La estatua de Fátima llega al Vaticano

El Papa pondrá en manos de María la Iglesia y el mundo del tercer milenio

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CIUDAD DEL VATICANO, 13 sep (ZENIT.org).- La estatua original de la Virgen de Fátima estará en Roma con motivo del Jubileo de los obispos, que tendrá lugar del 6 al 8 de octubre. Se trata de una iniciativa de gran connotación afectiva para Juan Pablo II, quien decidió revelar este año el «tercer secreto» que confió María a los pastorcillos en Portugal y que alude a su atentado.



El calendario, prevé que la imagen llegue al aeropuerto de Ciampino el 6 de octubre, y que después sea transportada de manera privada a la capilla privada del Santo Padre.

Al día siguiente, el sábado por la mañana, memoria de la Virgen del Rosario, la estatua será llevada en procesión a la Basílica de San Pedro, donde será expuesta a la veneración de los fieles. En la tarde, la imagen será llevada al atrio del templo más grande de la cristiandad, donde el Santo Padre se unirá a los obispos presentes en la celebración de su Jubileo y en el rezo del Rosario, que será seguido por los cinco continentes por miles de comunidades.

En la noche, la estatua será trasladada al monasterio de las religiosas de clausura «Ecclesia Mater», que se encuentra en el mismo Vaticano.

En la mañana del domingo, 8 de octubre, el Papa celebrará la misa en la plaza de San Pedro del Vaticano, junto a los obispos y, en presencia de la Virgen de Fátima, proclamará el acto de consagración a María con el que pretende pedir la protección de la Madre de Cristo para la Iglesia y el mundo al inicio del Tercer Milenio.

Más tarde, la estatua regresará a la capilla privada del Santo Padre. El lunes por la mañana, el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Angelo Sodano, presidirá la ceremonia de despedida en el patio de San Dámaso. Después, la imagen será acompañada al aeropuerto de Fiumicino, desde donde regresará a Portugal.

Según ha explicado a los micrófonos de «Radio Vaticano» el arzobispo Crescenzio Sepe, secretario general del Comité vaticano para el gran Jubileo, «la llegada de la Virgen de Fátima al Vaticano está en relación directa con el acto de consagración que el Santo Padre desea hacer al final de la misa con motivo del Jubileo de los obispos».

«Por este motivo --añade--, se ha pensado que para un acto tan importante, era importante contar con cuna presencia significativa, como la estatua original de la Virgen de Fátima. De este modo, contactamos al obispo de Fátima, quien se mostró contentísimo».

«Esperamos que los fieles tengan la posibilidad de acercarse a la estatua de la Virgen --concluye Sepe--, a la que el Santo Padre quiso donar hace poco su anillo; y que pueda servir para promover el cariño a María, que está caracterizando todo este año jubilar».