La Iglesia en Australia se moviliza para acoger las Olimpiadas

Un obispo ha llevado la antorcha olímpica

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SIDNEY, 14 sep (ZENIT.org).- Horas antes de la inauguración de las Olimpiadas de Sidney, la vigesimoséptima edición de la era moderna y la segunda acogida por Australia, los obispos australianos han dirigido un mensaje de bienvenida a todos los participantes --atletas, voluntarios, organizadores--, en el que desean que el acontecimiento deportivo sea vivido con espíritu de alegría y fraternidad.



El mensaje, recordando unas célebres palabras dirigidas por Juan Pablo II a un partido de fútbol celebrado en el Estadio Olímpico de Roma, define el deporte como un vehículo de valores humanos y morales que puede contribuir con la construcción de un mundo más unido por la solidaridad.

La Iglesia católica en Australia se ha movilizado para ofrecer su acogida y asistencia en estos Juegos Olímpicos. Según ha revelado a los micrófonos de «Radio Vaticano» el arzobispo Francis Carroll, presidente de la Conferencia Episcopal Australiana, ante todo se ha establecido un plan, en colaboración con las demás confesiones cristianas, para ofrecer servicios y asistencia espiritual durante toda la duración de los Juegos Olímpicos.

Además, la Iglesia católica ha hecho un sentido llamamiento a las familias, en especial a las que viven en torno a la zona de Sydney, para que ofrezcan su acogida y den una cordial bienvenida. La iniciativa está siendo apoyada particularmente por las parroquias, que organizan y promueven la hospitalidad.

El arzobispo Carroll recuerda que entre las personas que han llevado la antorcha olímpica a través de Australia se encontraba, entre otros, su obispo auxiliar, monseñor Power, además de otros sacerdotes y laicos.

«Quisiera subrayar el significado simbólico de la antorcha --continúa diciendo el prelado--, no sólo para los Juegos Olímpicos, sino también como signo de fe».

La Iglesia católica está promoviendo una gran celebración en Sydney, hasta el punto de que algunos consideran que da demasiada importancia a las Olimpiadas. Monseñor Carroll responde: «creo que la mayor parte de los australianos se siente orgullosa de este acontecimiento cuya celebración debe ser impregnada por el espíritu del año jubilar».