La Cuaresma: escuela de oración y pacificación, pide el Papa

Preside la celebración del Miércoles de Ceniza en una iglesia de Roma

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CIUDAD DEL VATICANO, 28 feb 2001 (ZENIT.org).- Con una invitación a que las comunidades cristianas se conviertan en escuelas de oración y pacificación, Juan Pablo II dio inicio en la tarde de este Miércoles de Ceniza a la Cuaresma del año 2001.



Fue una celebración sumamente sobria. Comenzó a las cinco de la tarde en la iglesia de San Anselmo, en el monte Aventino en Roma. En ella, el pontífice se recogió en unos minutos de oración absorta. Después se unió a una procesión en la que participaron monjes benedictinos y frailes dominicos así como numerosos peregrinos hasta llegar a la iglesia de Santa Sabina, donde presidió la liturgia de la Palabra.

El rito, como todos los años, fue presidido por el cardenal Jozef Tomko, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, pero fue el pontífice quien pronunció la homilía.

«El camino al que nos invita la Cuaresma se vive, ante todo, en la oración: las comunidades cristianas tienen que convertirse, en estas semanas, en auténticas escuelas de oración».

Para ello, añadió, es necesario acercarse al sacramento de la reconciliación, donde «cada uno puede redescubrir a Cristo», en el que «Dios nos muestra su corazón compasivo y nos reconcilia plenamente consigo».

Al mismo tiempo, el Santo Padre reconoció que «en el mundo de hoy crece «la necesidad de pacificación y perdón». Y la Iglesia, explicó, tiene el deber de anunciar «el perdón y el amor a los enemigos». De este modo, «es consciente de introducir en el patrimonio espiritual de la humanidad una nueva manera de relacionarse con los demás».

«¡Este es el don que ofrece también a los hombres de nuestro tiempo», concluyó.

Tras la homilía impuso las cenizas a la comunidad dominica de la iglesia de Santa Sabina.