La expresión de la fe en América Latina puede alentar a los europeos a volver sobre lo esencial

Diálogo con Alejandra Keen, superiora general de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación

| 1972 hits

Por José Antonio Varela Vidal

LIMA, viernes 30 noviembre 2012 (ZENIT.org).-La ingeniera agrónoma Alejandra Keen von Wuthenau es superiora general de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, una sociedad de Vida Apostólica fundada por Luis Fernando Figari el 25 de Marzo de 1991 y erigida canónicamente como tal el 21 de enero de 2011.

Alejandra Keen es española y asumió el cargo de superiora general de la Fraternidad en 2011, después de haber ejercido algunas responsabilidades en la misma, tales como superiora de dos comunidades, asistente del área Temporalidades, y Coordinadora general. Ha concedido una entrevista a ZENIT.

Terminado el Sínodo sobre la Nueva Evangelización y conocido el Mensaje final y las Propuestas, ¿cómo se preparan ustedes para responder a este desafío?

--Alejandra Keen: Nuestra comunidad nació en 1991 con el horizonte de responder al llamado a la Nueva Evangelización al cual el entonces papa Juan Pablo II invitaba a todos los cristianos. El mensaje del Sínodo nos invita a revitalizar la fe, a vivir la audacia evangélica y sobre todo a anunciar a Jesús en primera persona. Nosotras, las ‘fraternas’, nos vimos alentadas a continuar esforzándonos, a ser muy fieles a nuestra identidad y llamado para mejor responder a los desafíos de la misión evangelizadora en el mundo actual. Nuestra vocación es a la plena disponibilidad apostólica para anunciar al Señor Jesús en medio del mundo, desde un encuentro personal con Él. Esto implica tener la disposición interior de acoger la guía del Espíritu Santo, y como Santa María, presentar a su Hijo a los hombres, anunciándolo a Él encarnadamente en las diversas realidades en las que servimos.

¿Cómo en cuáles?

--Alejandra Keen: Hace un año realizamos nuestra primera Asamblea General Ordinaria. Somos una comunidad joven, y desde nuestra pequeñez queremos aportar con la misión de la Nueva Evangelización con un compromiso de santidad, con un deseo de responder al plan de Dios en todo momento y con un sello apostólico de llevar al Señor a todo el mundo. Este año nos hemos propuesto impulsar varias iniciativas evangelizadoras de formación en la fe, tanto para jóvenes como adultos, orientadas a ayudarlos a fortalecer su identidad de apóstoles para que sean en sus ambientes testigos ardorosos de la vida que trae el evangelio.

Venimos celebrando los 50 años del Vaticano II, a su parecer, ¿cuáles son los grandes aportes que ha traído para el mundo y para la Iglesia?

--Alejandra Keen: El Concilio Vaticano II es un verdadero don para la Iglesia y el mundo, muy en especial en este milenio que nos ha tocado vivir. Siguiendo su pregunta, son muchísimos los aportes del Concilio, pero quisiera detenerme en algunos; en primer lugar resaltar esa nueva mirada al mundo, como realidad positiva, creada y querida por Dios y a la vez, herida por el pecado, a la que hay que responder desde la centralidad de Cristo, desde la total y plena vigencia del mensaje evangélico para todas las realidades humanas, hasta el punto de decir que nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en el corazón de la Iglesia. Es también muy hermoso profundizar en la eclesiología de comunión donde todos somos parte importante y querida por Dios para llevar a cabo la instauración de su Reino. Por supuesto, como laica consagrada, considero las importantísimas líneas sobre la participación activa del laicado en la misión común de la Iglesia y el llamado universal a la santidad.

¿Y qué faltaría aún por desarrollar?

--Alejandra Keen: En cuanto a lo que faltaría por desarrollar, pienso que ante todo, seguir las pistas de aquella “hermenéutica de la continuidad” de la que habla nuestro santo padre. Hay que seguir trabajando arduamente por ser portavoces fieles de la letra y el espíritu del legado del Concilio para que sea comprendido y vivido a profundidad y con fidelidad, para que se den los frutos de esa nueva primavera que tanto se espera en la Iglesia.

¿Cómo vienen incorporando los lineamentos del papa Benedicto XVI para vivir el Año de la Fe al interior de la Fraternidad?

--Alejandra Keen: Como punto de partida, hemos acogido con gran alegría y gratitud esta inspiración de nuestro santo padre: ¡qué necesario para nuestros tiempos es el conocer la fe, para poder crecer en ella! En la práctica, hemos dado impulso a un renovado estudio del Catecismo y de los documentos del Concilio, ya sea organizando actividades tanto al interior de nuestra Sociedad como con los grupos que dirijimos, poniendo especial empeño en participar en las iniciativas de las diversas diócesis en las que nos encontramos. Recientemente, hemos podido reunirnos todas las superioras y puedo dar testimonio de haber vivido como en un pequeño Pentecostés, renovándonos en nuestro encuentro con Cristo y desde ahí ha brotado un ardor por volver a cada una de nuestras comunidades revitalizadas en la misión de anunciar el evangelio de la reconciliación.

Ustedes trabajan en varios países de América Latina y también en los países desarrollados... ¿Cuál cree que puede ser el aporte pastoral del "Continente de la Esperanza", a los países de antiguo cristianismo?

--Alejandra Keen: Por un lado, está la vitalidad de la fe que si bien se ve afectada por el proceso de secularización que viene viviendo América Latina, todavía se puede decir que somos un continente católico. Se trata de una fe hecha vida, vivida en el seno de las familias, expresada en un apostolado creativo, en un mestizaje que expresa una fe hecha cultura; creo que ello puede ayudar a los países de antiguo cristianismo a volver sobre sus raíces, a recordar su propia identidad. Hay ciertos valores nacidos de la fe católica que los llevamos como en la “propia sangre” y que están impregnados en nuestra vida diaria. Esto nos otorga una sensibilidad y a la vez un horizonte de hasta dónde debe llegar a penetrar el evangelio. Europa, por ejemplo, ha sido forjada a partir de la fe cristiana, el lamentable proceso de descristianización que viene viviendo no es otra cosa, como dice el papa, que una traición a su propia identidad. Creo que el ver cómo se vive la fe en América Latina, con el frescor, la alegría y connaturalidad con la que se expresa, puede ayudar a superar la indiferencia y cerrazón actual de muchos europeos, alentándolos a volver sobre lo esencial, a ese anhelo de todo hombre, a esa verdad antropológica de haber nacido para amar y ser amados.

¿En cuáles países vienen desarrollando su trabajo?

--Alejandra Keen: El Señor nos ha enviado desde el Perú, a lo largo de nuestras primeras dos décadas de vida, a varios países de América Latina y el Caribe (Colombia, Ecuador, Chile, República Dominicana) y Norteamérica (Estados Unidos), así como a Europa (Italia e Inglaterra) y Oceanía (Australia). En total, actualmente estamos sirviendo apostólicamente en 17 diócesis.

¿En qué áreas realizan su apostolado?

--Alejandra Keen: Desde el carisma sodálite, desplegamos el servicio evangelizador específicamente en cinco áreas: el mundo de la juventud, el ejercicio de un amor solidario por los pobres, la promoción de la familia, la defensa de la vida y dignidad humanas y el compromiso en la evangelización de la cultura. Entre los proyectos apostólicos que realizamos vemos como una bendición: el “Convivio”, que es un congreso para estudiantes católicos que se realiza en diferentes países, trayendo muchos frutos de conversión y compromiso evangelizador para los jóvenes. También la Cruz Blanca en el Perú, que es un campamento para niños de muy bajos recursos; tanto para los niños como para los voluntarios, es una ocasión de aprender a amar y servir. Otros proyectos se pueden conocer a través de nuestra web.

¿Cuántas son los miembros de la Fraternidad actualmente?

--Alejandra Keen: El Altísimo, en estos años iniciales, nos ha bendecido con más de un centenar de vocaciones. Somos 140 fraternas provenientes de una rica diversidad y complementariedad de nacionalidades, como la peruana, colombiana, chilena, brasileña, ecuatoriana, estadounidense, española, inglesa, canadiense, alemana, india, costarricense, venezolana y mexicana.

Cuando Usted conversa con las laicas que recién ingresan, ¿qué motivo le dan para consagrar su vida para siempre?

--Alejandra Keen: Ante todo, ellas me comparten el misterio del llamado de Dios, esa experiencia de saberse amadas con un amor de predilección que porta todo un horizonte de servicio misional de su existencia. Al descubrirse llamadas específicamente a la Fraternidad, he encontrado en el corazón de cada una un deseo muy fuerte de ponerse totalmente al servicio del Señor en la tarea evangelizadora desde nuestro carisma. El “Hágase” de María en la Anunciación se vuelve un modelo, una fuente inspiradora que ayuda mucho en el discernimiento vocacional. A la vez, he notado siempre una honda sensibilidad por lo humano, por el dolor del mundo y por el deseo de estar al pie de la Cruz, como Santa María, participando del misterio de la reconciliación. Y este deseo de servir y esta solidaridad ante el dolor adquieren forma específica a través de la total y plena disponibilidad para el apostolado y esto a través de la obediencia, el celibato, el desapego a los bienes, y la vida en comunidad. Diría que las jóvenes escuchan un llamado fuerte a vivir la maternidad espiritual, a buscar que todas las personas a quienes Dios nos pide evangelizar, puedan a través de nuestro testimonio y apostolado, encontrarse con el Señor Jesús.

Muchos no tienen claro cuál es la diferencia entre una laica consagrada que vive en comunidad, de una religiosa de vida activa que vive en su convento..., ¿podría explicarnos esto?

--Alejandra Keen: La similitud principal está en la consagración a Dios porque se ha recibido un llamado personal para entregarse a Él totalmente y a través de Él a los seres humanos. La particularidad de una laica consagrada, es que esta entrega a Dios se da desde una mayor inserción en el mundo. Nuestra identidad laical nos lleva a ser mujeres de Dios que buscan irradiar en las raices de la cultura y del mundo el don de la fe, haciéndonos cercanas a las personas en sus propios ambientes. Por ejemplo, una de las maneras a través de las cuales se da esta inserción es aportando a la Nueva Evangelización desde nuestras carreras profesionales.

Digamos que están en el mundo sin ser del mundo…

--Alejandra Keen: Quien ha sido llamada a la vocación de ser laica consagrada experimenta por un lado, un llamado a estar en medio de las realidades del mundo como el fermento en la masa; por lo tanto, no confundiéndose con lo mundano del mundo, sino buscando atraer a todos hacia Dios. Y la consagración nos permite vivir en la experiencia de ser enteramente para Dios y para la misión de llevar a los hombres y mujeres a su vocación última que es Dios mismo. Es así que estas dos vivencias: la del laicado y la de la consagración, confluyen en una vocación muy hermosa en la que participamos activamente en el designio de reconciliación que el Señor tiene para el mundo. Esta vocación que amamos, es exigente, y solo se puede vivir desde una intensa vida de oración, para que nutridas de la gracia sacramental, vivamos una conversión continua. Se trata de ser evangelizadoras, permanentemente evangelizadas.

Y también viven en comunidad, ¿no?

--Alejandra Keen: En nuestro caso particular, nuestra vocación es a la plena disponibilidad para el apostolado, nuestros compromisos apuntan en esa dirección y vivimos en pequeñas comunidades que buscan vivir la experiencia de familia, como la familia de Nazaret. En estas comunidades establecidas en las ciudades donde estamos, centradas en la presencia del Señor en nuestras capillas, se forja una familiaridad, una hermandad en la que nos edificamos y ayudamos mutuamente para así alcanzar la santidad.

¿Qué planes de crecimiento tiene la Fraternidad? ¿Han recibido invitaciones recientemente para fundar?

--Alejandra Keen: Según como Dios ha querido configurar nuestra vocación, realmente no tenemos fronteras para nuestro servicio evangelizador. Habrá que ponerse a la escucha de sus planes amorosos para los nuevos rumbos a los que Él nos quiera enviar. Si bien es cierto que hemos recibido algunas invitaciones para abrir nuevas comunidades, por ahora --tras una etapa inicial de expansión a varios países--, el Espíritu Santo nos ha conducido a centrarnos en un fortalecimiento y cultivo hacia adentro, viviendo una importante y necesaria etapa de consolidación y crecimiento en los lugares en los que ya estamos. Vemos que además de los proyectos apostólicos actuales tenemos una gran tarea en las diócesis donde estamos presentes. En ellas tenemos la bendición de estar impulsando nuevas iniciativas apostólicas, desde nuestro llamado a la maternidad docente y en el apostolado de la evangelización de la cultura.

¿Cuál sería su mensaje a nuestros lectores, con motivo de los 15 años de ZENIT?

--Alejandra Keen: ZENIT presta un gran servicio a la Iglesia al informar sobre los diversos acontecimientos que esta vive, y muy en particular nos mantienen al tanto del ministerio del papa y por ese servicio les estamos profundamente agradecidos. Creo que cada uno tiene una misión que cumplir en el hermoso plan de Dios, por ello, así como a ZENIT le toca el apostolado en los medios de comunicación social, cada lector tiene su propio campo de apostolado en el cual está llamado a servir con generosidad, testimoniado la gran alegría de amar y servir al Señor.

Para conocer más: www.fraternas.org