La fuerza edificadora de la Palabra de Dios, según el Santo Padre

En la consagración de una parroquia romana, explica el sentido de los edificios sacros

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ROMA, domingo, 10 diciembre 2006 (ZENIT.org).- Sin la Palabra de Dios no existe comunidad, pero con Su Palabra se edifica, es una Palabra que construye, recuerda Benedicto XVI.



El Santo Padre profundizó en este tema en la mañana de este domingo cuando consagró –por vez primera como obispo de Roma- una parroquia, la de Santa María Estrella de la Evangelización, en el barrio de Torrino (norte), de su diócesis.

Y abordó el significado de un edificio sacro como casa de Dios y casa de los hombres, partiendo para ello del relato de la reedificación del pueblo de Israel, de la ciudad santa de Jerusalén y del templo tras el retorno del exilio.

Una reconstrucción externa no puede progresar «si antes no se reconstruye el pueblo mismo como tal, si no se hace operante un criterio común de justicia que una a todos», explicó.

Y «la verdadera justicia no puede ser inventada por el hombre -recordó-: más bien debe ser descubierta. En otras palabras, debe venir de Dios, que es la justicia», y es «la santa Palabra de Dios» la que «indica a los hombres el camino de la justicia».

De hecho -recalcó- «siempre la Palabra de Dios es fuerza de renovación que da sentido y orden a nuestro tiempo».

De lo anterior se desprende también el sentido del «edificio de la iglesia»: existe «para que la Palabra de Dios pueda ser escuchada, explicada y comprendida entre nosotros; existe para que la Palabra de Dios obre entre nosotros como fuerza que crea justicia y amor», expresó el Papa.

«Existe, en particular, para que en él pueda comenzar la fiesta en la que Dios quiere hacer participar a la humanidad no sólo al final de los tiempos, sino desde ahora», añadió.

«Existe -subrayó- para que se despierte en nosotros el conocimiento de lo justo y del bien, y no existe otra fuente para conocer y dar fuerza a este conocimiento de lo justo y del bien más que la Palabra de Dios».

«El edificio existe, por lo tanto, para que aprendamos a vivir el gozo del Señor, que es nuestra fuerza. Y oramos al Señor para que nos haga dichosos de su Palabra», «de que no vivamos en la oscuridad, sino que existe esta luz de una Palabra que viene de Dios», constató.

«Oramos al Señor para que nos haga dichosos de la fe -siguió-, ¡para que esta alegría nos renueve a nosotros y al mundo!».

La clave, según el Papa, es que «sin la Palabra de Dios no existe comunidad», pero por otro lado «la Palabra de Dios no es sólo discurso, sino que conduce a edificar, es una Palabra que construye».

Más aún: «la Palabra de Dios no es sólo palabra. En Jesucristo ella está presente en medio de nosotros como Persona», y éste «es el objetivo más profundo de la existencia de este edificio sacro: la iglesia existe porque en ella encontramos a Cristo, el Hijo del Dios vivo».

Y es que «Dios tiene un rostro», «un nombre»; «en Cristo, Dios se ha hecho carne y se dona a nosotros en el misterio dela Santísima Eucaristía. La Palabra es carne. Se dona a nosotros bajo la apariencia del pan y se transforma así verdaderamente en el Pan del que vivimos», reconoció Benedicto XVI.

«Nosotros, los hombres, vivimos de la Verdad. Esta Verdad es Persona: ella nos habla y nosotros le hablamos. La iglesia es el lugar de encuentro con el Hijo del Dios vivo y así el lugar de encuentro entre nosotros», aclaró.

«Es éste el gozo que Dios nos da -apuntó-: que Él se hizo uno de nosotros, que nosotros podemos casi tocarle y que Él vive con nosotros. La alegría de Dios realmente es nuestra fuerza».

Finalmente Benedicto XVI miró a María: a través de Ella la Palabra se hizo carne. «María nos dice para qué objetivo existen los edificios de las iglesias» -sintetizó-: «para que dentro de nosotros se haga lugar a la Palabra de Dios; para que dentro de nosotros y a través de nosotros la Palabra también pueda hacerse hoy carne».