La Cuaresma, tiempo para abrirse al amor de Cristo y de los hermanos; propone el Papa

Audiencia general en el Miércoles de Ceniza

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 1 marzo 2006 (ZENIT.org).- En este Miércoles de Ceniza, Benedicto XVI presentó la Cuaresma como un período para abrir el corazón al amor misericordioso de Cristo y al amor de los hermanos.



«Quien comienza a ver a Dios, a contemplar el rostro de Cristo --afirmó--, ve con otros ojos al hermano, descubre al hermano, su bien, su mal, sus necesidades».

Por este motivo, según el Papa, «la Cuaresma, como tiempo de escucha de la verdad, es un momento propicio para convertirse al amor, pues la verdad profunda, la verdad de Dios, es al mismo tiempo amor».

Escucharon la reflexión del pontífice los 12.000 peregrinos que participaron en la semanal audiencia general, en la plaza de San Pedro del Vaticano, dedicada a comentar el significado del «itinerario cuaresmal de cuarenta días que nos llevará al triduo pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor, corazón del misterio de nuestra salvación».

Recordando las palabras que este día proponía la liturgia, «Convertíos y creed en el Evangelio» (Marcos 1, 15), el obispo de Roma reconoció que constituyen el «programa auténtico y central del tiempo del Cuaresma: escuchar la Palabra de vedad, vivir, hablar y hacer la verdad, rechazar la mentira que envenena a la humanidad y que es la puerta de todos los males».

«La Cuaresma nos estimula a dejar que la Palabra de Dios penetre en nuestra vida y a conocer de este modo la verdad fundamental: quiénes somos, de dónde venimos, adónde tenemos que ir, cuál es el camino que hay que tomar en la vida», recalcó.

De este modo, subrayó, «el período de Cuaresma nos ofrece un camino ascético y litúrgico que, ayudándonos a abrir los ojos ante nuestra debilidad, nos hace abrir el corazón al amor misericordioso de Cristo».

«Ante los terribles desafíos de la pobreza de gran parte de la humanidad, la indiferencia y el encerrarse en el propio egoísmo aparecen como un contraste intolerable frente a la “mirada” de Cristo», afirmó, recordando el Mensaje, que ha escrito para la Cuaresma.

El pontífice concluyó deseando «que sean días de reflexión y de intensa oración, en los que nos dejemos guiar por la Palabra de Dios» y «una ocasión sincera para compartir los dones recibidos con los hermanos para prestar atención a las necesidades de los más pobres y abandonados».