las urgencias de la crisis actual se convierten en motivo no sólo de una respuesta generosa y concreta a la necesidad de esperanza del mundo sino que nos empujan a pedir incesantemente con la oración el don de la unidad. Hoy a nosotros pastores se pide ser portadores de una palabra que ayude a comprender en profundidad la realidad, pero que sea capaz también de comunicar esperanza”.

Por su parte el metropolita Gennadios de Sassima, del Patriarcado Ecuménico, afirmó que, ante la actual crisis económica, “realidad sin precedentes en la historia de nuestro continente”, en la que muchos países y sociedades están marcados por la pobreza financiera y social, “la oración, la fe y la esperanza son los únicos instrumentos espirituales que podemos ofrecer como Iglesias a quien está en necesidad, a quienes luchan por sobrevivir y por un futuro mejor, con dignidad y respeto por la unicidad del género humano”.
“Muchos –añadió- hacen peticiones y vienen a nuestras iglesias para encontrar refugio, pidiendo ayuda, asistencia moral y un respaldo espiritual para superar las dificultades”. “La unidad a la que todos aspiramos es un don de lo alto que debemos perseguir con perseverancia pero también con paciencia y es algo que nos exige también una radical conversión y una reorientación, de modo que podamos humildemente volver a nuestras raíces comunes en la Iglesia apostólica y en la comunión de los santos”.

“Lo que está en peligro es el corazón del hombre –declaró el arzobispo Atenágoras de Sinope (Bélgica, Patriarcado Ecuménico)--. La crisis que vivimos actualmente no es sólo una crisis económica y financiera. Esconde una crisis más general: una crisis espiritual y moral”.

“Por otra parte –añadió- la Unión Europea atraviesa un período difícil porque –y lamentablemente lo podemos constatar- la construcción de nuestra Europa unida no reposa sobre fundamentos sólidos”.

Subrayó el arzobispo que “si Europa sigue siendo exclusivamente una zona de intereses económicos en vez de un lugar de civilización y de sentido, la UE seguirá siendo una falsa zona económica, amenazada por las identidades políticas y culturales”. “La modernidad, a través de la secularización, ha puesto en cuestión el puesto del cristianismo y de la Iglesia. De aquí la enorme sed de sentido, de sagrado, de valores, de fraternidad y de esperanza”.

Christos Sironis, profesor de ética y sociología en la Universidad de Tesalónica, Grecia, habló sobre las causas de la crisis económica europea. “El desafío es claro –dijo--: mirar al futuro navegando con esperanza, encontrar al otro con solidaridad y superar la lógica ciega del consumismo. La perspectiva cristiana puede dar una aportación esencial en esta dirección”.

Afirmó que la situación es seria: “La crisis en la Unión Europea no puede ser concebida sino en términos multifactoriales. Los estados y las naciones y las sociedad locales han experimentado en los últimos dos decenios una grave desvitalización de su autoridad para responder a los desafíos globales”. Por otra parte, “fenómenos como el consumismo exasperado, el gasto por encima de las propias posibilidades y el recurso al endeudamiento, así como el mal funcionamiento de las políticas europeas han facilitado la transformación de la crisis de la deuda en una de las mayores crisis sociales y políticas”.

Las Iglesias son llamadas a estar presentes porque “nunca como en este momento, la aportación de la ética cristiana puede contribuir a redefinir un estilo de vida que mira a superar una perspectiva exclusivamente centrada en el beneficio y el hedonismo consumista”.
Para monseñor Paolo Pezzi, arzobispo de la archidiócesis de la Madre de Dios de Moscú, “estamos frente a una alternativa: o pensar en la economía y las finanzas como lugares sin espacio para Dios y por tanto, en último término, no humanos, o concebirlas como ocasiones de vivir la verdad del Evangelio que anima a la sociedad”.

“Allí donde falta una referencia a la verdad del Dios amor, el otro –ya sea hombre o pueblo- es fácilmente reducido a una entidad económica interesante sólo en cuanto puede responder a la lógica utilitarista de demanda y oferta del mercado”.

“Los dramáticos índices de paro –añadió- de muchos países europeos, las enormes dificultades de muchos jóvenes dejados solos en la tarea de fundar una familia por las políticas estatales y oprimidos por las dinámicas laborales son los signos de una crisis que es sobre todo espiritual y luego económica y financiera. La interioridad misma de las personas está herida y debilitada. Al empobrecimiento de la espiritualidad sólo se puede responder con una renovada invitación a la pobreza de espíritu”.