La lección de los nuevos santos: contemplación y acción

El Papa presenta el modelo de santa Rafqa a quien sufre en Oriente Medio

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CIUDAD DEL VATICANO, 11 junio 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II considera que los cinco santos que canonizó el domingo tienen un mensaje para el mundo de hoy: sus vidas son un llamamiento a ser «contemplativos en la acción».



«El compromiso concreto del creyente --aclaró el pontífice-- se inspira y se hace eficaz por la contemplación del rostro de Cristo», consigna que él mismo lanzó para inicios del tercer milenio al concluir el Jubileo del año 2000.

Tras «la fiesta de la santidad», como había definido el domingo estas últimas canonizaciones, el mismo obispo de Roma se reunió en la mañana del lunes con unos 12 mil peregrinos que permanecían en la Ciudad Eterna, 24 horas después de haber participado en la ceremonia.

Los nuevos santos son Rébecca Pierrette Ar-Rayès (1832-1914), primera santa del Líbano; Luigi Scrosoppi (1804-1884), sacerdote del Oratorio de San San Felipe Neri y fundador de la Congregación de las Hermanas de la Providencia de San Gaetano da Thiene; Agostino Roscelli (1818-1902), fundador de la Congregación de las Hermanas de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María; Bernardo da Corleone (1605-1667) quien pasó de ser un temido delincuente de Sicilia a un santo fraile capuchino; y Teresa Eustochio Verzeri (1801-1852), fundadora italiana del Instituto de las Hijas del Sagrado Corazón de Jesús.

El grupo más numeroso y festivo en la sala de audiencias generales del Vaticano era el de los católicos libaneses, quienes llegaron acompañados por el cardenal Nasrallah Pierre Sfeir, patriarca de Antioquía de los Maronitas, así como por autoridades civiles y políticas del país de los cedros.

Juan Pablo II se detuvo a analizar el modelo que presenta hoy sor Rafqa (como se conoce en el Líbano a la nueva santa) a los cristianos de su país y a la atormentada región en que viven.

«En Oriente Medio, azotado por tantos conflictos mortales y por tantos sufrimientos injustos --explicó el Papa--, el testimonio de esta religiosa libanesa constituye un motivo de confianza para aquellos que se encuentran en la prueba».

«Al acoger el sufrimiento como un medio para amar más a Cristo y a los hermanos, ella vivió de manera eminente la dimensión eminente de su vida consagrada, sacando de la Trinidad la fuerza para ofrecer su vida por el mundo y completar en su propia carne lo que "falta a los sufrimeintos de Cristo"», continuó diciendo el pontífice.

«¡Que los enfermos, los afligidos, los refugiados de guerra y todas las víctimas del odio de hoy y de ayer puedan encontrar en santa Rafqa una compañera de camino para que por su intercesión continúen buscando en la noche razones para seguir esperando y construir la paz!», concluyó Juan Pablo II.