La cultura relativista manipula las conciencias, advierte el Papa

En un mensaje a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 16 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- El Papa advirtió que la cultura relativista contamina la familia, la educación y otros ámbitos de la sociedad, manipulando las conciencias.

Lo hizo en un mensaje dirigido al prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el cardenal Ivan Dias, con motivo de la asamblea plenaria de la Congregación, que comenzó este lunes en la Universidad Urbaniana de Roma con el tema “San Pablo y los nuevos aerópagos”.

El Santo Padre destacó que, como San Pablo anunció el Evangelio en Atenas usando un lenguaje inculturado, la Iglesia debe proclamar hoy el Evangelio en los nuevos ambientes, afirmó el Papa.

“El anhelo del cristiano es que toda la familia humana pueda invocar a Dios como Padre Nuestro”, explicó en el mensaje, publicado este lunes por la Oficina de Información de la Santa Sede.

Pero “no se trata sólo de predicar el Evangelio, sino de “alcanzar y casi sacudir con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación”, dijo, citando a Pablo VI.

“La actividad misionera de la Iglesia debe por tanto orientarse hacia estos centros neurálgicos de la sociedad del tercer milenio”, continuó.

Sobre las necesidades particulares de la sociedad actual por evangelizar, el Papa indicó que “no debe infravalorarse la influencia de una difundida cultura relativista, la mayoría de las veces carente de valores, que entra en el santuario de la familia, se infiltra en el ámbito de la educación y en otros ámbitos de la sociedad y los contamina, manipulando las conciencias, especialmente las juveniles”.

Para Benedicto XVI, “como en otras épocas de cambios, la prioridad pastoral es mostrar el verdadero rostro de Cristo”, lo cual “exige que cada comunidad cristiana y la Iglesia en su conjunto ofrezcan un testimonio de fidelidad a Cristo”.

Y ello “construyendo pacientemente esa unidad querida por Él” porque “la unidad de los cristianos hará, de hecho, más fácil la evangelización y la confrontación con los desafíos culturales, sociales y religiosos de nuestro tiempo”.

“En esta empresa misionera podemos mirar al apóstol Pablo, imitar el “estilo” de vida y el mismo “espíritu” apostólico centrado totalmente en Cristo”, propuso.

Y seguidamente aseguró: “Con esta completa adhesión al Señor, los cristianos podrán más fácilmente transmitir a las futuras generaciones la herencia de la fe, capaz de transformar también las dificultades en posibilidades de evangelización”.

En el mensaje, el Santo Padre dedicó palabras de “aprecio y de gratitud” al cardenal Dias y a toda la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, “por el servicio que hacéis a la Iglesia en el ámbito de la misión ad gentes”.

También consideró la asamblea que están celebrando como una “invitación apremiante a saber valorar los "areópagos" de hoy, donde se afrontan los grandes desafíos de la evangelización”.

“Queréis analizar este tema con realismo, teniendo en cuenta los muchos cambios sociales ocurridos -reconoció-. Un realismo apoyado por el espíritu de fe, que ve la historia a la luz del Evangelio, y con la certeza que tenía Pablo de la presencia de Cristo resucitado”.

Y aseguró que, ante esa misión de la Iglesia, a pesar de los problemas, “el Espíritu Santo está siempre en acción”.

Benedicto XVI afirmó que en la actualidad “se abren de hecho nuevas puertas al Evangelio y se va extendiendo en el mundo en anhelo de una auténtica renovación espiritual y apostólica”.

Y refiriéndose a la encíclica “Caritas in veritate”, destacó que el desarrollo económico y social de la sociedad contemporánea necesita recuperar la atención a la vida espiritual”.

Recuperar también, añadió, una “seria consideración de las experiencias de confianza en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divinas, de amor y de perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida al prójimo, de justicia y de paz”.