La Iglesia tiene el desafío de afrontar el analfabetismo religioso, asegura el cardenal Poupard

Al intervenir en una jornada de literatura anglo-americana

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ROMA, jueves, 11 mayo 2006 (ZENIT.org).- Al intervenir en un congreso, en el que entre otros se han afrontado fenómenos literarios como «El Código da Vinci», el cardenal Paul Poupard, afirmó que la Iglesia tiene en estos momentos el desafío de afrontar el analfabetismo religioso.



El presidente de los Consejos Pontificios para la Cultura y el Diálogo Interreligioso inauguró el pasado 9 de mayo la VII Jornada de Reflexión «Catolicismo y Literatura en el siglo XX», celebrada en Roma y centrada en el tema «La literatura, entre realidad y fantasía: la lección angloamericana».

En sus breves palabras de saludo al encuentro, promovido por el Consejo Pontificio de la Cultura, el cardenal constató que la producción literaria angloamericana «ha conquistado el mercado y la atención de los lectores masivamente, con obras que se encuadran en el filón de la novela de ficción».

Según el purpurado, es un fenómeno que, en los últimos años, se ha caracterizado por una denominada «búsqueda de lo sagrado, del misterio», que se difunde a través de muchas formas diversas, «desde el sincretismo religioso y el esoterismo, hasta el satanismo», y que «echa raíces más favorablemente donde hay más ignorancia religiosa, lo que permite decir que existe hoy un nuevo analfabetismo».

«Quien conoce la historia de la Iglesia, sabe muy bien que no es la primera vez que hay fenómenos de este tipo --subrayó el cardenal Poupard--. Pero el hecho nuevo es la ignorancia religiosa, más bien la ignorancia a secas, que hace difícil el discernimiento entre fabulación, ficción y ataque, aunque sea con astucia, a la historia y a los valores representados y vividos por la Iglesia».

El cardenal Poupard afirmó que «la Iglesia no tiene ciertamente miedo a afrontar los desafíos que se le han dirigido desde hace dos mil años, porque está convencida de una cosa: todo desafío puede ser una oportunidad de crecimiento, maduración y confirmación cada vez más responsable y consciente, si se acoge como tal y se afronta con madurez, inteligencia y sentido común».

«Para transmitir la fe al corazón de las culturas marcadas por la indiferencia y el relativismo, el primer empeño de la Iglesia es la educación, su deber es la enseñanza», añadió.

Sin citar casos concretos, el cardenal Poupard aludió a «ciertos fenómenos literarios y mediáticos de verdad desconcertantes», que pueden «suscitar curiosidad, interés y deseo de conocer más»,

«Entonces, se pide a los propios cristianos que se empeñen a fondo e inteligentemente en el misterio de la vida y que expliciten sus propias razones para creer, muestren la razonabilidad bien fundada de su opción de vida y de fe, para poder hacer partícipes de ellas a los hombres y mujeres abiertos al diálogo».