La Iglesia en Sudáfrica pide que los refugiados sean bienvenidos

Numerosos zimbabuenses huyen de la grave situación de su país

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PRETORIA, viernes, 21 diciembre 2007 (ZENIT.org).- La Iglesia en Sudáfrica, preocupada por el trato que están recibiendo los zimbabuenses que huyen de su país, sumido en la corrupción política y el desastre económico, afirma que estos inmigrantes deberían considerarse refugiados y pide darles la bienvenida en Sudáfrica.

El pasado 14 de diciembre, el arzobispo de Johannesburgo Buti Tihagale hizo una declaración pública pidiendo a los sudafricanos que dieran la bienvenida a los zimbabuenses que huyen de lo que describió como «acontecimientos que afectan gravemente al orden público» en su país de origen.

La utilización del concepto «acontecimientos que afectan gravemente al orden público» es importante en este caso, ya que está tomado directamente de la Convención para los Refugiados de 1969 de la Organización para la Unidad Africana.

El arzobispo, que es también presidente de la Conferencia Episcopal del África Austral, definió a estos zimbabuenses no como trabajadores inmigrantes sino como refugiados que huyen de una crisis política y económica.

Tihagale afirma en su declaración que los zimbabuenses «llegan a Sudáfrica en búsqueda de sustento para ellos y para su familia. Son más que trabajadores emigrantes. Estos hombres, y en mayor medida, mujeres y niños, son refugiados a causa de la crisis política y económica del país. Su objetivo es preservar la propia vida y la de sus familiares a través del acceso a la comida, a las medicinas y al trabajo para pagar estos bienes, y no convertirse en residentes sudafricanos permanentes».

El arzobispo de Johannesburgo explica que, en los últimos nueves meses «las condiciones de vida de la población en Zimbabue se han deteriorado hasta el punto de que la supervivencia se ha vuelto una lucha cotidiana para la mayor parte de la población».

«A pesar de las terribles condiciones de Zimbabue, estas personas no son bien acogidas cuando llegan en Sudáfrica --afirma el presidente de los obispos del África Austral--. Nos lamentamos de que nos quiten el trabajo o el alimento. Les hacemos sentir indeseables en nuestras iglesias y en nuestras comunidades. Nos aprovechamos de ellos pagándoles bastante menos del mínimo sindical, y amenazando con denunciarlos a la policía cuando se lamentan de nuestro comportamiento».


«Como cristianos, ¿cómo debemos comportarnos? ¿Cómo debemos responder?», se pregunta el arzobispo Tihagale.

Recordando el mensaje evangélico («Era extranjero y me acogieron», Mateo 25,30), el arzobispo de Johannesburgo responde que «Jesús exhorta a sus discípulos a hacer la cosa justa: acoger a los extranjeros y vestir a las personas sin ropa. Los refugiados de Zimbabue son los extranjeros de hoy. Están desnudos, con frecuencia no tienen más que unos pocos vestidos».


«Nuestra respuesta como Iglesia y como nación debe ser la de la caridad y el hacerse cargo. Cada uno de nosotros puede aprender y enseñar a quienes le rodean que debemos mirar a los refugiados zimbabuenses, en primer lugar, como hermanos y hermanas necesitados y no como una amenaza. También pequeños gestos de acogida son bienvenidos y la compasión hace la diferencia» concluye el arzobispo Tihagale.

De hecho, dijo, las condiciones de vida se han deteriorado hasta el punto en que la mayoría de la población lucha por sobrevivir: en la segunda ciudad de Zimbabue, Bulawayo, en agosto de 2006 se realizaron sesenta funerales. Un año después la cifra ascendió a 867.

Muchos zimbabuenses se han visto obligados a huir de su país para buscar alimentos, medicinas y un empleo para mantener a sus familias y a ellos mismos.

El responsable regional de defensa legal del Servicio Jesuita al Refugiado (JRS), Michael Gallagher SJ, dijo sobre las palabras del arzobispo sudafricano que «El JRS aplaude esta valiente declaración que trata de un tema tan grave como es la mala acogida que sufren quienes huyen de Zimbabue. Coincidimos en que todos aquellos zimbabuenses que buscan el estatuto de refugiado en Sudáfrica, o en otra parte de la región, deberían quedar protegidos por la convención de la OUA».

Por su parte, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Antonio Guterres, lleva tiempo dando la alarma por la emigración masiva de zimbabuenses a los países vecinos. Guterres, que recorrió el verano pasado la región de África del Sur, señaló que cerca de tres millones de personas se han visto forzadas a salir de Zimbabue en busca de mejores oportunidades de vida.

Caritas Internationalis (CI) advertía a principios de noviembre pasado que, si no reciben ayuda, más de cuatro millones de habitantes de Zimbabue afrontarán gravísimas carestías a principios de año, según informó Zenit (ver: http://www.zenit.org/article-25350?l=spanish).

Advirtiendo que el país africano está en quiebra, CI pidió ayuda urgente. Los que pueden, huyen de la crisis, ante un panorama de malas cosechas, escasas precipitaciones, reforma agraria sin éxito, tiendas sin suministros, servicios nacionales de salud, educación y cultura en quiebra, y crisis económica imparable, apuntaba entonces la secretaria general de CI, Lesley Anne Knight

Zimbabue ha duplicado el índice de desnutrición infantil llegando al 12 % en 2006. Las ciudades registran un 80% de paro y la inflación es del 8.000% por lo que el sustento es inaccesible a la mayoría de la población. La expectativa de vida en Zimbabwe se sitúa en los 40 años, tanto en hombres como en mujeres.


El presidente Robert Mugabe, recibido con protestas en la reciente cumbre de Lisboa entre la Unión Europea y África, según indican diversas fuentes eclesiales y organizaciones de ayuda humanitaria, ha llevado al país a la ruina económica y social y ha fracasado frente a la corrupción, mientras que en el país se violan la libertad y otros derechos fundamentales.

Por Nieves San Martín