La indiferencia exige de la Iglesia un «salto de calidad» cultural, según el Papa

Analiza junto al Consejo de la Cultura el desafío de la increencia

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 15 marzo 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha pedido a los católicos un «salto de calidad» en el campo intelectual para poder dar respuestas a los interrogantes sobre el sentido de la vida que plantea una sociedad en la que avanza la indiferencia religiosa.



Es la consigna que dejó el Santo Padre este sábado al recibir en audiencia a los participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio de la Cultura, consagrada en esta ocasión a la reflexión sobre «La fe cristiana en la aurora del tercer milenio y el desafío de la increencia y de la indiferencia religiosa».

El argumento del encuentro, reconoció el Papa, «constituye una preocupación esencial de la Iglesia en todos los continentes».

En su asamblea, que se celebró entre el 11 y el 13 de marzo, el Consejo vaticano ha analizado un estudio mundial sobre la increencia y la indiferencia religiosa en el mundo en el que se constata que «del ateísmo militante y organizado de otros tiempos se ha pasado a una situación de indiferencia práctica, de pérdida de importancia de la cuestión de Dios, y de abandono de la práctica religiosa, sobre todo en el mundo occidental».

Sin embargo, explica el «Instrumento de trabajo» («Instrumentum laboris»), que han analizado cardenales y obispos de todos los continentes, no se trata de «un abandono de la creencia en Dios».

El cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, en las palabras que pronunció al Papa para presentar a los presentes, explicó que en estas sesiones de trabajo se ha podido comprobar que la Iglesia afronta «una nueva situación de vacío interior» en los contemporáneos.

Esta «especie de pesadez espiritual», añadió el purpurado francés, constituye un llamamiento a toda la Iglesia a «una renovación en el pensamiento, en la oración y en la acción», en particular, a descubrir «nuevos lenguajes para transmitir el Evangelio y tocar tanto la razón como la sensibilidad, conjugando los caminos de la verdad y la belleza».

En su respuesta al cardenal, Juan Pablo II destacó que «más allá de las crisis de civilización, de los relativismos filosóficos y morales, los pastores y los fieles deben tener en cuenta los interrogantes y las aspiraciones esenciales de los seres humanos de nuestro tiempo, para dialogar con las personas y los pueblos y proponer el mensaje evangélico y la persona de Cristo Redentor».

«Es necesario apoyar al mundo de la cultura, de las artes y de las letras, para que contribuya a la edificación de una sociedad que no se funde en el materialismo, sino en valores morales y espirituales», alentó el obispo de Roma.

«La difusión de ideologías en los diferentes campos de la sociedad llama a los cristianos a un nuevo salto de calidad en el campo intelectual para proponer reflexiones vigorosas que presenten a las jóvenes generaciones la verdad sobre el hombre y sobre Dios, invitándoles a profundizar en una comprensión de la fe cada vez más aguda», aseguró.