La estatua del Redentor de Río cumple 80 años

El símbolo de la ciudad dará la bienvenida a los peregrinos de la próxima JMJ

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RÍO DE JANEIRO, martes 18 de octubre de 2011 (ZENIT.org).- Cuando los jóvenes lleguen, en julio de 2013, a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, tendrán un octogenario encima, por decirlo de alguna manera.

La estatua de poco más de 38 metros de altura y de 699 toneladas de peso, que representa a Cristo Redentor que observa la ciudad de Río de Janeiro desde la montaña del Corcovado, acaba de “celebrar” su 80 cumpleaños.

La famosa estatua comenzó a formar parte del paisaje de Brasil de forma oficial el 12 de octubre de 1931. Construida por Heitor da Silva Costa y el escultor franco-polaco Paul Landowski, la estatua costó 250.000 dólares en 1931 (unos 3 millones de dólares actuales). Se hizo con donaciones de los residentes de la que el alcalde de Río, Eduardo Paes, llamó “la ciudad más bonita del mundo”. Fue transportada a Brasil, desde Francia, en piezas y llevada por tren a la montaña de 700 metros de altura donde ahora permanece.

Paes dijo que la estatua y sus famosos brazos abiertos son “la bienvenida que se ofrece a aquellos que quieren visitarnos”.

Además de la JMJ de 2013, Río también hospedará los Juegos Olímpicos de verano de 2016 y la World Cup de 2014.

Los habitantes de Río y los turistas se han unido al de cumpleaños, celebrando conciertos y vigilias en honor a su “joya” local, considerada desde 2007 como la séptima Maravilla del mundo moderno.

Incluso el arzobispo de Río, monseñor Orani João Tempesta, se ha unido a las celebraciones, liderando una ceremonia especial a los pies de la estatua para conmemorar el evento.

A los pies de la estatua hay una pequeña capilla dedicada a Nuestra Señora de Aparecida, que puede acoger a cien visitantes.

El beato Juan Pablo II bendijo Río desde este sitio en 1980 y Benedicto XVI tiene programada una visita en 2013 durante las celebraciones de la 27º JMJ.

Recientemente renovada en 2000, el lugar está preparado para acoger a un sinfín de jóvenes visitantes, que indudablemente usarán sus escaleras internas, pasillos y ascensores para realizar lo que probablemente será una de las mejores vistas que la ciudad de la JMJ ofrecerá a los peregrinos.