La Iglesia pierde a uno de sus más grandes misioneros

Fallece el arzobispo Zago, gran experto en diálogo con el budismo

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CIUDAD DEL VATICANO, 1 mar 2001 (ZENIT.org).- La Iglesia católica ha perdido hoy a uno de sus más grandes misioneros y expertos en el diálogo con los creyentes de las demás religiones, especialmente con el budismo.



En efecto, a primera hora de la mañana del jueves, murió en su casa de Roma a los 68 años de edad el arzobispo Marcello Zago, secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, organismo vaticano que dirige los territorios de misión.

Religioso de la Congregación de los Oblatos de María Inmaculada, nada más ser ordenado sacerdote, en 1959, fue enviado como misionero a Laos y Camboya, en donde permaneció hasta 1974. Tuvo que abandonar esos países ante la llegada al poder de movimiento de resistencia de los jemeres rojos, que impuso un rígido comunismo en Camboya. Antes de dejar esas tierras, en 1971, había fundado un Centro para el estudio y el diálogo con los budistas.

Tras la llegada de Juan Pablo II a la sede de Pedro, de 1983 a 1986, fue nombrado secretario del Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso. En ese cargo, fue uno de los máximos artífices del encuentro de líderes religiosos por la paz celebrado en Asís (27 de octubre de 1986) por convocación del mismo pontífice.

De 1986 a 1998 fue elegido superior general de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. En este período esa Congregación, que cuenta con unos 5.000 religiosos, fundó misiones en 13 nuevos países, ascendiendo así a 68 el número de naciones en las que trabajaba.

Era considerado como uno de los máximos expertos occidentales tanto en misiones como en budismo y de hecho había recibido por este motivo el doctorado «honoris causa» de la Universidad de Ottawa (Canadá). Fue profesor de Misiología y Budismo en las Universidades pontificias de Roma (en la Urbaniana y en la de Letrán), así como en el Ateneo Saint Paul de Ottawa. Desarrolló una intensa actividad periodística, publicando artículos, ensayos y obras sobre temas de misión y de diálogo interreligioso.

En 1998, Juan Pablo II le nombró secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos desde donde mantenía contactos directos con misioneros de todo el mundo. Del 15 al 22 de octubre de 1999, por ejemplo, presidió una misión de paz en Angola en nombre de Juan Pablo II; y del 29 de enero al 3 de febrero del 2000 viajó a Perú como enviado especial del Papa, con motivo de las celebraciones del Centenario de las Prefecturas de la Amazonia peruana.

Monseñor Zago estaba enfermo desde hacía meses y, de hecho, había sido hospitalizado durante largos períodos. En cuanto recuperaba fuerzas, volvía a su oficina para continuar con su trabajo y, sobre todo, para poder recibir noticias frescas de los misioneros que pasaban por Roma.

En un telegrama enviado hoy, Juan Pablo II expresa su admiración por «su profunda espiritualidad», por su «ejemplar vida religiosa», y por su «empuje pastoral como sacerdote y obispo».

En declaraciones a Radio Vaticano, su superior directo, el prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el cardenal Jozef Tomko, afirma: para monseñor Zago el diálogo «formaba parte de la misión, no lo veía en oposición ni como un problema. Para él el diálogo era el diálogo para el anuncio y el anuncio, que es también diálogo, estaba orientado necesariamente a la misión. Para él esto no era un problema. Contraponer una cosa con la otra era inconcebible».