La Iglesia se convierte en la gran protagonista de la paz en Angola

En un Congreso internacional en Luanda pide el alto al fuego inmediato

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LUANDA, 25 julio (ZENIT.org).- El 21 de julio terminó en la capital de Angola el «Congreso por la Paz», que se celebró durante cuatro días en las instalaciones de la Universidad Católica de Uganda, con un llamamiento al alto al fuego en este país ensangrentado por una guerra civil que dura desde hace 25 años y al libre tránsito de sus habitantes como primer paso para construir la paz.



El Congreso reunió a representantes del más alto nivel de todos los sectores de la vida pública angoleña, en total 250 congresistas, de los cuales una tercera parte eran extranjeros. Se trataba de una iniciativa del «Movimiento Pro Pace», institución fundada por los obispos católicos del país, abierta a otras religiones y organismos.

Desde su independencia, en 1975, Angola ha estado sumida en conflictos internos: por un lado la UPA (Unión de los Pueblos de Angola) de la que surgiría una escisión denominada UNITA (Unión Nacional para la Independencia Total de Angola), de base étnica «ovimbundu» y, por otro lado, el MPLA (Movimiento Popular de Liberación de Angola), de mayoría «mmbundu». La ruina de la economía angoleña, las pérdidas humanas de la guerra y el hundimiento del bloque comunista, forzaron al gobierno de José Eduardo Dos Santos a entablar relaciones más estrechas con las potencias occidentales y a busca la paz con UNITA, cuyo líder, Jonas Savimbi, firmó la pacificación del país en 1991. Se reformó la Constitución y se programaron unas elecciones para 1992, tras las cuales volvieron a estallar los enfrentamientos ante la negativa de UNITA a aceptar los resultados.

En los últimos tiempos la situación se ha deteriorado mucho. Los combates prosiguen en todo el país y las negociaciones para acabar con la guerra y propiciar un gobierno de reconciliación nacional que prepare un calendario electoral, han fracasado.

Entre los temas que se afrontaron en el congreso en conferencias o mesas redondas cabe destacar «La democracia y la paz» (conferencia pronunciada por Paulo Tchipilica, ministro de Justicia de Angola); «La tolerancia y la paz» (por Daniel Ntony Nzinga, del Consejo Mundial de las Iglesias en Angola); «El ecumenismo y la paz» (por el padre Matteo Zuppi, de la Comunidad de San Egidio, Roma); «Los últimos cinco Papas y a la paz» (por monseñor Almeida Kanda, vicario general de la diócesis de Uíje); «Periodismo y paz» (por el padre António Jaca, director de Radio Ecclesia); y «Los derechos humanos y la paz» (por el doctor Todd Howland, jefe de la División para los Derechos Humanos de la UNOA).

Aunque la presencia en el Congreso se reservó a los participantes, todos los angoleños pudieron seguirlo en directo gracias a su retransmisión por Radio Ecclesia, la emisora católica de Angola, que puede escucharse también en Internet en http://ecclesia.snet.co.ao.

Juan Pablo II envió un mensaje leído por el nuncio apostólico en el que exhortaba a los congresistas y dirigentes de Angola a tomar «decisiones audaces y valientes» para derrotar la violencia, pues el futuro del pueblo angoleño depende ante todo de la paz.

En las sesiones participaron todos los obispos católicos angoleños, varios diputados tanto del Partido del Gobierno como de los rebeldes del UNITA y de otros partidos, embajadores, dirigentes de organizaciones no gubernamentales, sacerdotes, religiosos y religiosas venidos de todas las diócesis de Angola, pastores de diferentes confesiones religiosas, diez seminaristas del Seminario Mayor de Luanda y tres invitados de cada una de las quince diócesis del país. El congreso se siguió con especial atención por parte de los medios de comunicación portugueses.

El «Comunicado final» y la «Propuesta de conclusiones», además de pedir el urgente alto al fuego y el libre tránsito de los ciudadanos, aludió a la necesidad de promover una mayor educación en la educación, en la tolerancia, en el respeto de los derechos humanos, en un ambiente de diálogo y reconciliación, apoyado por los medios de comunicación social.

Al final pedía que las diócesis, parroquias y movimientos promuevan tiempos de reflexión y debate sobre la paz y divulguen el magisterio de la Iglesia al respecto.