La ley natural, brújula para la globalización, propone el gobernador del Banco Central Italiano

Antonio Fazio interviene en un encuentro de superiores salesianos

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ROMA, domingo, 5 diciembre 2004 (ZENIT.org).- La ley natural, que Juan Pablo II ha presentado al mundo en sus 26 años de pontificado, es la brújula necesaria para el actual proceso de globalización que avanza sin orientación, considera el gobernador del Banco Central de Italia.



Antonio Fazio hizo esta propuesta en la conferencia «La globalización y Europa» que dictó el 3 de diciembre en el Encuentro de los Inspectores Salesianos de Europa que se está celebrando durante estos días en el «Salesianum» de Roma.

Según la máxima autoridad del sistema monetario y financiero italiano, la globalización ha superado un régimen económico trasnacional, produciendo la difusión del bienestar, del contacto entre culturas y del progreso económico.

Ahora bien, constató, «todavía no ha creado una orientación ni una cultura capaz de afrontar y engendrar relaciones más altas, civiles, políticas, y sociales entre los distintos continentes y naciones», algo a lo que pueden orientar, según Fazio, la religión y en particular la Iglesia católica.

«La globalización tiene que ser controlada para evitar que se acentúen las diferencias entre pueblos y áreas geográficas», propuso el gobernador, según informa la Agencia Internacional Salesiana de Información (ANS).

Al analizar el desarrollo de la economía mundial, Fazio reconoció el riesgo progresivo de deslizamiento hacia una «sociedad de sólo mercado». «El "hiperliberalismo" es una respuesta equivocada a los errores y a las degeneraciones del colectivismo económico», subrayó.

En este contexto, subrayó, es de extrema importancia la adopción de un código ético universal para los estados y los ciudadanos, lo que ha encontrado en Juan Pablo II a uno de los principales promotores.

«El derecho natural correctamente entendido --dijo Fazio-- puede proporcionar savia a las orientaciones positivas».

Es necesario, propuso, promover políticas que garanticen la participación democrática y respeten los principios del derecho natural que miran al respecto del hombre.

Para eliminar las tensiones surgidas con el nuevo proceso de globalización es necesario defender y garantizar «los intereses primarios de toda la humanidad: los recursos naturales, el clima, el orden público internacional», así como derrotar «el escándalo intolerable» de la diferencia entre el norte y al sur del mundo.

«Un crecimiento sostenido, conducido por los países industrializados, es el presupuesto para reforzar a los países más débiles».

Fazio indicó como fundamental el apoyo de los esfuerzos en favor de los países en vías de desarrollo, «haciendo más eficaces y homogéneas las ayudas al desarrollo».

Además indicó la necesidad de incrementar la escolarización y mejorar las condiciones sanitarias en los países pobres.

Sobre todo, explicó, «el concepto de persona debe estar siempre en el centro de un ordenamiento apoyado por el derecho natural. Es necesario evitar que se confundan los medios con los fines. La economía está al servicio del hombre».