La Familia Mercedaria al rescate de 270 millones de nuevos esclavos

Denuncia «las esclavitudes del Tercer Milenio»

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ROMA, martes, 13 noviembre 2006 (ZENIT.org).- La Familia Mercedaria celebró en Roma el pasado 10 de noviembre su Primer Congreso Internacional sobre el tema «Las esclavitudes del Tercer Milenio y la respuesta de los Mercedarios».



La Orden de la Merced para la Redención de los Esclavos se fundó en Barcelona, España, en 1218, por San Pedro Nolasco, tras una aparición de la Virgen.

La Familia Mercedaria, nacida con la tarea fundamental de liberar a los esclavos cristianos de los musulmanes, en sus casi 800 años de vida, ha generado toda una serie de institutos animados por el mismo carisma y nutridos con la misma devoción mariana redentora.

El Congreso quiso demostrar que «la esclavitud no es una monstruosidad del pasado de la que nos hemos definitivamente liberado, sino algo que sigue existiendo en todo el mundo, incluso en países desarrollados como Francia, Estados Unidos e Italia».

Según los Mercedarios, «a la esclavitud tradicional y al comercio de los esclavos, se añaden la venta de niños, la prostitución y la pornografía infantil, la explotación de mano de obra infantil, la mutilación sexual de las niñas, el uso de menores en los conflictos armados, la esclavitud por deudas, el tráfico de personas y la venta de órganos humanos, la explotación de la prostitución y ciertas prácticas de regímenes coloniales y de ‘apartheid’».

El Congreso dedicó mucha atención al fenómeno del tráfico de órganos.

El padre Dámaso Masabo, procurador general de la Orden de la Merced, denunció que «la venta de órganos en China es un mercado muy lucrativo: con 62.000 dólares se compran los riñones: con 15.000 dólares los pulmones; con 30.000 dólares, una córnea.

«También en Asia, en Pakistán, se venden más de 6.500 riñones al año. De Colombia, según los datos recogidos, en 2005, han sido exportadas más de mil córneas a diversos países del mundo», añadió.

«Recientes investigaciones en la Unión Europea –señaló--, han dado una nueva luz al precio de mercado: los vendedores, en su mayoría moldavos o búlgaros, venden un riñón por entre 1.900 y 3.800 euros; los compradores se lo implantan en Estambul por entre 100.000 y 180.000 euros.

El procurador general de los Mercedarios aportó a continuación algunas cifras relacionadas con el comercio y la explotación de los nuevos esclavos: «Más de 270 millones de personas viven subyugadas actualmente en el mundo, lo que supera los 11.698.000 deportados, capturados en África entre 1450 y 1900. Otros 200 millones de niños con explotados. Son más de 50 millones sólo en Asia. Datos del Ministerio de Interior hablan de 30.000 personas que actualmente en Italia se encuentran en estado de esclavitud».

El padre Dámaso Masabo afrontó también el flagelo de la prostitución: «Actualmente se calcula que hay entre 50 y 70.000 mujeres provenientes de África Oriental, de América Latina y del Este Europeo, que viven y trabajan en las calles de las ciudades italianas, o en los locales nocturnos. De estas, entre el 30 y el 40% son menores, entre los 14 y los 18 años».

La Familia Mercedaria, que defiende y ayuda a las víctimas de estas prácticas, entiende por situaciones de esclavitud las de «cualquier persona expuesta al estado de vulnerabilidad por una presión física y/o moral, encontrándose en una obligación de realizar un trabajo sin ser remunerada, en un contexto de privación de libertad y contrario a la dignidad humana».

Tras afirmar que «en Benin, los menores son vendidos a 75 francos suizos», el procurador general de la Orden explicó que «hoy, quienes compran esclavos, no piden un recibo o un certificado de propiedad, y sin embargo obtienen su control y recurren a la coerción para mantenerlo».

Los Mercedarios, que en los primeros 130 años de su historia liberaron a más de 52.000 esclavos, siguen ejercitando el cuarto voto, el de dar la vida por los otros, donde efectivamente exista una situación social en la que concurran: situación opresiva y degradante de la persona humana; situación que pone en peligro la fe de los cristianos; situación que ofrece la posibilidad de ayudar, visitar y redimir a las personas que se encuentran allí.

Son muy activas las congregaciones religiosas femeninas que, uniéndose espiritualmente a la Orden de Monjas Mercedarias Descalzas, forman la llamada Tercera Orden Regular de la Merced.

Forman parte de la Familia Mercedaria las Mercedarias Misioneras de Barcelona, nacidas en 1860, que se dedican al anuncio del Evangelio y a la promoción humana, a la enseñanza y a las obras sociales de caridad. Las Mercedarias de la Caridad (Málaga, España), fundadas en 1878, se empeñan e la asistencia a los enfermos, a los pobres y en la educación de los jóvenes.

Las Hermanas de Nuestra Señora de la Merced (Nancy, Francia), nacidas en 1864, se dedican a la educación de la juventud, a la asistencia a los huérfanos, ancianos y enfermos. Las Religiosas Terciarias del Niño Jesús (Córdoba, Argentina), fundadas en 1878, se dedican a la enseñanza, a la asistencia de huérfanos y a la evangelización en los suburbios de las ciudades.

Las Hermanas Mercedarias del Santísimo Sacramento (Ciudad de México, México), nacidas en 1910, se dedican a la enseñanza y en especial a la preparación de los niños para la primera comunión.

Las Mercedarias Misioneras de Bérriz (España), fundadas en 1930, se dedican a la evangelización en tierras de misión. Las Hermanas Mercedarias Misioneras de Brasil (Piauì, Brasil), fundadas en 1938, se dedican a la evangelización en las zonas rurales y asisten a los pobres, los marginados y los oprimidos.

Hay otros institutos no pertenecientes a la Orden Mercedaria pero inspirados en su espiritualidad como son: las Hermanas de la Misericordia, fundadas en Dublín en 1827; las Mercedarias del Divino Maestro, fundadas en Buenos Aires en 1889; las Oblatas Expiadoras del Santísimo Sacramento, nacidas en Santiago de Chile, en 1914; la Asociación Secular Nuestra Señora de la Merced, instituto secular de derecho diocesano, fundado en Jipijapa (Ecuador), agrupa a sólo laicos que se empeñan en la evangelización y practican las obras de misericordia.