La Iglesia en América Latina: BOLIVIA

Una mirada al continente del papa Francisco (I)

Lima, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 954 hits

Iniciamos una nueva serie de artículos en ZENIT, con el deseo que los lectores conozcan un poco más a la Iglesia de América Latina a través de sus diferentes países. Sobre este continente se ha centrado la atención del mundo en los últimos meses, especialmente porque de sus tierras ha sido elegido el papa Francisco, quien venía ejerciendo sus labores de pastor como arzobispo de Buenos Aires en Argentina.

Los artículos ofrecidos toman como base el Observatorio Pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano - Celam (OPC), que en un esfuerzo loable viene poniendo “el lente” sobre los desafíos y potencialidades del también conocido “Continente de la esperanza y de la Caridad”, término este último añadido por el papa Benedicto XVI en su viaje a Brasil en 2007, para inaugurar la V Conferencia General del Celam en Aparecida.

Les invitamos a este viaje por las Iglesias latinoamericanas, ricas en tradición, devociones, modelos de santidad y atención preferencial por los más necesitados.

Nace el cristianismo en Bolivia

Los primeros misioneros llegados a tierras bolivianas con los españoles en el siglo XVI fueron mercedarios, dominicos, franciscanos, agustinos y jesuitas, quienes con el primer clero diocesano llevaron adelante la labor evangelizadora.

Según reporta el OPC, con el nombre de La Plata o Charcas, el 27 de junio de 1552, el papa Julio III erigió el primer obispado, nombrando al dominico Tomás de San Martín como primer obispo y con asiento en la ciudad de Chuquisaca. Recién en julio de 1609 fue elevada a la categoría de arquidiócesis por el papa Paulo V, confiándole el cuidado de la grey a Alonso de Peralta, primer arzobispo, quien vio cómo su jurisdicción cambiaba de nombre a Arquidiócesis de Sucre el 11 de noviembre de 1924.

Más adelante, el papa Paulo V erigió las diócesis de La Paz y Santa Cruz, el 4 y 5 de julio de 1605 respectivamente, separándolas de la diócesis de Sucre. Nuevos cambios y creaciones se darían a través de los años.

Organización actual

La Iglesia católica boliviana está organizada por cuatro arquidiócesis (Cochabamba, La Paz, Santa Cruz, Sucre), seis diócesis (Coroico, El Alto, Oruro, Potosí, San Ignacio de Velasco, Tarija), cinco vicariatos apostólicos (Camiri, El Beni, Ñuflo de Chávez, Pando, Reyes), dos prelaturas territoriales (Aiquile y Corocoro) y un ordinariato Castrense.

Bolivia cuenta con un cardenal, el arzobispo de Santa Cruz, Julio Terrazas Sandoval, de la congregación de los redentoristas, quien dejará el cargo en poco tiempo ante su renuncia por límite de edad.

Relación Iglesia-Estado

Según los datos proporcionados por el OPC, la anterior Constitución reconocía a la religión católica como la oficial en el país. Esto cambió con la reforma a la Carta en 2009, que la equipara a las demás creencias y cultos. En el artículo 4 se lee: “El Estado respeta y garantiza la libertad de religión y creencias espirituales, de acuerdo con sus cosmovisiones. El Estado es independiente de la religión”.

Si bien esta igualdad se definió en el texto contitucional, la Iglesia católica recibe constantes presiones y reacciones a sus posturas por parte del Gobierno Nacional. Según narra el OPC, “la Iglesia en su misión profética, no ha dejado de emitir su opinión sobre la coyuntura política, social y económica del país, preocupada por la realidad del pueblo boliviano y el respeto por la dignidad de los individuos y su pueblo.”

En los diferentes comunicados y declaraciones del episcopado y de los ordinarios de cada lugar, siempre se ha venido alertando sobre los problemas que acarrea “la extrema pobreza, el narcotráfico, el alza de precios de la canasta familiar, la democracia que a menudo han denominado formal, (pero) poco participativa y consensuada; visibilizando la grave contaminación y deterioro ambiental”, y con una preocupación especial por el cuidado de las comunidades y el medio ambiente.

Otras creencias

Con cifras de 2001, el OPC informa que el censo de ese año registró que el 78% de la población era católica, y que las denominaciones protestantes representan el 19% de la población, encontrándose un número más alto de católicos en las áreas urbanas que en las áreas rurales, donde la afiliación protestante alcanza un nivel aproximado del 20%.

Hay un 2.5% de la población que indicó no tener afiliación religiosa, y menos del 0.2% declaró tener una afiliación con otras confesiones religiosas, incluyendo el Islam, mormones, entre otros.

El mismo Informe señala que una buena parte de la población indígena practica diversas religiones “con elementos  sincréticos o complementarios con el catolicismo desde sus cosmovisiones y tradiciones ancestrales”. Se conoce el tradicional culto a la “Pachamama” o Madre Tierra, que según el OPC se combina con la veneración a la Virgen de Copacabana, la Virgen de Urkupiña, la Virgen del Socavón o el Señor Jesús del Gran Poder.

Ante el deseo de algunos líderes indígenas, quienes han buscado reivindicar sus creencias ancestrales originarias, en el año 2009, un Decreto Supremo decidió reconocer el festejo del “Año Nuevo Aymara o Wilka Kuti” (retorno del sol), fiesta que celebra el inicio de un nuevo ciclo solar con la llegada del solsticio de invierno.

Enseñanza de la religión

Respecto a la educación, el OPC señala que el Gobierno Nacional ha introducido modificaciones al pensum de los colegios, frente a lo cual la Iglesia Católica encuentra restricciones para la libertad de educación. Esto es porque el modelo de educación en el que el Estado es el único educador en la sociedad, desconoce el derecho a elegir de los padres sobre el tipo de educación de sus hijos y los de la misma sociedad.

Al ser el Estado el único formador de los maestros, los profesores de religión pasan a ser “profesores de cosmovisiones tradicionales”.

El OPC informa que los obispos ven con esperanza el crecimiento de la autoestima de las diferentes culturas nacionales, en especial de las indígenas, así como el aprecio por sus valores y lenguas, reconociendo la complementariedad y riqueza de la diversidad e interculturalidad, “pero preocupa que, con el objetivo de reafirmar la propia identidad se caiga en la tentación de resaltar las diferencias y se pierda de vista que hay también lazos muy fuertes que los unen e identifican a todos como bolivianos”.

Una comunidad que sirve

Son dieciocho las jurisdicciones eclesiásticas que agrupan a 607 parroquias. Trabajan también un aproximado de 550 presbíteros diocesanos, 650 sacerdotes religiosos, 78 diáconos permanentes, 1.258 religiosos y 2.658 religiosas.

El OPC detalla que un servicio importante al país es la educación, con cerca de 1.900 instituciones educativas. Se ofrecen 635 obras de beneficencia, por medio de las cuales se atiende a los más necesitados, “a pesar de las dificultades frente a las nuevas políticas y reglamentaciones del Gobierno Nacional que buscan un mayor control de la fundamentación humana de la formación y la educación desde una perspectiva que margina la religión católica”.

Es así que la Iglesia boliviana acompaña a las comunidades “en los rincones más recónditos del país en su misión de anunciar el evangelio y compartir y acompañar a las comunidades en su caminar, hacía la realización del más alto grado de dignidad de sus pueblos, como hijos de Dios”.

Prioridades pastorales

Bolivia, como los demás países de la región, centra sus esfuerzos en realizar una pastoral de conjunto “que permita realizar más que actividades, procesos que conlleven a la realización de espacios de comunidad entre la sociedad y la vivencia cristiana en los diferentes ámbitos sociales y culturales de la vida del pueblo boliviano”, según el diagnóstico del OPC.

Se lee en el mismo documento, que la Conferencia Episcopal Boliviana, a partir de las conclusiones de Aparecida, ha elaborado un nuevo enfoque con directrices que se proyectaron hasta el año 2013. Esto a partir de seis prioridades, como son: una Iglesia al servicio del anuncio de Jesucristo vivo (Kerygma), al servicio de la Palabra de Dios y de la misión; con impulso a los itinerarios formativos de la fe, al servicio de la comunión y en la promoción y defensa de la vida.

Frutos de santidad

La Iglesia boliviana tiene muchos ejemplos de pastores y evangelizadores que ayer y aún hoy son un testimonio vivo de amor a Cristo y de heroicidad en el anuncio de sus enseñanzas salvíficas.

Es así que los fieles pueden venerar a la beata Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús, nacida en Madrid, España en 1889, y muerta en Buenos Aires el 6 de julio de 1943. Esta santa mujer llegó a Bolivia en 1916 para atender un asilo de ancianos, y fundó luego la comunidad Hermanas Misioneras Cruzadas de la Iglesia en 1925 en Oruro, primera congregación misionera de Bolivia.

Como relata el OPC, Juan Pablo II decidió proclamarla beata en septiembre de 1992, a raíz de un milagro ocurrido en un hospital de Argentina, donde gracias a oraciones que le dirigió una mujer que se encontraba desahuciada, recuperó la salud en la puerta del quirófano.

Actualmente, existen más de mil religiosas distribuidas en América, Europa y África y su fiesta se celebra el 6 de julio.

Son dos los siervos de Dios que van camino a los altares en Bolivia. Uno es Francisco Tito Yupanqui, indígena aimara nacido en Copacabana en 1550, y muerto en el Cusco en 1616. Los obispos conformaron una comisión para que reúna todos los antecedentes de sus milagros, y podría convertirse en el primer santo propiamente boliviano.

La otra sierva de Dios es Virginia Blanco Tardío, laica nacida en Cochabamba y reconocida por su piedad y labor comprometida con la comunidad. Vivió entre 1916 y 1990 y a la fecha tiene numerosos seguidores. Según se lee en el OPC, en 2006 la Congregación de las Causas de los Santos dio su visto bueno a la solicitud de beatificación y desde entonces el proceso continúa.

Se reconoce que Virginia Blanco ha realizado milagros en casos de recuperación de la salud. Cada domingo cientos de fieles se reúnen para rezar ante su imagen en una capilla del policonsultorio El Rosario, de Cochabamba, obra social que fuera inaugurada por ella en 1977.

Santuarios de la fe

Algunos de los santuarios que dan testimonio de la fe del pueblo boliviano son el de Cotoca en Santa Cruz, el de la Virgen del Socavón en Oruro, de la Candelaria en Copacabana, y el de Santa María de Urcupiña.

Por mencionar uno, el Santuario de la Virgen del Socavón se encuentra en la ciudad de Oruro, en el altiplano a 3.700 metros de altura. El culto a la Virgen del Socavón aparece en las últimas décadas del siglo XVI, es decir aproximadamente al tiempo en que se iniciaba la veneración a la Virgen de Copacabana.

La Virgen del Socavón ha sido declarada patrona de los mineros y folkloristas. Es la meta de peregrinaciones a lo largo de todo el año, sobre todo de parte de los pueblos del altiplano. Pero el periodo de mayor concurrencia es el tiempo de Carnaval, en que miles de danzarines bailan a la Virgen. El 18 de mayo de 2001 la UNESCO proclamó el Carnaval de Oruro como obra Maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad.

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