La globalización está poniendo a prueba la dignidad de la gente del mar, alerta la Santa Sede

En su Mensaje para el domingo del Mar 2006

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 14 julio 2006 (ZENIT.org).- Una «dura prueba» representa la globalización para la dignidad de los trabajadores del sector pesquero, advierte el dicasterio vaticano que engloba la pastoral dirigida a la Gente del Mar.



El próximo domingo numerosos países del mundo celebran el domingo del Mar, promovido por organizaciones como los Apostolados del Mar –a los que engloba el Consejo Pontificio para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes--, una red internacional de asociaciones y organizaciones católicas fundada en 1922 y actualmente presente en al menos 116 naciones.

La jornada dirige el pensamiento y la oración «a todos los marinos, a los pescadores, al personal y a los pasajeros de los barcos cruceros, a los que participan en las competiciones náuticas y a los que se dedican al pequeño cabotaje, así como también a sus familias», apunta el presidente del citado dicasterio, el cardenal Renato Raffaele Martino, en un mensaje por la ocasión.

Hay un renovado optimismo en el Apostolado del Mar –reconoce el purpurado--, pues el pasado febrero «se adoptó una nueva Convención Consolidada sobre el Trabajo Marítimo abriendo así el camino (si es ratificada y actuada) a un nuevo orden marítimo mundial que ofrecerá nuevas oportunidades de trabajo digno y productivo».

Pero a la vez lamenta que no se aprobara, durante la 93ª Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo de 2005, la Convención sobre el trabajo en el sector de la Pesca.

Y es que con tal «instrumento internacional todo tipo de pesca profesional se habría vuelto más seguro y justo», reconoce el cardenal Martino.

Ciertamente «el comercio marítimo» está «gozando de un buen período de crecimiento» y existe una demanda sin precedentes de productos pesqueros, pero «la globalización pone a dura prueba la dignidad de los que están comprometidos en esta industria, mientras que la vida en el mar sigue siendo difícil y peligrosa», recuerda.

Especifica que «la globalización del trabajo y de la economía en el comercio marítimo, la pesca ilegal, no regulada y no registrada, pero también reglamentos rígidos que no tienen en cuenta las necesidades esenciales de las comunidades de pescadores, afectan a la profesión y al ambiente marítimo».

«Para contrarrestar todo esto y contribuir a un nuevo orden social, es esencial establecer relaciones de solidaridad y de cooperación con y entre las comunidades de los marinos y pescadores», exhorta.

Entre los conceptos fundamentales de la doctrina social de la Iglesia, la solidaridad «se basa en los principios de la dignidad de la persona humana y del bien común», explica el purpurado, también presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz.

Y aunque son muchas «las cosas que contribuyen en el bienestar del individuo» --advierte que son indispensables «buenas condiciones materiales y de trabajo»--, «es igualmente fundamental el respeto de las dimensiones sociales y espirituales de cada persona» sin lo cual «no es posible una felicidad verdadera y sostenible».

En su mensaje, el purpurado expresa el deseo del dicasterio de que se presente de nuevo y se adopte, en la próxima Conferencia de la OIT, la propuesta de la Convención sobre el trabajo en el sector de la Pesca.

De ahí que sea importante que «los miembros del Apostolado del Mar sigan uniendo sus fuerzas conjuntamente con las organizaciones locales de pescadores --señala-- a fin de que se promueva el entendimiento y la adopción de tan importante instrumento».

Y al Apostolado del Mar exhorta a que permanezca «fiel a su vocación» y «perspectiva cristiana».

Gdynia (Polonia) será sede, del 24 al 29 de junio de 2007, del XXII Congreso Mundial del Apostolado del Mar, una oportunidad en la que se profundizará en el alcance de tal pastoral, la espiritualidad de este apostolado y su aportación específica al mundo marítimo.