La fe que opera en la caridad es el antídoto contra el nihilismo, advierte el Papa

Durante el rezo del Ángelus

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 18 noviembre 2007 (ZENIT.org).- «Contra la mentalidad nihilista, que en nuestra época cada vez va extendiendo más su influencia en el mundo», el «verdadero antídoto» es «la fe que opera en la caridad», advierte Benedicto XVI.



Al intervenir en el rezo del Ángelus, el Santo Padre hizo así una breve catequesis sobre el Evangelio dominical, que propone la reflexión sobre «la visión bíblica de la historia y refiere las palabras de Jesús que invitan a los discípulos a no tener miedo, sino a afrontar dificultades, incomprensiones y hasta persecuciones con confianza, perseverando en la fe en Él».

Y es que también dramas humanos y calamidades incluyen la historia, que «debe seguir su curso»; pero «en ella se desarrolla el proyecto de salvación al que Cristo ha dado ya cumplimiento en su encarnación, muerte y resurrección», recalcó el Papa.

Por eso, invitó --ante miles de fieles y peregrinos en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano-- a afrontar los sucesos diarios confiados en el «amor providente de Cristo», a no temer el futuro, «incluso cuando nos pueda parecer de tintes sombríos, porque el Dios de Jesucristo, que asumió la historia para abrirla a su cumplimiento trascendente, es su alfa y omega, el principio y el fin».

«Él nos garantiza que en cada pequeño pero genuino acto de amor está todo el sentido del universo, y que quien no duda en perder la propia vida por Él, la reencontrará en plenitud».

Testimonios vivos de esta perspectiva son las personas consagradas. Y en especial Benedicto XVI dirigió su recuerdo «a las llamadas a la contemplación en los monasterios de clausura», a quienes la Iglesia dedica una Jornada el próximo miércoles, memora de la Presentación de la Virgen María en el Templo.

Es la Jornada «Pro Orantibus», dedicada a las monjas y monasterios que se encuentran en especial necesidad.

«Mucho debemos a estas personas que viven de lo que la Providencia les procura mediante la generosidad de los fieles», reconoció el Papa.

«El monasterio --recordó--, como oasis espiritual, indica al mundo de hoy» «la única cosa decisiva: existe una razón última por la que vale la pena vivir, que es Dios y su amor inescrutable».

«La fe que opera en la caridad es el verdadero antídoto contra la mentalidad nihilista, que en nuestra época cada vez va extendiendo más su influencia en el mundo», concluyó.

Por Marta Lago