La fe y la salud

Desde hace tiempo diversos estudios demuestran que la práctica religiosa tiene consecuencias positivas para la salud física y mental. Recientemente nuevas investigaciones confirman esta relación.

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En Canadá el periódico "Globe and Mail" (18/9/00) informó que, según el Dr.


Chandrakant Shah de la Universidad de Toronto, hasta 43.000 muertos, que
representan la quinta parte de los fallecidos en el país cada año, podrían
atribuirse a un bajo nivel de vida espiritual. El Dr. Shah es profesor de
salud pública en la universidad y en su investigación analizó los datos de
1994-95 provenientes de un informe nacional sobre la salud.

Para llegar a sus conclusiones sobre la fe y la salud el doctor estudió
tres factores: la asistencia, o falta de ella, a un templo de culto; el
tipo de presiones experimentadas; los niveles de acción social y
comportamientos dirigidos a ayudar otras personas. Entonces esos datos
fueron relacionados con la mortalidad y las enfermedades. Resulta que en el
año 1994-95, fallecieron 211.386 personas. A ese dato se añade el hecho que
un 41% de los adultos canadienses no habían asistido a un templo durante
todo el año.

Las conclusiones ahora están en proceso de evaluación profesional, pero el
Dr. Shah afirma que si sólo un 6% más de canadienses participaran en actos
de culto, el número de muertos podría disminuir por cinco mil. Mientras que
si el 80% practicasen una fe, se podría reducir el número de muertos por
23.000.

El estudio argumenta que la dimensión interior de la espiritualidad otorga
a las personas un sentido y una meta para sus vidas. Al sentirse conectados
con un poder espiritual y al dejarse guiar por él, se reducen los niveles
de tensión. Además la paz interior que proviene de la práctica de una
religión disminuye el deseo de comportamientos donde lo único que se busca
es la satisfacción de los sentidos, como el alcohol, el tabaco y la
promiscuidad sexual, que tanto dañan la salud. Asimismo las personas que
cultivan la dimensión espiritual de sus vidas suelen ser más caritativos,
perdonan a los demás y desarrollan una vida social más rica.

Sin embargo el Dr. Shah admite que su estudio supone ciertos pasos que
algunos podrían cuestionar. En primer lugar se da por supuesto que existe
una relación directa y causal entre la espiritualidad y la mortalidad. En
segundo lugar supone que la asistencia a un templo de culto representa una
adecuada medida de la espiritualidad de una persona.

Otro punto por clarificar es la relación entre la espiritualidad y la
religión. El Dr. Shah admite que no son términos sinónimos y define el
primero como creencias, valores y comportamientos que una persona tiene y
que reflejan la relación con un poder superior y con el ambiente en donde
vivimos. Mientras que la religión implica la creencia en un poder
sobrenatural, especialmente en un Dios personal.

La evidencia de otros estudios

Aunque los resultados de un solo estudio podrían ser objeto de dudas, las
conclusiones del Dr. Shah están apoyadas por un análisis de otras 42
investigaciones, presentado por el Instituto Nacional de Salud de Estados
Unidos. En el conjunto de esos estudios unas 126.000 personas fueron
evaluadas y la conclusión es que la asistencia regular a un templo de culto
está relacionada a una vida más larga. Concluyeron que la fe religiosa y la
espiritualidad están conectadas con una mayor resistencia a las presiones
de la vida, una orientación más positiva al nivel psicológico y menos
preocupaciones mentales.

Según el "Sunday Times" (4/6/00), aunque estudios previos habían demostrado
que la participación religiosa ayudaba en problemas con la presión de la
sangre, problemas de corazón y enfermedades mentales, es la primera vez que
se ha analizado de una manera tan completa la relación entre la fe y el
promedio de vida. Las conclusiones del análisis del conjunto de los
estudios fueron presentadas por el psicólogo Dr. Michael McCullough.

Los resultados demostraron que es de particular importancia la actividad
religiosa pública. Aunque las personas que afirman la propia religiosidad,
sin practicarla, viven un poco más, los beneficios son mucho más notables
cuando hay asistencia regular a un templo público. Por ejemplo, uno de los
estudios analizó a 21.000 personas y descubrió que los que nunca fueron a
una iglesia, sinagoga o templo tenían casi el doble de riesgo de morir
durante los siguientes nueve años, en comparación con los que participaban
una vez a la semana en un acto religioso público.

El Dr. McCullough explicó que son varios los factores que están detrás de
esta diferencia: muchas religiones tienen preceptos sobre el uso excesivo
de alcohol y el abuso de drogas. Igualmente las personas que son religiosas
suelen tener mayor respeto por su cuerpo. Otro factor es el beneficio de
las relaciones sociales que se forman entre los que participan juntos en
los servicios religiosos. En adición existe una fuerte relación entre
algunos problemas mentales y las actitudes psicológicas, que pueden ser
ayudadas por la práctica de una religión.

Los autores de los estudios notaron también que los creyentes se
beneficiaron de la convicción de que las injusticias de la vida serán
remediadas por Dios, además de experimentar la ayuda de la esperanza en
medio de sus problemas en esta vida.

Otro resultado interesante del estudio es que las mujeres se benefician más
que los varones de la práctica religiosa. Aunque los dos sexos viven más
tiempo si participan en servicios religiosos, las mujeres obtienen casi el
doble de beneficio en comparación con los varones.

Uno de los estudios, el de la Universidad de Texas, confirmó que la
supervivencia a largo plazo después de intervenciones quirúrgicas del
corazón depende de la religiosidad. Los autores opinaron que las personas
con fe sufren menos ansiedad sobre la muerte que los no creyentes.

El Dr. McCullough hizo notar que como la religión ayuda tanto en prolongar
la vida, la relación entre los dos debe ser objeto de más estudio por parte
de los médicos. Por lo visto los efectos de la religión sobre la mortalidad
son tan importantes como otros factores que reciben mayor atención, como el
nivel social y económico.

Otro estudio de Canadá

Otro estudio canadiense, presentado poco antes que el del Dr. Shah
(National Post, 5/9/00), demostró el influjo positivo de la dimensión
interior de la persona para la salud. En este caso se trataba de una
investigación entre personas que estaban sufriendo enfermedades terminales
y que fueron tratadas en el Hospital de la Princesa Margarita de Toronto.
Resultó que los enfermos que practicaban la meditación triplicaron el
tiempo de vida que los doctores habían previsto para ellos.

En total la investigación, bajo la dirección del Dr. Alastair Cunningham
del Instituto de Cáncer de Ontario, examinó los casos de 22 pacientes. El
Dr. Cunningham afirmó que se había confirmado lo que él había observado
durante veinte años de tratar a las personas.

El estudio, que comenzó hace seis años, cuenta la situación de 22
pacientes, todos ellos con pronóstico de un año de vida según los expertos
médicos. La edad de los enfermos variaba de los 31 a los 67 años y había
gran diferencia entre los tipos de cáncer que padecían.

Cada semana los enfermos asistían a las clases dirigidas por el Dr.
Cunningham, que ponían mucho énfasis en las técnicas psicológicas para
afrontar el cáncer. Con el paso del tiempo se dividió el grupo en tres
niveles, según el esfuerzo y participación que pusieron en el programa.

Resultó que los enfermos del grupo de baja participación murieron
exactamente según las previsiones de los doctores. Mientras que los del
nivel más alto de participación sobrevivieron el triple del tiempo que se
les había pronosticado, e incluso dos de ellos se curaron de su enfermedad.

El Dr. Cunningham comentó que las personas que han logrado mayor armonía,
un nivel de sentido en sus vidas y mayor control personal están en
condiciones de controlar mejor su cáncer. De alguna manera esas diferencias
psicológicas se traducen en un cambio que disminuye la velocidad del cáncer.
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