La diplomacia vaticana, «humilde semilla de paz»

Según el arzobispo Lajolo, secretario para las Relaciones con los Estados

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 15 marzo 2005 (ZENIT.org).- La diplomacia de la Santa Sede quiere ser una «humilde semilla de paz» más que un «protagonista del escenario internacional», asegura el secretario vaticano para las Relaciones con los Estados.



El arzobispo Giovanni Lajolo, en declaraciones concedidas a la agencia televisiva «Rome Reports», ante el actual proceso de reforma de las Naciones Unidas, pide que se precisen «muy claramente» las «nuevas prerrogativas particulares» que se proponen para facilitar su «acción en la prevención de conflictos».

En particular, el arzobispo italiano considera que es necesario el hacer posible «una intervención humanitaria, es decir, una intervención que tenga por objetivo desarmar al injusto agresor».

Monseñor Lajolo ilustra la contribución ofrecida por Juan Pablo II en estos más de 26 años de pontificado a la diplomacia constatando que las representaciones pontificias (nunciaturas) han pasado de 107 a 174, sin contar las 17 representaciones ante las organizaciones internacionales.

El prelado reconoce que en ocasiones la acción diplomática de la Santa Sede ha experimentado fracasos, como en tiempos de Benedicto XV y Pío XII antes de las dos guerras mundiales, o, recientemente, en el caso de Juan Pablo II con motivo de la guerra en Irak.

«Pero la historia ha dado la razón a los papas. Por desgracia, cuando se amordaza la diplomacia, hablan las armas», constata.

«Quisiera añadir que, además de los conocidos casos de éxito o fracaso de la diplomacia vaticana, se da toda una actividad diplomática de la Santa Sede, cubierta por la necesaria reserva, orientada a tratar de superar los contrastes, a exponer las razones y las expectativas de la otra parte, a proponer posibles puntos de encuentro», subraya.

«La vocación propiamente cristiana de nuestra diplomacia», reconoce, consiste en ser «una humilde semilla de paz», más que «actuar como protagonista en el gran escenario político internacional».

Por lo que se refiere al proceso de paz en Tierra Santa y en Irak, monseñor Lajolo afirma que «el primer auspicio es el cese de todo acto de violencia».

«Después, se requiere que comience un diálogo serio entre las autoridades israelíes y palestinas, es decir, un diálogo en el que cada interlocutor no sólo presente, como es obvio, sus propias peticiones, sino que se comprometa a fondo para comprender las buenas razones de la otra parte», indica.

Las poblaciones cristianas de esas tierras preocupan a monseñor Lajolo, pues se da el peligro de un éxodo por la situación de marginación en que se encuentran, a pesar de que son minorías que están allí presentes desde tiempos de los apostólicos. Por este motivo, asegura, «la Iglesia y la Santa Sede no pueden sentirse ajenas a las negociaciones en curso».

Por lo que se refiere a la situación del Líbano, que atraviesa momentos decisivos, el arzobispo considera que «es necesario que recobre su plena independencia y vuelva a ser, como lo ha sido en siglos pasados, una tierra de ejemplar y amigable convivencia entre componentes de diferentes inspiraciones religiosas».

África preocupa profundamente al Papa y a la Santa Sede, explica por otra parte monseñor Migliore, en particular la situación de algunos países, como los de la región de los Grandes Lagos, «en los que la situación político-social es humanamente insoportable».

El secretario vaticano para las Relaciones con los Estados aplaude la ola de solidaridad suscitada en el sudeste asiático tras el tsunami del 26 de diciembre, pero pide que continúe «durante mucho tiempo» la «obra de auxilio a las poblaciones y de reconstrucción». En particular, reconoce que hacen falta «proyectos de gran alcance a largo plazo, concordados con los países dispuestos a realizar inversiones específicas».