La Cuaresma, ocasión para redescubrir el silencio y la oración

El arzobispo de Río de Janeiro comenta este tiempo litúrgico

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RÍO DE JANEIRO, martes, 5 de abril de 2011 (ZENIT.org).- El silencio y la oración son dos elementos preciosos que el tiempo cuaresmal invita a redescubrir y valorar, recuerda el arzobispo de Río de Janeiro (Brasil), monseñor Orani João Tempesta, en un artículo titulado “Tiempo de oración”.

“Estamos en este tiempo en el desierto para encontrarnos con el Señor, para aprender a no caer en la tentación y buscar una verdadera vida de conversión”, afirma. “Jesús nos invita a experimentar la delicadeza del silencio para buscarle a través de la oración”.

“Estamos llamados a vivir una vida de oración”, “necesitamos rezar sin parar”, añadió el arzobispo.

La Cuaresma, por tanto, “nos quiere ayudar a reavivar nuestra vida de oración, retomando nuestra iniciación cristiana, que implica también la iniciación a la oración”.

“Sólo quien practica un silencio saludable conseguirá escuchar la voz de Dios, escuchar lo que el Señor tiene que decir a cada uno de nosotros, buscando los dones del Espíritu Santo para discernir lo que es fundamental en nuestra intimidad con el Resucitado, que está presente entre nosotros”.

“Los cuarenta días dedicados a una oración incesante, al ayuno, a la penitencia, a la limosna, a una buena confesión sacramental”, prosiguió, “son un tiempo favorable de conversión, entendida, sobre todo, como un cambio de mente y de corazón, sin centrarnos en las cosas mundanas por como se presentan, sino en la presencia de Dios en el mundo”.

“No perdamos el celo, la alegría de ser llamados por el Señor”, exhortó. “Dejemos que nuestra juventud espiritual se renueve para preservar la alegría de caminar con Cristo hasta el fin, de alcanzar el final del camino, siempre con el entusiasmo de ser llamados por Cristo a este gran servicio de vivir y anunciar el Evangelio de la Salvación”.

En la Cuaresma, observa monseñor Tempesta, es necesario “cuidar la vida espiritual, nuestro estar con Cristo”.

En este sentido, “estamos constantemente invitados a rezar y a meditar sobre la Palabra de Dios. En esta época de utilitarismo, pasar un rato en silencio y meditación no es un tiempo perdido, al contrario es un tiempo para saborear la presencia de Dios con la meditación de la Palabra, que nos llevará a profundizar en nuestra vida cristiana, y con esto nos introduciremos mayormente y de un modo más provechoso en la vida de Cristo”.

“Escucharemos la voz de la Iglesia que nos llama a la conversión y por consecuencia, a la misión”.

La Cuaresma debe ser “un oasis de oración y de recogimiento”, indicó el arzobispo, subrayando que “un modo de escuchar la voz de Dios es la oración cotidiana del Rosario, oración eficaz que propone los misterios de la vida del Señor Jesús para nuestra meditación”.

“En la escuela de Jesús, aprendemos a vencer las tentaciones del desierto, del poder, del orgullo, de la autosuficiencia”, concluyó.

“Acerquémonos al Señor, y de este modo estaremos también más cercanos a nuestros hermanos”.