La intolerancia obstruye la paz

Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas

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SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS, martes, 28 agosto 2007 (ZENIT.org-El Observador).- Publicamos, a continuación, la reflexión sobre la intolerancia que dio a conocer esta semana el obispo de San Cristobal de las Casas, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel.



En ella, el prelado recalca que la Iglesia católica no promueve ni auspicia los actos de intolerancia hacia otras confesiones; al contrario, busca a toda costa la unidad, en un clima de respeto a la dignidad de todas las personas, independientemente del credo que profesen.


LA INTOLERANCIA OBSTRUYE LA PAZ

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En dos o tres municipios de Chiapas, aún suceden casos de intolerancia religiosa. Las notas de prensa afirman que “católicos” tradicionalistas, los que no siguen en todo los caminos de nuestra diócesis, amenazan, perjudican y expulsan a quienes practican una religión diferente. Les imponen cuotas para fiestas religiosas católicas; les impiden practicar su culto y que los visiten sus pastores.
Por otro lado, a nosotros nos insultan como idólatras, no cristianos ni evangélicos, borrachos e ignorantes de la Biblia. Las familias católicas se quejan del acoso en sus domicilios para que cambien de religión. En emisiones de radios piratas de hermanos protestantes, se escuchan persistentes insultos a nuestra Iglesia. Nos atribuyen calificativos del Apocalipsis que fueron escritos para otros destinatarios.

Sucede lo mismo entre partidos y organizaciones. Basta analizar las luchas para que los diputados federales se pongan de acuerdo en torno al próximo informe del Presidente de la República. A pesar de que, según nuestras leyes, constitucionalmente gobierna en forma legítima, quienes le niegan ese derecho lo desconocen y hasta lo insultan con palabras intolerantes. Con estas actitudes, se perturba la paz social que el país requiere.
JUZGAR
Hay dos pasajes bíblicos muy ilustrativos. En una ocasión, Jesús iba a Jerusalén y “había mandado mensajeros delante de él, los cuales, caminando, entraron en un pueblo samaritano para prepararle alojamiento. Pero los samaritanos no lo quisieron recibir, porque iba a Jerusalén. Al ver esto, los discípulos Santiago y Juan le dijeron; ‘Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que los consuma?’ Pero Jesús, dándose vuelta, los reprendió, y pasaron a otra aldea” (Lc 9,52-55).
Los samaritanos rechazan a Jesús. El reprende a sus discípulos los deseos de venganza. La violencia nada resuelve. Las ofensas, agresiones y descalificaciones dañan más a sus autores. La intransigencia perjudica a todos. Lo ideal es el respeto entre unos y otros, sean de cualquier religión, partido, organización o grupo.

Nuestra Iglesia Católica no promueve la intolerancia hacia otras religiones. Reconocemos que hubo tiempos en que, por circunstancias ya superadas, se veía la disensión religiosa como un peligro para la unidad de las naciones. Hoy no pretendemos imponer a todos nuestra religión. Reprobamos tanto la intolerancia de “católicos tradicionalistas” hacia los protestantes, como el agresivo proselitismo de algunos de ellos contra nosotros. Lamentamos que esas mismas intransigencias prevalezcan en quienes rechazan a la autoridad legítimamente constituida.

En otra ocasión, el apóstol Juan dijo a Jesús: “Maestro, vimos a uno que hacía uso de tu Nombre para expulsar a los espíritus malos, pero se lo prohibimos porque no es de nuestro grupo. Jesús le contestó: No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí” (Mc 9,38-39). Es decir, no debemos llenarnos de envidia, cuando otros hacen el bien, aunque sean de otra religión, de otro partido u organización. Lo importante es servir a los pobres, como dice Jesús: “Cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo y llevan su Nombre, les aseguro que no quedará sin recompensa” (Mc 9,41).

ACTUAR
Desechemos la intolerancia, religiosa y política, y aprendamos a respetarnos, para que haya paz en los pueblos y en el país. Desconfiemos de quien insulta y agrede, de quien arremete contra todos. Sepamos escucharnos y no neguemos sistemáticamente a otros el derecho a decir su palabra. Valoremos lo positivo de los demás, aunque no militen en nuestras filas.
Los católicos debemos respetar el derecho que tienen otras religiones a practicar su fe, a construir templos, a predicar su modo de entender la Sagrada Escritura. Esperamos el mismo respeto y que no nos ofendan llamándonos “idólatras”, porque no lo somos. Y que prevalezcan la cordura y la democracia en la Cámara de Diputados. ¿Sería mucho pedirles que se amen como hermanos, pues la mayoría son creyentes en el mismo Cristo?

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas