La eutanasia fracasa en Maine pero avanza en Holanda e Inglaterra

Un referéndum en el estado norteamericano rechaza el suicidio asistido

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ROMA, 11 nov (ZENIT.org).- En las recientes elecciones


norteamericanas, los votantes del estado de Maine rechazaron en un
referéndum el suicidio asistido por un médico. La propuesta fue no pasó por
una diferencia mínima: 51,5% de los votos en contra y 48,5% a favor.

El único estado de la Unión Americana que por el momento ha aprobado una
propuesta así es Oregón.

«The National Review» (9 noviembre) publicó una entrevista con Wesley J.
Smith sobre este referéndum. Smith es el autor del libro «Cultura de la
muerte: el asalto a la ética médica en Estados Unidos» («Culture of Death:
The Assault on Medical Ethics in America», que está a punto de ser
publicado por «Encounter Books»).

Según Smith, una de las razones por las que los votantes decidieron no
aprobar la propuesta de legalizar el suicidio asistido en Maine fue, en
esencia, porque se les preguntaba si matar podría ser una procedimiento
médico legítimo. Y esto en un momento en el que los doctores no están
suficientemente preparados para proporcionar cuidados a los enfermos
terminales, desempeñando con frecuencia un trabajo inadecuado, sobre todo
en lo que respecta al control del dolor.

Smith indicó también que casi todo el dinero destinado para promover la
legalización provenía de fuera del estado. Se supone que Maine era la punta
de lanza para una renovada campaña a favor de la legalización del suicidio
asistido en todo el país, explicaba el «National Review interview», de
manera que todo el movimiento estaba detrás de este referéndum.

Smith también analizaba las dinámicas del apoyo de los votantes que están a
favor de las consultas populares sobre el suicidio asistido. Las respuestas
ofrecidas por los sondeos, que se muestran tendencialmente a favor del
suicidio asistido, han sido menos pensadas que lo que es después el momento
de votar. Además, el apoyo inicial al suicidio asistido se va desplomando
en los sondeos según se acerca el día del referéndum. En 1991, en el estado
de Washington, el apoyo inicial era casi de un 70%. La iniciativa perdió
por un 54% contra un 46%. El mismo resultado se obtuvo en California, en
1992. Tras un elevado apoyo inicial, la consulta perdió por un 54% contra
un 46%
.
En Oregón en 1994, el apoyo inicial era casi del 70% al principio de la
campaña y ganó por poquísimo: el 51% contra el 49%. En Michigan, en 1998,
el apoyo al suicidio asistido era en un primer momento superior 60%; ahora
bien en el referéndum fue vapuleado por un 71% contra un 29%.

En la última consulta de Maine, los sondeos iniciales daban cerca del 70%
de los votos a favor del suicidio asistido; sin embargo, ha perdido por
51,5 % contra el 48,5%.

Según explica Smith, este comportamiento tiene una explicación: «cuando los
votantes examinan realmente el tema --las consecuencias, los abusos
potenciales-- se mueven fuertemente en la dirección contraria».

Holanda amplía los criterios para el suicidio asistido
En otros países, sin embargo, las presiones para introducir la eutanasia
están teniendo más éxito que en Estados Unidos. Según informaba «Associated
Press» (30 octubre), un tribunal holandés ha absuelto a un doctor que había
ayudado a su paciente deprimido a suicidarse, aunque el hombre no estuviera
sufriendo un dolor físico insoportable.

El doctor proporcionó un cóctel letal de drogas a Edward Brongersma, un ex
político de 86 años que sufría una depresión severa. Había intentado
suicidarse dos años antes.

Aunque el fiscal de Haarlem solicitó que se suspendiera por tres meses la
sentencia, el doctor fue declarado inocente, en lo que ha sido interpretado
como una ulterior ampliación de los ya liberales estándares en materia de
eutanasia en Holanda, donde el suicidio asistido se practica normalmente.

En su comentario a la decisión holandesa, el «British Medical Journal»
(2000;321:1174 11 noviembre) indicaba que el hombre no tenía una enfermedad
seria, ni física ni psíquica. Un portavoz de la Real Asociación Médica
Holandesa, señaló que la definición de «sufrimiento insoportable» se había
«ampliado demasiado».

Dijo: «Lo que es nuevo es que se vaya más allá de la enfermedad física o
psíquica para incluir la decadencia social». Edward Brongersma había hecho
antes una declaración escrita para pedir la eutanasia, en 1984. Desde 1986,
había expresado su deseo al doctor Sutorius, en al menos ocho ocasiones. Un
mes antes de su suicidio, en abril de 1998, dijo que la muerte le había
«olvidado», sus amigos y parientes habían muerto, y experimentaba «una
existencia anodina y vacía».

Una segunda opinión médica confirmó que estaba sufriendo desesperadamente y
un psiquiatra dijo que tenía una enfermedad psíquica incurable.

La Fiscalía dio por supuesto que el doctor Sutorius es un médico
escrupuloso, que tuvo que enfrentarse a una petición difícil, a la que
respondió con prudencia y profesionalidad. Por su parte, el fiscal
reconoció que cumplió todos los demás criterios legales, ahora bien negó
que se tratara de un «sufrimiento desesperado e insoportable». De todos
modos, la petición del señor Brongersma podría haber sido rechazada.

El «British Medical Journal» informaba que la asociación médica holandesa
cree que hace falta un amplio debate en esta materia. Por otra parte, el
ministro de Justicia, Benk Korthals, dijo que estar «cansado de la vida» no
es suficiente razón para aplicar la eutanasia. La Fiscalía ha afirmado que
apelará al Tribunal Supremo contra la sentencia que absuelve al médico. Los
fiscales están divididos, con miembros de la coalición gubernamental que
apoyan la sentencia y otros de los partidos cristianos de oposición que
temen que ésta podría abrir las puertas a la eutanasia para cualquiera que
«esté dispuesto a morir».

Inglaterra liberaliza sus normas
Aunque el suicidio asistido por un doctor es ilegal en Inglaterra, ha
habido casos recientes que han causado interés a los grupos favorables a la
vida.

El Tribunal Supremo sentenció, el pasado 6 de octubre, que los doctores
podían retirar la alimentación a dos pacientes mujeres en estado vegetativo
persistente. Según informaba la BBC (6 octubre), la jueza de la división
familiar del Tribunal Supremo, Elizabeth Butler-Sloss, sentenció que en
razón del interés de las pacientes estaba justificado el retiro de la
alimentación y la hidratación.

La jueza dijo que quienes se dedican a tratar a las dos mujeres no
violarían la ley si detenían el tratamiento para mantenerlas en vida,
aunque deberían asegurarse de que «morirían con dignidad». En ambos casos,
los parientes deseaban que la vida de las dos mujeres acabara.

La BBC indicaba que la decisión ha provocado protestas por parte de los
grupos que se oponen al retiro de la alimentación de los pacientes en
estado vegetativo persistente. Phyllis Bowman, director de campañas de
«Derecho a la Vida» («Right To Life»), declaró: «Consideramos esta decisión
como algo sorprendente, no vemos cómo es posible qie sea un derecho humano
el verse privado de alimento y de hidratación hasta morir».

El segundo caso es el de una madre que ayudó a su hijo enfermo terminal a
suicidarse. La BBC (26 octubre) informaba que el juez Graham Boal declaró
que Heather Pratten, de 63 años, podía ser absuelta bajo condición por un
año a causa de «circunstancias excepcionales».

Nigel Goodman sufría el mal de Huntington, una enfermedad por la que la
señora Pratten había asistido ya a su marido y a otro hijo. La señora fue
declarada culpable de ayudar y ser cómplice del suicidio de su hijo.
Resumiendo su decisión, el juez Boal declaró que la señora Pratten había
sufrido bastante, pero advertía que otras personas podrían no ser tratados
tan benignamente por la justicia.

Las razones de un médico
Poco después de las dos decisiones legales citadas, el doctor Andrew
Lawson, un consejero de tratamientos paliativos en el Hospital de Chelsea y
Westminster, publicó un artículo en el «Times» de Londres (30 octubre)
explicando por qué los médicos no deberían ayudar a morir a sus pacientes.

Además de ser un experto en pacientes que están gravemente enfermos, el
doctor Lawson tuvo la experiencia de la muerte de su hermano pequeño y la
de uno de sus mejores amigos de cáncer. Explicaba que su amigo era
anestesista y que tuvieron muchas discusiones sobre la eutanasia.

Mientras que en el momento de la muerte de su amigo el doctor Lawson admite
haber tenido una «visión más bien vaga de la eutanasia», ahora declara que
se considera «un opositor implacable».

El doctor Lawson explica que hay una diferencia enorme entre suministrar
fármacos que suprimen el dolor para aliviar el sufrimiento, incluso aunque
esto implique la aceleración de la muerte, y suministrar una droga cuya
primera intención es acabar con la vida.

Explica: «Me niego a admitir que podamos abrazar el asesinato como una
profesión, aunque fuera por el mejor de los motivos».
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