La Iglesia en Holanda redescubre la fe

Afirma Ed Arons, director de la revista “Katholiek Nieuwsblad”

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HERTOGENBOSCH, martes, 19 diciembre 2006 (ZENIT.org).- La Iglesia en Holanda está redescubriendo la fe, no con grandes cifras, sino con un fuerte compromiso, afirma un periodista católico.



Ed Arons, de 58 años, director de la revista semanal “Katholiek Nieuwsblad”, ha compartido con Zenit sus puntos de vista sobre la situación de los católicos holandeses.

Tras un periodo brillante en cuanto a presencia de misioneros, órdenes religiosas y vivacidad de la Iglesia, Arons explica que “la Iglesia en Holanda ha atravesado un periodo muy triste”.

“En el periodo de nuestro esfuerzo misionero, ser católico era tan fácil que, de hecho, hemos fracasado en transmitir la fe de modo personal y comprometido”, confiesa.

En los años del Concilio Vaticano II y después, “basados en una errada comprensión, muchos teólogos y sacerdotes optaron por una religión secular, por un Evangelio social”.

Arons afirma que muchos laicos siguieron a sus líderes “sin tener los medios para discernir lo que estaba sucediendo. La mayor parte de aquella generación está ahora perdida para la Iglesia y ha influido en los propios hijos de modo negativo, manteniéndoles alejados de la riqueza de Dios en la Iglesia”.

Recientemente, sin embargo, “una nueva generación, ya no dominada por el prejuicio, está redescubriendo la fe, por ejemplo durante las Jornadas Mundiales de la Juventud”.

No se habla de grandes cifras, reconoce Arons, sino de gran compromiso.

Un aspecto positivo es también el hecho de que, “tras un periodo de obispos titubeantes, la mayor parte de las diócesis tiene el valor de seguir en una dirección plenamente en línea con la Iglesia de Roma”.

Arons subraya que la sociedad holandesa ha sido durante años “muy crítica” respecto a la Iglesia Católica: “Muchos de sus valores han sido activamente atacados y cambiados, incluso a nivel de leyes muy liberales. Pero también en este caso hay un cambio”.

“Hay un creciente interés sin prejuicios por una auténtica vida espiritual, dado que muchos se dan cuenta del vacío de una vida meramente materialista –constata-. Este cambio se puede notar también en los medios, por ejemplo con motivo de la muerte de nuestro gran Papa Juan Pablo II”.

Sin embargo –observa- “es una pena que nuestra Iglesia no tenga todavía la gente y los medios para afrontar de verdad este desafío”.

Arons advierte que en las principales cuestiones morales, “aparte de pocas excepciones positivas”, la voz de la Iglesia es de todos modos “escasamente oída, y se limita en general a un comunicado de prensa o a una carta pastoral”.

A pesar de ello, “la Iglesia en Holanda está de vuelta de una trágica desviación –concluye-. Hará falta tiempo para que esté de nuevo preparada para desempeñar su papel, del que tiene gran necesidad nuestra sociedad. Pero Dios está actuando, y hemos hecho ya mucho camino”.