La inmigración, prioridad pastoral para la Iglesia en México y Estados Unidos; según el Papa

Denuncia las condicione precarias y el estado de indefensión de los emigrantes

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CASTEL GANDOLFO, jueves, 15 septiembre 2005 (ZENIT.org-El Observador).- Benedicto XVI denunció el estado de indefensión en que viven muchos migrantes mexicanos en los Estados Unidos y reconoció que su atención pastoral es una prioridad para la Iglesia en ambos países.



Al encontrarse con los obispos del noreste y del centro de la República Mexicana, el pontífice reconoció que «en México se vive frecuentemente en una situación de pobreza», armonizada también con «expresiones ricas en humanidad, hospitalidad, hermandad y solidaridad».

Ahora bien, el obispo de Roma señaló que «estos valores se ponen en peligro con la migración al extranjero, donde muchos trabajan en condiciones precarias, en un estado de indefensión y afrontando con dificultad un contexto cultural distinto a su idiosincrasia social y religiosa».

El número anual de emigrantes de México a los Estados Unidos pasó de 370 mil en 1995 a unos 500.000 previstos para este año.

Hay 23 millones de mexicanos en Estados Unidos, de los cuales ocho y medio millones son nacidos en México y de ellos, cuatro millones son indocumentados.

Dos terceras partes de los mexicanos que viven como indocumentados en Estados Unidos tienen entre 14 y 22 años.

Este año se calcula que los mexicanos en Estados Unidos trasferirán a México cerca de 18 mil millones de dólares a sus familias, convirtiéndose para muchas de ellas en su principal fuente de sustento.

«Donde los emigrantes encuentran buena acogida en una comunidad eclesial, que los acompaña en su inserción en la nueva realidad, este fenómeno es en cierto modo positivo e incluso favorece la evangelización de otras culturas», afirmó.

En estos momentos los católicos mexicanos constituyen la primera causa del crecimiento numérico de la Iglesia católica en los Estados Unidos.

El Papa consideró que el primer Sínodo de obispos de América, que se celebró en Roma del 16 de noviembre al 12 de diciembre de 1997 sirvió para dar origen a una inédita comunión entre la Iglesia del sur del continente y la del norte.

Aquella asamblea, recordó, profundizó en «el tema de la migración» ayudando a descubrir que, «por encima de los factores económicos y sociales, existe una apreciable unidad que viene de una fe común, que favorece la comunión fraterna y solidaria».

«Esto es fruto de las diversas formas de presencia y de encuentro con Jesucristo vivo, que se han dado y se dan en la historia de América», afirmó, mencionando el tema central de aquel Sínodo.

«La movilidad humana, pues, es una prioridad pastoral en las relaciones de cooperación con las Iglesias de Norteamérica», concluyó.