La imagen de Guadalupe ha cambiado la historia de Occidente

Conclusiones de un libro publicado por un periodista del diario alemán «Die Welt»

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ROMA, domingo, 11 diciembre 2005 (ZENIT.org).- La imagen de la Virgen de Guadalupe ha cambiado la historia de occidente y occidente todavía no se ha enterado, concluye un libro recién publicado en castellano por el corresponsal en Roma del diario alemán «Die Welt».



Paul Badde, en el volumen «La Morenita - Cómo la aparición de la Virgen configuró la historia universal», recién editado en México por «Buena Prensa» (271 páginas), muestra cómo la religión y la cultura de América, y particularmente de México, son imposibles de comprender sin conocer la historia de las apariciones de María al indígena san Juan Diego.

«Sin este enigmático evento no se puede explicar por qué los habitantes de Centro y Sudamérica, en un lapso mínimo, se incorporaron al cristianismo», explica el periodista e historiador después de haber reconstruido los primeros fracasos de los evangelizadores tras la conquista del imperio azteca.

«Fue María de Guadalupe quien integró todo un continente a la cultura occidental», explica después de haber penetrado en los numerosos misterios que rodean a la Virgen del Tepeyac.

El libro profundiza en algunos de ellos, como por ejemplo, el que no haya sido pintada con ningún tipo de colorante ni pigmento (al igual que la Sábana Santa de Turín) o el que todavía hoy se conserve su tejido de fibras de agave que debería haberse podrido a los veinte años.

La investigación muestra también las figuras contenidas en las pupilas de los ojos de la Virgen que pueden percibirse cuando se amplían con 25.000 pixeles por milímetro cuadrado respetando las leyes ópticas que en la época de las apariciones eran totalmente desconocidas.

Otro capítulo está dedicado a los símbolos presentados en los vestidos de la Morenita, imposibles de descifrar para un occidental y que sin embargo eran un libro abierto para los indios: entre otras cosas, representa el firmamento estelar en diciembre de 1531, siguiendo los códigos aztecas de la época.

Badde va ofreciendo éstas y otras sorpresas al lector, capítulo por capítulo, pero al ir descubriéndolas, la vida del periodista alemán se transforma.

Al final, al contemplar la imagen de la Virgen en la Villa de Guadalupe, la vida del escritor quedará totalmente estremecida: «¡Ay, mi niña! Discúlpame que he llegado tan tarde. Pero ya sabes que tuve mucho quehacer. ¡Morenita mía!», afirma en el último capítulo, convertido sin darse cuenta en una oración.

Badde ha dado a conocer por primera vez al gran público alemán lo que pasó en diciembre de 1531 en el Cerro del Tepeyac. Ahora permite al gran público de lengua española, y en particular al mexicano, sorprenderse ante aquellos hechos con los ojos de un alemán.