La cultura de la muerte avanza en México

Mensaje de los obispos de Veracruz con motivo de la Cuaresma

| 2599 hits

VERACRUZ, 13 mar 2001 (ZENIT.org).- Con un creciente empobrecimiento de la población y una brecha cada vez más grande entre pobres y ricos, México se enfrenta al avance de la llamada «cultura de la muerte», que se refleja en la violencia, la guerrilla, la impunidad, la corrupción y ataques constantes al valor sagrado de la vida humana, desde la concepción hasta su término natural.



En su mensaje conjunto de Cuaresma, los nueve obispos de las diócesis presentes en el territorio del Estado mexicano de Veracruz exhortan a los fieles católicos, a las autoridades y a la sociedad en general, a que unan sus esfuerzos y que apuesten por una cultura a favor de la vida.

En el mensaje, que está siendo leído en las parroquias de Veracruz (situado al este del país con casi siete millones de habitantes), los prelados reconocen que «esta realidad se caracteriza por todo lo que se opone a la vida como los homicidios, el aborto, la eutanasia y el suicidio; así como lo que viola la integridad de la persona, como los secuestros, las violaciones, los asaltos en las calles y en las propias casas y oficinas, las torturas corporales y mentales, el robo de niños, el alcoholismo, la drogadicción y el narcotráfico, la guerrilla y el terrorismo».

«Todo esto sumado a la miseria y pobreza extrema, a la impunidad, la corrupción, los encarcelamientos arbitrarios, la prostitución de mujeres y niños, la imposición masiva de esterilización de mujeres en varios sectores y la distribución masiva de anticonceptivos, así como las condiciones infrahumanas de trabajo, de vivienda, de sanidad y de seguridad social, ofenden profundamente la dignidad humana», añaden los prelados.

Los obispos de Veracruz quieren unirse a Juan Pablo II en la defensa del valor de la vida humana y su carácter inviolable: «Estamos seguros de que todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aún entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y todavía más con el auxilio de la fe, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su concepción hasta su término natural, y afirmar el derecho de cada ser humano de ver respetado totalmente este bien primario suyo.