La Iglesia no encubrió a un sacerdote implicado en una masacre del IRA

Declaración conjunta del cardenal Brady y del obispo de Derry

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ARMAGH, martes 24 de agosto de 2010 (ZENIT.org).- La Iglesia nunca encubrió al sacerdote James Chesney en su supuesta implicación en el atentado de Claudy (Londonderry) en los años setenta, ni se opuso a que fuese detenido e interrogado por este hecho, aunque esto no sucediera.

Así lo afirman el cardenal Seán Brady, arzobispo de Armagh y primado de Irlanda, y monseñor Seamus Hegarty, obispo de Derry, en un comunicado conjunto hecho público hoy, en respuesta a un comunicado de la policía norirlandesa, en el que muestran las conclusiones de las nuevas investigaciones sobre el caso Claudy.

El 31 de julio de 1972, tres coches bomba explotaron en la calle principal de Claudy, un pequeño pueblo de unos mil habitantes en el condado de Londonderry (Irlanda del Norte). Murieron 9 personas, entre ellas un niño de nueve años, y varias personas resultaron heridas.

Aunque ningún grupo paramilitar reivindicó la autoría del atentado, se sospechó desde un principio del IRA. Según un informe publicado hoy por la policía de Irlanda del Norte (RUC), el padre James Chesney, entonces párroco en Cullion, estuvo directamente implicado en la masacre, y ya entonces se le consideró sospechoso, aunque nunca fue detenido ni interrogado por la policía.

Sí fue interrogado, en cambio, por el entonces obispo de Derry, monseñor Neil Farren, y por su sucesor, monseñor Edward Daly, y en ambos casos el sacerdote negó su participación en los hechos. También se informó al cardenal William Conway, entonces arzobispo de Armagh.

En 1978, se decició transferir a Chesney a una parroquia del condado de Donegal, donde falleció dos años después.

En su comunicado de hoy, los obispos afirman que la Iglesia nunca encubrió este caso, sino que éste “debería haber sido debidamente investigado y resuelto durante la vida del padre Chesney”, y que “si había suficientes pruebas que lo vinculaban a la actividad criminal, debería haber sido detenido e interrogado a la primera oportunidad, como cualquier otra persona”.

En este sentido, el comunicado cita uno de los pasajes del propio informe policial, el cual afirma que “en lo que respecta al papel de la Iglesia Católica, cuando se les informó sobre las preocupaciones sobre uno de sus sacerdotes, interrogaron al padre Chesney sobre sus presuntas actividades, las cuales éste negó. En el curso de esta investigación la RUC no ha encontrado pruebas de intención criminal por parte de algún representante de la Iglesia (6.24)”.

La Iglesia, posteriormente, “informó a la secretaría de Estado sobre los resultados de su interrogatorio del padre Chesney sobre sus presuntas actividades. Las acciones del cardenal Conway o cualquier otra autoridad de la Iglesia no impidieron la posibilidad de la detención y del posterior interrogatorio de Chesney”, afirma el comunicado de los obispos.

Como reconoce el propio informe de la RUC, "el padre Chesney hasta el momento de su muerte en 1980, 'se sabe que viajaban regularmente a través de la frontera, pero nunca fue arrestado, interrogado, ni el RUC investigó más a fondo en relación con los atentados de Claudy u otras actividades terroristas' (6.12)”.

En aquellos años difíciles, recuerdan los obispos, “la Iglesia católica, junto con otras Iglesias de Irlanda del Norte, fue constante en su condena del mal de la violencia”.

Por ello, subrayan, “es tan impactante que un sacerdote fuese sospechoso de estar implicado en semejante violencia”.

Descubrir la verdad

Los obispos piden también a los fieles que colaboren en esclarecer la autoría de aquel atentado, y afirman que la información que la Iglesia tenía sobre el padre Chesney están ya en poder de la polícía.

El atentado de Claudy “fue un crimen horrendo”, subraya la nota. “No podemos perder de vista el terrible coste humano de esta atrocidad. Nueve personas murieron, incluyendo niños. Muchos fueron heridos

“El padre Chesney ha muerto y, como sospechoso del atentado de Claudy, está más allá de la justicia de los tribunales humanos. Está claro que hubo más personas implicadas en la planificación y realización de esta terrible atrocidad, y algunos de ellos deben estar aún vivos”.

Los prelados afirman que las víctimas “tienen derecho a saber la verdad” y por ello hacen un llamamiento “a quien tenga información en relación con este horrible crimen, que la entregue al Servicio de Policía de Irlanda del Norte”.

“Sólo con honradez y valentía podremos afrontar como comunidad estos casos dolorosos y hacer todo lo posible para asegurar que las lecciones terribles del pasado se aprenden y nunca se repitan”, concluye la declaración.

El comunicado (en inglés) puede leerse en: www.catholicbishops.ie