La Iglesia en América Latina: CHILE

Una mirada al continente del papa Francisco (VI)

Lima, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 1053 hits

Ofrecemos a nuestros lectores un nuevo artículo de la serie sobre la Iglesia en América Latina. Consciente del interés que viene suscitando el subcontinente del papa Francisco, ZENIT viene difundiendo el valioso estudio del Observatorio Pastoral del Celam (OPC), que nos acerca a la realidad pastoral, social y devocional de los pueblos latinoamericanos.

En esta oportunidad, conoceremos un poco más a la Iglesia chilena.

Bases de la evangelización

El OPC nara a modo de crónica, que la Iglesia católica en Chile inició su misión con la expedición de conquista liderada por Pedro de Valdivia. El 13 de diciembre de 1540, en el valle del río Mapocho se reporta su primera presencia, con los sacerdotes Juan Lobo y  Diego Pérez y el bachiller Rodrigo González Marmolejo, quien fue designado como primer obispo de Santiago, el 27 de junio de 1561, por el papa Pío IV, quien también creó el 22 de mayo de 1563 la diócesis de la Santísima Concepción en La Imperial, con fray Antonio de san Miguel Avendaño y Paz, como primer obispo.

Las órdenes religiosas de los mercedarios, dominicos, franciscanos, jesuitas y agustinos tuvieron un papel destacado durante la Colonia. En 1622, los dominicos fundaron la Universidad Santo Tomás de Aquino, y en 1623, los jesuitas crearon el Colegio Máximo de san Miguel, que funcionaron hasta mediados del siglo XVIII. Fueron reemplazadas por la Real Universidad de san Felipe que luego se convirtió en la Universidad de Chile, por las autoridades republicanas.

Relación Iglesia-Estado

Durante la Independencia, reseña el OPC, la Iglesia desempeñó un papel significativo. En la Primera Junta Nacional de Gobierno el arzobispo de Santiago fungió como su vicepresidente. Durante la llamada “República conservadora”, en la Constitución Política de 1833 se declaró a la religión católica como religión oficial del Estado. En la Constitución de 1925 se declaró el Estado laico.

Se lee también que en la etapa de la dictadura del general Augusto Pinochet, “la Iglesia desempeñó un papel fundamental en la defensa de los derechos humanos y la promoción de las víctimas del conflicto sociopolítico”. La Vicaría de la Solidaridad se convirtió “en un símbolo de promoción y defensa de los derechos humanos de los perseguidos por el régimen”.

Hoy en general, se conoce que “la Iglesia mantiene un alto nivel de consideración en los organismos e instituciones del Estado y entre las autoridades y dirigentes de la sociedad”.

El Informe destaca asimismo que las autoridades públicas reconocen y valoran a la Iglesia y suelen consultarla o solicitarle su colaboración ante proyectos o situaciones difíciles para el país, pero reconoce que “no siempre las decisiones públicas siguen sus planteamientos, particularmente en temas de familia, sexualidad y educación, lo que ha llevado ocasionalmente a confrontación pública de ideas y posturas sobre estos temas”.

Enseñanza escolar de la religión

Se constata en el OPC que en Chile la Enseñanza Religiosa Escolar-ERE se fundamenta jurídicamente en la Constitución política de 1980, en la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza No. 18.962, del 10 de marzo de 1990, y en el Decreto Supremo No. 924, de septiembre de 1983. Este último decreto es muy importante, ya que fija dos horas de religión por curso desde Kinder a Cuarto Medio.

El análisis del Celam ha revelado que “todos los colegios tienen la obligación de impartir estas horas de educación religiosa, pero son de libre elección para los padres de familia, quienes, a su vez, pueden optar entre las denominaciones religiosas cuyos programas han sido aprobados por el Ministerio de Educación Nacional”.

Otro aspecto que destaca el Informe, es que los planes de la ERE son elaborados por las iglesias y se presentan al MEN para aprobación oficial. Por otro lado, los profesores de ERE deben poseer el título profesional como educadores y tener el Certificado de Idoneidad, expedido por el ordinario del lugar.

Comunidad que sirve

La Iglesia Católica en Chile se conforma de 27 jurisdicciones eclesiásticas, que son: cinco arquidiócesis: Antofagasta • La Serena • Santiago • Concepción • Puerto Montt; 19 Diócesis: Arica • Iquique • Calama • Copiapó • San Felipe • Valparaíso • Melipilla • San Bernardo • Rancagua • Talca • Linares • Chillán • Santa María de Los Ángeles • Temuco • Villarrica • Valdivia • Osorno • Ancud • Punta Arenas; una prelatura: Illapel; un vicariato apostólico, que es Aysén; el Obispado Castrense y la Prelatura Personal del Opus Dei.

La Conferencia Episcopal Chilena expande su trabajo a través de cinco comisiones episcopales, que trabajan de acuerdo con las orientaciones de la Asamblea Plenaria y el Comité Permanente de la Conferencia. Estas son: Doctrinal, Seminarios, Derecho Canónico, Pastoral y Administración.

Es así que la llamada Comisión Pastoral, junto con el Secretario General, dirige los organismos nacionales de pastoral, que están organizados en áreas pastorales y secciones, tales como Comunidades y Ministerios , Pastoral Bíblica, Diaconado Permanente, Pastoral Familiar, Justicia y Paz, Comunicaciones, Cultura, Pastoral Universitaria, entre otros.

El Informe del OPC identifica que la Iglesia católica en Chile  presta sus servicios asistenciales y sociales a través de 1.026 centros, que incluyen: 286 centros especiales para educación social; 202 casas para ancianos, enfermos crónicos, inválidos y minusválidos; 86 centros ambulatorios, 83 guarderías infantiles; 72 consultorios familiares y 29 hospitales.

La acción de los católicos en el campo educativo es muy significativa. En una lectura atenta del documento, se identifica que existen 541 jardines infantiles un total de 50.954 niños y niñas. En los 713 colegios básicos se educan 326.651 niños y niñas, y en los 468 colegios de enseñanza básica y media participan 166.448 jóvenes; en las 13 universidades católicas, dos de ellas pontificias, se forman 35.989 profesionales. Funcionan además 5 institutos profesionales.

Los agentes de la pastoral

El total de obispos es de 50, de los cuales 34 están en ejercicio. La Iglesia cuenta con dos cardenales (Errázuriz y Medina Estevez), cinco arzobispos, 22 obispos diocesanos y cinco obispos auxiliares.

El total de presbíteros es de 2.400, de los cuales 1.161 con diocesanos y 1.239 religiosos. Los candidatos al presbiterado son 796, de ellos van 354 para el clero diocesano. Los diáconos permanentes son 850, de los cuales cinco son del clero religioso.

El OPC explica que el trabajo se realiza en 937 parroquias extendidas en todo el territorio, de las cuales 640 están a cargo del clero diocesano, seis son atendidas por diáconos permanentes, cinco por religiosas y dos por laicos. Las restantes son atendidas por clero religioso. Se cuenta con un total de 3.346 otros centros pastorales, tales como ccapillas, Comunidades eclesiales de base y centros de oración).

Los religiosos son 467 y las religiosas profesas son 4.877. Son 32 congregaciones masculinas y 21 femeninas. Existen 8 monasterios (benedictinos y cistercienses–trapenses) y 14 comunidades contemplativas (carmelitas descalzas y adoratrices perpetuas). Su órgano representativo es la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Chile, CONFERRE.

Los miembros de institutos seculares masculinos llegan a 46 y 420 son de institutos seculares femeninos. Están organizados en la Conferencia Nacional de Institutos Seculares de Chile.

El número de misioneros es de 1.091 y de catequistas es de 56.727. ara la formación de los presbíteros funcionan 72 centros, 16 para el clero diocesano y 56 para el clero religioso.

Presencia en la sociedad

Según el OPC, “desde la Iglesia chilena se han ido aportando orientaciones en temas emergentes del desarrollo del país, como la pobreza y la desigualdad social, y más recientemente, los desafíos medioambientales”.

Por otro lado, identifica también que “la preocupación de la Iglesia por la ‘escandalosa desigualdad social’ instalada en Chile, ha marcado la agenda política y social de los últimos años. La propuesta específica de un ‘salario ético’ no solo ha generado importantes debates públicos e iniciativas loables”.

Se lee también que desde una perspectiva regional, “la Iglesia chilena enfrenta el desafío de contribuir a relaciones fraternas con los países vecinos que, en el marco de potenciales conflictos de origen histórico, pueden afectar las relaciones de buena vecindad y generar actitudes discriminatorias hacia el creciente número de inmigrantes de países hermanos”.

Por otro lado, el OPC reconoce que solo en contadas ocasiones “la palabra de la Iglesia sobre materias de moral social, derechos humanos, ética política y económica, ha contado con una amplia repercusión en la prensa y en la sociedad”. Y advierte que a veces los medios “tienden a silenciar la voz de la Iglesia cuando contextualizan sus posturas en materias sociales sobre la base de los principios orientadores del Evangelio, el magisterio y las prácticas religiosas”.

A pesar de todas las dificultades por las que ha tenido que atravesar la Iglesia, el Informe latinoamericano reconoce que Chile continúa siendo un país mayoritariamente católico. La Universidad Católica y Adimark, con motivo del bicentenario de la independencia, han realizado una encuesta donde se revela que la religión católica sigue teniendo el mayor número de adeptos, con un 67%. Hay que aclarar que en el 2006 era el 70%. En esta misma encuesta, el 16% se confiesa evangélico (en 2006 era el 14%), el 4% pertenece a “otra religión” y el 13% no pertenece a ninguna religión o se declara “ateo” (en 2006 era el 12%).

Frutos de santidad

El OPC permite conocer también el conjunto de santos que venera e imitan los chilenos. Encabeza la lista santa Teresa de los Andes, cuyo nombre fue Juanita Fernández Solar, monja carmelita descalza quien nació en Santiago el 13 de julio de 1900, y murió en olor de santidad en Los Andes, el 12 de abril de 1920. Fue canonizada por Juan Pablo II el 21 de marzo de 1993.

Otra gran modelo a tener en cuenta es san Alberto Hurtado Cruchaga, presbítero jesuita, quien nació en Viña del Mar el 22 de enero de 1901 y murió en Santiago el 18 de agosto de 1952. Como se sabe, en 1943 fundó el “Hogar de Cristo”, obra dedicada a la atención de los más pobres. También trabajó con los obreros y fundó la “Acción Sindical y Económica Chilena”. La revista Mensaje es otro de sus numerosos aportes a la Iglesia y sociedad chilena, que aún hoy se publica. Se le considera el patrono de los trabajadores y del sindicalismo.

También está inscrita en el libro de los amigos de Dios, la beata Laura del Carmen Vicuña (1891-1904). Salida de las canteras de don Bosco como alumna salesiana, Juan Pablo II la beatifica el 3 de septiembre de 1988, alzándose como modelo para las jóvenes en edad escolar.

Los chilenos comparten con la Argentina la devoción por el beato Ceferino Namuncurá (1886-1905), joven laico salesiano de origen mapuche, cuya vida de santidad se extiende mucho entre los jóvenes originarios. Por su reconocido modelo de vida, su causa de canonización se inició en 1944 y Pablo VI lo declara venerable en 1972. Luego el papa emérito Benedicto XVI lo proclamaría beato en 2007.

Uno de los que está camino a los altares es el siervo de Dios, cardenal José María Caro Rodríguez (1866-1958), amado y llorado arzobispo de Santiago.

Amor a María

Entre los santuarios marianos más visitados en el país está el de la Inmaculada Concepción en el Cerro San Cristóbal de Santiago, erigido para conmemorar el cincuentenario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, habiendo sido inaugurado el 26 de abril de 1908.

Otro importante lugar de peregrinación es el Santuario Nacional de Maipú, donde se venera una bellísima imagen del siglo XVIII de Nuestra Señora del Carmen, que recibiera la coronación pontificia en 1987 de manos del beato Juan Pablo II durante su viaje al país.

También se rinde culto a la Virgen María en los santuarios de Nuestra Señora de la Candelaria, ya sea en Copiapó, en San Pedro de la Paz o en Osorno. Así como en el famoso Santuario de Schoenstatt en Iquique, sin olvidar muchos otros.

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