“La educación, el alimento y la sanidad son menos accesibles que las armas”

Denunció monseñor Migliore, observador vaticano ante la ONU

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NUEVA YORK, viernes, 9 octubre 2009 (ZENIT.org).- Los pueblos de todo el mundo “quieren ver un mundo en el que la educación, el alimento, la asistencia sanitaria y el agua limpia sean más accesibles que las armas ilícitas”.

Este fuerte llamamiento fue lanzado por el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas, interviniendo este jueves en Nueva York, en la 64 sesión de la Asamblea General con motivo del debate sobre desarme y seguridad internacional.

“La sociedad civil, las organizaciones humanitarias internacionales, los individuos y sobre todo quienes sufren los conflictos armados y la violencia esperan de nosotros resultados tangibles y convincentes en la esperanza de ver un mundo libre de las armas nucleares, con severos controles sobre el comercio de armas, que hoy está estrechamente ligado a los mercados ilícitos y provoca serios daños a la humanidad”, dijo a los presentes.

Los datos, subrayó, no son todavía tranquilizadores. En 2008, el año en el que se produjo la gravísima crisis financiera que ha golpeado a todo el mundo, los gastos militares en lugar de disminuir aumentaron un 4%, haciendo todavía más difícil el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que entre otras cosas se proponían disminuir a la mitad la pobreza para 2015.

“¿Puede la gente esperar cambios más concretos y valientes por parte de sus líderes?”, preguntó el prelado.

“La respuesta está en nuestras manos y mostrará la determinación de la comunidad internacional en perseguir la paz y la seguridad mundiales, basadas en la promoción del desarrollo humano integral”, afirmó.

Monseñor Migliore recordó que el artículo 26 de la Carta de Naciones Unidas declara que el gasto excesivo en armamento desvía los recursos humanos y económicos de objetivos fundamentales.

El papel principal de las iniciativas de desarme, afirmó, es el de “reducir los gastos militares a través del control de las armas y el desarme, de manera que la comunidad internacional pueda progresivamente desarmar la seguridad”.

Preguntándose por las “alternativas a estos gastos militares excesivos que al mismo tiempo no diminuyan la seguridad”, el observador vaticano respondió que una de ellas es “el refuerzo del multilateralismo”.

En este sentido, reconoció que asistimos a “un nuevo clima político por parte de los protagonistas principales del desarme” que se suma al logro de objetivos como la adopción de una nueva Convención sobre las bombas de racimo, y renovados empeños por un mundo libre de minas.

En este perspectiva, la delegación vaticana subrayó el empeño de la Santa Sede en llevar adelante los trabajos sobre un Tratado para el Comercio de Armas que sea un instrumento vinculante para la importación, exportación y transferencia de armas.

“Las armas no pueden ser consideradas como cualquier bien intercambiado en el mercado global, regional o nacional, y su excesivo almacenamiento o su comercio indiscriminado –sobre todo en zonas afectadas por conflictos- no puede ser moralmente justificado de ninguna manera”, declaró.

Si por un lado la Santa Sede subraya la necesidad de “políticas nacionales y acuerdos milaterales para reducir los arsenales nucleares”, por otro exhorta a no olvidar “muchas cuestiones todavía no resueltas”, refiriéndose en concreto al hecho de que, tras trece años, el Tratado para la prohibición de pruebas nucleares no haya entrado todavía en vigor, faltando nuevas ratificaciones, y a los “obstáculos persistentes” que dificultan las negociaciones sobre un Tratado para la abolición del material fisible.

“Muchas cuestiones sobre el desarme esperan todavía una solución definitiva –concluyó monseñor Migliore--. Unamos los esfuerzos y la buena voluntad para que se aseguren la seguridad internacional y organismos multilaterales eficaces”.

[Por Roberta Sciamplicotti, traducido del italiano por Nieves San Martín]