La guerra «en nombre de Dios» no existe en ninguna religión

Concluye en Roma el Simposio Interreligioso

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CIUDAD DEL VATICANO, 20 enero 2003 (ZENIT.org).- La cooperación interreligiosa, lejos de ser una alternativa, es una necesidad para evitar la guerra.



Así se desprende de la síntesis del Simposio organizado por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso bajo el lema «Los recursos espirituales de las religiones por la paz».

En los dos días de trabajo del encuentro han participado representantes del cristianismo, islamismo, budismo, sijismo, jainismo y zoroastrismo.

El simposio continúa el propósito de la asamblea organizada por el mismo Consejo en octubre de 1999 sobre el tema «Hacia el Tercer Milenio – Colaborar para un diálogo entre las religiones» y de la Jornada de Oración interreligiosa promovida el 24 de enero del año pasado por Juan Pablo II en Asís, después de los atentados del 11 de septiembre.

El arzobispo de Washington, el cardenal Theodor McCarrick --presente en el simposio que concluyó el sábado--, explicó a los micrófonos de Radio Vaticana los aspectos fundamentales que las diferentes religiones deben observar para lograr el objetivo común de la paz y fraternidad entre los hombres.

«Debemos verificar ante todo que estamos haciendo una lectura correcta de los textos sagrados --indicó monseñor McCarrick--, que en cada religión llevan impresos principios de amor y de paz. La llamada a la guerra en nombre de Dios, no pertenece a ninguna religión».

«La segunda tarea es que todas las religiones colaboren juntas --prosiguió--. Finalmente, el tercer y último aspecto es someter insistentemente a los gobiernos nuestras exigencias de paz».

Según el arzobispo de Washington, se debe explicar a los gobiernos los principios según los cuales se declara «justa» una guerra. «Y en este momento no disponemos de suficientes informaciones para definirla así», constató.

«Creo que nadie desea la guerra en Estados Unidos; el presidente Bush no la quiere. Hay que saber más antes de emprender una acción en la que muchas personas morirán y se producirán otros hechos terribles», subrayó el cardenal Theodor McCarrick.

Las distintas religiones presentes en el encuentro propusieron tesis en las que se subraya la pertenencia de toda persona a la común familia humana.

«Hemos partido de nuestra Escritura. En todas las tradiciones hay un llamamiento a la paz, aunque existen textos que requieren más interpretación», constató el arzobispo Michael Louis Fitzgerald, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso.

«Hemos pensado también en la vitalidad de las diferentes comunidades religiosas. Y hemos considerado el encuentro interreligioso. Cuando las personas viven juntas, se encuentran, trabajan codo a codo, discuten: ello crea un clima de confianza, por lo que es difícil después separarse y decir “estamos en guerra”», concluyó monseñor Fitzgerald.

En la clausura del Simposio estaba prevista la participación del patriarca latino de Jerusalén, Su Beatitud Michel Sabbah, quien no pudo dejar el aeropuerto de Tel Aviv debido a los controles a los que fue sometido por los servicios de seguridad israelíes, pese a estar en posesión del pasaporte diplomático de la Santa Sede.

En cualquier caso, se procedió a la lectura de su intervención, en la que se recalcó la importancia de las religiones en la situación de Oriente Medio, a fin de «llevar esperanza y reconciliación en un momento en que éstas parecen ser un milagro inalcanzable».

El Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso fue instituido por Pablo VI en 1964 con el objetivo de promover el diálogo entre los creyentes de otras religiones, según el espíritu del Concilio Vaticano II, en particular de la declaración «Nostra Aetate».

Sus tareas fundamentales son tres: promover la mutua comprensión, el respeto y la colaboración entre católicos y seguidores de otras tradiciones religiosas; alentar el estudio de las religiones y promover la formación de personas orientadas al diálogo.