La Iglesia en América Latina: URUGUAY

Una mirada al continente del papa Francisco (II)

Lima, (Zenit.org) José Antonio Varela Vidal | 982 hits

Ofrecemos a nuestros lectores un nuevo artículo de la serie elaborada por ZENIT sobre la Iglesia en América Latina. Esta responde a que la atención se ha dirigido al subcontinente por la elección del papa Francisco, quien fue el arzobispo de Buenos Aires en Argentina.

En esta oportunidad, nos acercamos un poco más a la realidad, desafíos y compromisos de la Iglesia del Uruguay.

Los artículos ofrecidos toman como base el Observatorio Pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano - Celam (OPC), que en un esfuerzo loable viene poniendo “el lente” sobre los desafíos y potencialidades del también conocido “Continente de la esperanza y de la Caridad”.

Raíces del cristianismo en el Uruguay

La llegada de católicos españoles y portugueses marca el inicio de la presencia de la Iglesia en la llamada "Banda Oriental". Según relata el OPC, fue a comienzos del siglo XVII cuando los jesuitas, bajo la dirección del hoy santo Roque González de Santacruz, superior de las misiones del Uruguay, crearon varias reducciones en el área cercana al río Uruguay. 

El 14 de agosto de 1832 se crea el Vicariato Apostólico de Montevideo. El papa León XIII el 13 de julio de 1878 erige la diócesis y el 19 de abril de 1897, la convierte en arquidiócesis con las sufragáneas de Salto y Melo. Dámaso Antonio Larrañaga fue el primer vicario apostólico y monseñor Jacinto Vera, el primer obispo, quien desarrolló una intensa labor en favor de la naciente Iglesia.

Organización actual

La Iglesia católica en Uruguay está conformada por una arquidiócesis que es Montevideo, y por nueve diócesis (Canelones, Florida, Maldonado, Melo, Mercedes, Minas, Salto, San José y Tacuarembó), con las que se cubren los 19 departamentos del territorio uruguayo.

Es así que el arzobispo de Montevideo, los nueve obispos y un obispo auxiliar conforman la Conferencia Episcopal del Uruguay, que cuenta con diversas dependencias para atender los asuntos pastorales, como son Promoción Humana, Palabra de Dios, Laicos, entre otros.

Relación Iglesia-Estado

Según el reporte del OPC, la separación Iglesia–Estado se estableció en la Constitución de 1919, que declaró al Estado como laico y favoreció la tolerancia hacia todos los cultos. El Estado reconoce a la Iglesia el dominio de todos los templos construidos con apoyo del erario nacional y todos los templos consagrados al culto de las diversas religiones están exentos del pago de impuestos.

Con el actual presidente de la República --precisa el OPC--, “las relaciones entre Iglesia-Estado han sido de respeto y de mutua colaboración, y el gobierno ha sido respetuoso con las diferentes denominaciones religiosas existentes en Uruguay, incluida la Iglesia católica”.

Un punto signicativo fue saber que la posición del anterior presidente Tabaré Vásquez, médico oncólogo, a favor de la vida, llevó a que este se opusiera a la despenalización del aborto, aún en contra de su propio partido. Por esta razón pidió en noviembre de 2008 la desafiliación del Partido Socialista, luego de que en su último Congreso se rechazara el veto presidencial a la Ley de Salud Sexual y Reproductiva que despenalizaba el aborto.

El OPC observa que esto ha fortalecido la posición de las personas y de las organizaciones defensoras de la vida y de los derechos humanos, quienes han tenido que enfrentar con el actual gobierno, la aprobación de la ley a favor del aborto y de los enlaces de parejas del mismo sexo.

Sociedad y educación

A nivel educativo, y a pesar de que en Uruguay la formación religiosa comenzó como experiencia única de enseñanza en todos los niveles, a partir de la “reforma valeriana” (de Pedro José Valera) se introduce una educación laica, o más bien, “laicista”. 

De este modo, en el OPC se lee también que la Iglesia aprendió a actuar en un medio social en el cual predomina el pluralismo religioso y “son significativas las obras sociales que mantiene la Iglesia en Uruguay, especialmente en el campo de la educación”.

Fue así que en el año 1984 la Conferencia Episcopal funda la Universidad Católica del Uruguay, y desarrolla una importante labor en el campo de la educación, a través de las 399 instituciones educativas atendidas principalmente por institutos religiosos masculinos y femeninos.

Comunidad que sirve

Las estadísiticas ofrecidas por el OPC hablan de que la Iglesia realiza su labor pastoral con el compromiso de 223 presbíteros diocesanos y 250 religiosos; son 86 los diáconos permanentes, quien con 376 religiosos no presbíteros y 943 religiosas, trabajan con los diversos movimientos laicales de apostolado presentes a lo largo y ancho del territorio.

La Iglesia presta servicios a través de 256 obras sociales a favor de los más pobres y excluidos, tanto en las áreas urbanas como rurales.

Para la evangelización, la Iglesia uruguaya cuenta con el apoyo de una red católica de radio y televisión (CRTN) y varias emisoras de radio en AM y FM.

Desafíos pastorales

Junto a estos aspectos positivos, el OPC añade “la vitalidad de la fe de las comunidades en un contexto secularizado y religiosamente plural, donde se reconoce su opción por los pobres, necesitados, excluidos, y su presencia en barrios populares y zonas rurales”.

Sin embargo aún hay temas por atender con urgencia, como son “la preocupante presencia de (nuevas) propuestas religiosas o la búsqueda religiosa individualista que selecciona a gusto elementos de diversas vertientes y se distancia de las religiones históricas”.

También preocupa “el envejecimiento de las comunidades y agentes pastorales; la falta de imaginación, audacia y creatividad para promover la participación, sobre todo en las celebraciones litúrgicas, y la presencia de una pastoral de mantenimiento más que misionera”, entre otros desafíos.

En otra parte del informe del OPC, se subraya “la preocupación por las comunidades rurales, por lo que se ha iniciado una investigación sobre la realidad de los sectores campesinos”.

Se lee que la Conferencia Episcopal Uruguaya ha hecho un llamado a los legisladores “para que se promuevan medidas eficaces y apropiadas, orientadas a la defensa de los derechos de las personas con capacidades diferentes”.

Instan también a seguir avanzando en normativas legales “que regulen la situación laboral de la mujer embarazada, la difícil situación que viven quienes por razones de edad son excluidos en las propuestas de inserción y reinserción laboral, y todo lo referido a los trabajadores rurales, al servicio doméstico y en el creciente reconocimiento del trabajo de las amas de casa”.

Frutos de santidad

Los uruguayos veneran a las beatas Dolores y Consuelo Aguiar-Mella Díaz. Estas hermanas fueron dos jóvenes laicas uruguayas nacidas en Montevideo en 1897 y 1898 respectivamente, y asesinadas por "odio a la fe" en Madrid el 19 de setiembre de 1936 junto a la religiosa escolapia María de la Iglesia. Las dos laicas fueron declaradas mártires por Juan Pablo II el 28 de junio de 1999.

También ha sido elevada a los altares la beata María Francisca Rubatto, religiosa italiana nacida en 1844, quien fundara la Congregación “Terciarias Capuchinas de Loano”. Más conocidas como “Hermanas Capuchinas de la Madre Rubatto”, es una congregación que se dedica a la educación y a la promoción humana de los más pobres y está presente en Italia, Uruguay, Argentina, Brasil, Perú y Africa Oriental.

María Francisca, quien siguió la ruta de los emigrantes hacia América en 1894, recorrió Uruguay, Argentina, y el noreste de Brasil. Murió en olor de santidad en 1904 en Montevideo y el papa Juan Pablo II la declaró beata en octubre de 1993. Su fiesta se celebra el 6 de agosto.

Son dos los siervos de Dios que siguen su proceso hacia la beatificación. Se trata del primer obispo uruguayo, monseñor Jacinto Vera (1813-1881), evangelizador incansable y reorganizador de la Iglesia uruguaya tras las luchas independentistas.

Y el otro es el joven laico Walter Elías Chango Rondeau, nacido en 1921 en Montevideo y fallecido a los 17 años de edad. Conocido como “el apóstol de la Eucaristía”, a pesar de su temprana desaparición dejó muestras claras de una filial devoción a María, responsabilidad con el trabajo y un profundo amor por los pobres y enfermos.

Santuarios de piedad

Algunos de los lugares adonde los uruguayos llegan en peregrinación para venerar a la Madre de Dios son los santuarios de la Virgen de los Treinta y Tres, la Gruta de Lourdes en Montevideo y de la Virgen de Verdún en Minas.

El más famoso es el de la Virgen de los Treinta y Tres, patrona del Uruguay, que alberga una talla mariana de madera del siglo XVIII. Frente a esta los patriotas, en número de treinta y tres, celebraron en 1825 el Congreso de la Florida, con lo que sellaron la independencia del país.

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