La defensa del ambiente más allá del Protocolo de Kyoto

Habla el observador de la Santa Sede ante la ONU en Ginebra

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CIUDAD DEL VATICANO, 21 junio 2001 (ZENIT.org).- La reciente cumbre del Consejo de Europa en Goteborg, teatro de violentos enfrentamientos entre la policía y los manifestantes antiglobalización ha centrado la atención sobre los temas ambientales y, en especial, sobre la difícil ratificación, a escala internacional, del Protocolo de Kyoto.



Tanto los problemas ecológicos como el fenómeno de la globalización interesan a la Iglesia. El arzobispo Diarmuid Martin, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU de Ginebra, ex secretario del Consejo Pontificio «Justicia y Paz», es un experto en el diálogo entre las naciones para buscar caminos de solución a estos graves desafíos.

En esta entrevista, concedida a los micrófonos de Radio Vaticano analiza estos dos candentes debates.

--¿Cuál es la posición de la Santa Sede por lo que se refiere a la ratificación del Protocolo de Kyoto, que limita la emisión en ciertos países de los gases causantes del efecto invernadero?

--Monseñor Martin: Yo creo que la posición de la Santa Sede debe ser la de mantener viva la atención sobre lo que está en juego: el futuro del medio ambiente, el futuro de las próximas generaciones.

Pienso que se debe ayudar a recuperar la armonía entre la humanidad y el universo que Dios quiso dar al mundo, en el momento de la creación. Los tratados pueden hacer algo pero, en el fondo, lo que más cuenta es la postura de las personas.

--Desde su punto de vista, como observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, ¿qué consejos les daría a los Estados para afrontar la cuestión de Kyoto?

--Monseñor Martin: Yo creo que ningún tratado es perfecto. También el Protocolo de Kyoto tiene valores y defectos. Ahora habría que abrir un diálogo con la nueva administración estadounidense del presidente George W. Bush: si el Protocolo de Kyoto contiene dificultades insuperables, entonces habría que proceder rápidamente a encontrar un acuerdo que implique también a Estados Unidos.

--¿En este sentido, la posición de EE.UU. podría, en su opinión, ser constructiva?

--Monseñor Martin: Yo creo que puede serlo. Tengo que decir que no querría personalizar estos problemas. En el fondo, ni siquiera la precedente administración de Estados Unidos, con Bill Clinton, había dado pasos en la cuestión de la ratificación del Protocolo, a causa de problemas políticos internos. En gran parte, se trata de una cuestión que depende de la opinión pública. Lo importante es favorecer una educación ecológica porque vivimos en este mundo que nos ha dado Dios y que, en ocasiones, la avaricia, el pecado de las personas lo han destruido.

--En su opinión, ¿Cuáles pueden ser los canales y lenguajes que habría que adoptar hoy a nivel planetario para aumentar en la humanidad este tipo de sensibilidad, de toma de conciencia?

--Monseñor Martin: Considero que, ante el proceso de globalización económica, muchas personas se hacen de nuevo la pregunta sobre la idea del bien común, a partir del hecho de la verdadera interdependencia que se da en el mundo de hoy. Por ejemplo, aquello que cambia el clima en una parte de la tierra, a causa de la contaminación --baste pensar en Chernobil-- tiene efectos también en todo el mundo. Lo que sucede a la economía en una parte del mundo tiene efectos en otras áreas del planeta en cuestiones como la ocupación, y la estabilidad económica y social. La interdependencia es una realidad. Hay que construir una solidaridad que le corresponda.

--Si usted, como portavoz de la Santa Sede, tuviera que hacer un llamamiento a la próxima cumbre de los siete países más industrializados y Rusia (G-8) que se celebrará en Génova del 18 al 21 de Julio, ¿que diría?

--Monseñor Martin: Tendría una larga lista de cosas que decir. La primera es la de seguir adelante con las estrategias para la lucha contra la pobreza, poniendo a los países pobres en condiciones de poder guiar por sí mismos su propio destino.

En segundo lugar, propondría avanzar en la búsqueda de una solución al problema de la deuda externa.

Una tercera cuestión que subrayaría es la del trabajo. El éxito de los proyectos de lucha contra la pobreza se puede evaluar en la medida en que se creen nuevos puestos de trabajo, seguros y satisfactorios, para los ciudadanos del mundo. Hay que pensar en la dimensión cuantitativa y también cualitativa del trabajo, en el mundo de hoy.